Dentro del reducido grupo de artistas vascos que se han dado a conocer en el siglo XX indiscutiblemente consta Agustín Ibarrola (Bilbao, 1930-Usansolo, Vizcaya, 2023). No solo fue pintor, sino también escultor y grabador, dentro de la tradición académica en la cual fue formado. Aportó técnicas de vanguardia, propuestas land art y siempre un arte de compromiso político en el marco de la España fascista. De muy joven se inició en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao. En 1948 por el interés de su obra recibe una beca del Ayuntamiento de Bilbao y de la Diputación de Vizcaya para continuar su formación en Madrid. Con veinte años es invitado a participar en los trabajos de la basílica de Arantzazu (Guipúzcoa). Esta iglesia, muy innovadora, marcará un hito en su vida porque podrá trabajar con Jorge Oteiza, Eduardo Chillida o Lucio Muñoz. El gran avance del arte vasco.

Su trabajo desde este momento comporta una actitud de experimentación permanente en los elementos figurativos y constructivos, pero, sobre todo, en la base ideológica de su obra.

En 1956 se traslada a París donde contacta con los nuevos movimientos de vanguardia y será miembro del Equipo 57 del cual formará parte hasta 1962, cuando al volver a España Ibarrola es detenido por ser miembro del Partido Comunista.

En el trabajo de Ibarrola se entrecruzan los aspectos de constatación social explícita con las técnicas de abstracción formal. Justo es decir que realiza una fusión del constructivismo en el fondo y en la forma. Gran parte de sus grabados, aparte de tener una iconografía muy euskaldún, sirvieron para apoyar a los trabajadores en huelga y estudiantes detenidos. Este compromiso político lo llevó a prisión en diferentes ocasiones durante la dictadura, condenado a nueve años de en el penal de Burgos. En 1963 la asociación Appeal for Amnesty organiza exposiciones en Londres, París, Bélgica, Alemania e Italia con las obras que Ibarrola había pintado clandestinamente en la prisión para denunciar su situación. En 1965 recupera la libertad y funda con otros creadores vascos el movimiento de la Escuela Vasca articulada en cuatro grupos: Gaur en Guipúzcoa, Emen en Vizcaya, Orain en Álava y Danok en Navarra. Dos años después es nuevamente detenido y permanece en prisión hasta 1969.

Su obra gráfica está profundamente influenciada por la grandilocuencia de los muralistas mexicanos y emplea sus procedimientos narrativos. Tiene ambición monumental, pero él humorísticamente la denomina «mi muralismo de bolsillo». El grabado, especialmente con base de madera, es más fácil de hacer con recursos limitados, pero proporciona imágenes contundentes que lo vinculan a una larga tradición dentro del contexto de arte político. Elementos recurrentes en su obra son las siluetas de fábricas, de trabajadores, herramientas, puertos, represión, caseríos; todos estos grabados los ha agrupado con el título «Paisajes de Euskadi». Una obra que tiene cimientos teóricos, formales y vitales.

Su obra gráfica está profundamente influenciada por la grandilocuencia de los muralistas mexicanos y emplea sus procedimientos narrativos.

A partir de los años 70 quiso participar en la vida artística normal y fue invitado a los memorables «Encuentros de Arte de Pamplona» (1972). Poco a poco, su reconocimiento se va extendiendo y, paradójicamente, en 1976 es invitado a la Bienal de Venecia. También recibirá la Medalla de Oro al mérito en las Bellas artes con todos los integrantes del Equipo 57.

 

Arista insobornable

Finalmente, se retiró a su caserío, a ejecutar obras pictóricas y escultóricas de gran formato. Las más conocidas son las intervenciones en plena natura (Land Art). Son famosos sus Bosques, decoraciones pictóricas realizadas en árboles. Buen ejemplo es el Bosque de Osma próximo a Gernika. En esta línea realizó en Salamanca el Bosque Encantado, en un bosque de árboles secos y muertos pintó todo aquel paisaje, con sus alumnos de la Facultad de Bellas artes de Salamanca, empleando signos, símbolos y trazos multicolores. Sufrió muchos atentados, pero él y sus alumnos tenazmente lo rehicieron otra vez.

Su única presencia en Barcelona fue una exposición de grabados en la Galería As, en 1963, que fue clausurada por la policía nacional.

Tiene esculturas esparcidas por toda España siempre jugando con la naturaleza o utillajes de la industria.

Por su posicionamiento de artista contrario a la violencia de ETA vivió el resto de su vida con escolta.

Agustín Ibarrola no solo fue un creador original, innovador e imprescindible en la segunda mitad del siglo XX, sino sobre todo un ejemplo memorable de convicción, coherencia e irreductibilidad. Un artista a quien nadie pudo sobornar.

Su única presencia en Barcelona fue una exposición de grabados a la Galería As, en 1963, que fue clausurada por la policía nacional.