A primera hora de la mañana Aitana Bonmatí me mira desde una lona publicitaria gigante situada en un chaflán del Eixample de Barcelona. Todo el mundo la reconoce. Pensarlo me hace sonreír, hace 5 años esto era inimaginable. Desde que debutó con el primer equipo del Barça Femenino ha recibido numerosos premios individuales y colectivos, pero, a pesar de tener una trayectoria deportiva llena de éxitos, Aitana todavía puede celebrar los goles con la misma ilusión que cuando lo hacía en el patio de la escuela, cantar enloquecida l’Empordà de Sopa de Cabra abrazada a Laia Codina festejando la Champions de Gotemburgo o pedir un mundo más igualitario y justo hablando en catalán, castellano e inglés al recoger su primera Pelota de Oro. Desde una sencillez genuina, se nos muestra como una persona arraigada en la tierra y que no olvida de dónde viene.

Aitana Bonmatí i Conca nació hace 26 años en Sant Pere de Ribes. Dicen de ella que tiene carácter, que es autoexigente, perseverante, generosa y mentalmente fuerte. Su nombre por sí solo ya es una revolución y es en sus orígenes donde encontraremos las claves de su personalidad, bonhomía, compromiso y resiliencia.

Sus padres, Rosa y Vicent, son humanistas, de izquierdas, maestros de secundaria de Lengua y Literatura catalana que siempre han mostrado mucho interés por la sociología y la historia social y política desde una perspectiva marxista y de justicia social. El respeto, el esfuerzo, la inclusión, la dignidad, la valentía y la igualdad son valores que han transmitido a su hija, incluso antes de nacer. Con el apoyo de Ca la Dona, un espacio de acción feminista, y de Imma Mayol, parlamentaria en aquel momento, impulsaron la reforma legislativa que permitiría, a partir del año 2000, inscribir a un bebé con el apellido materno en primer lugar. Ante la incertidumbre de que la propuesta prosperara y movidos por un fuerte convencimiento por la igualdad, inscribieron a la niña con los apellidos de la madre, Aitana Bonmatí Guidonet, renunciando el padre, durante un año y medio, a su paternidad y a los permisos que conllevaba.

Aitana tenía 8 años cuando el fútbol se convirtió en el hilo conductor de su vida. No levantaba un palmo del suelo y ya no se perdía ningún partido del Barça plantada en primera fila ante la televisión del GER, un centro cultural de Ribes, rodeada de adultos enternecidos por su joven y apasionada compañera culé. La familia estaba muy vinculada a la vida cultural y social del pueblo, iba al centro recreativo, recibía formación musical y había practicado varios deportes hasta que, finalmente, quedó fascinada por el fútbol. Todos estos aprendizajes le han servido, dice, para ser como es ahora.

Era tanta su pasión practicando el deporte de sus ídolos Xavi e Iniesta que no se apocaba ante nadie, tampoco en el patio de la escuela.

La etapa formativa de fútbol base transcurrió por las calles de Ribes, las pistas adyacentes a su campo de fútbol municipal, que ahora lleva su nombre, el C.D. Ribes, el C.E. Cubelles, el Barça y en el patio de la escuela El Pi. Se podía pasar horas jugando a fútbol y, siendo una niña más bien tímida, la pelota la empoderaba. Le daba igual que algunos niños sintieran rabia porque una niña jugara mejor o que algunos padres desde la grada renegaran viéndolo… Pese a que ahora ya se ha convertido en anécdota, también la trataron de marimacho, pero era tanta su pasión practicando el deporte de sus ídolos Xavi e Iniesta que no se apocaba ante nadie, tampoco en el patio de la escuela. Finalmente, se impuso la evidencia de su talento, elevado por haber jugado en equipos mixtos hasta los 13 años, hecho que la convirtió en una jugadora más ágil, intensa y fuerte dentro del campo. El Barça acabó llamando a su puerta.

 

Pioneras 

Al inicio del siglo XXI no se hablaba de mujeres futbolistas, pero ya las hubo durante el siglo XX. España, a principios del siglo pasado, era un espacio hostil para el deporte femenino, no solo se consideraba que la mujer era inferior física e intelectualmente, sino que quedaba muy lejana la igualdad de género. El fútbol era territorio exclusivo de los hombres. En 1914, Paco Bru, árbitro, entrenador de fútbol y exjugador del Barça, del Español y de la selección española, aceptó el reto de dar forma en cuarenta y cinco días al primer equipo femenino de fútbol con sede en Barcelona, el Spanish Girl’s Club, para disputar un partido benéfico para la lucha contra la tuberculosis.

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El match enfrentó a dos equipos formados por jugadoras del mismo club y se disputó en el campo del Español. El Giralda, que lucía camiseta roja se impuso 2-1 al Montserrat, con camiseta blanca. La iniciativa, no obstante, encontró resistencias entre los padres, hermanos y maridos, contrariados porque el entrenador exigía que se jugara con pantalón corto. La prensa de la época también se hizo eco del acontecimiento. El partido no estuvo exento de polémica. El Mundo Deportivo hablaba del sexo débil diciendo: «Esta primera actuación de la mujer en el viril fútbol, no nos satisfizo, no sólo por su poco aspecto deportivo, sino que también porque a las descendientes de la madre Eva, las obliga a adoptar tan poco adecuadas como inestéticas posiciones, que eliminan la gracia femenil», o el diario El Diluvio, que ponía el foco en la indumentaria y los peinados de las jugadoras. Por desgracia, esto, no ha cambiado mucho.

No solo Aitana es licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, hay bastantes universitarias.

El estallido de la I Guerra Mundial interrumpió ese sueño. Años más tarde, despuntó la deportista y activista feminista Anna Maria Martínez Sagi como miembro de la junta directiva del Barça en 1934, pero otra vez un conflicto bélico, la Guerra Civil y la dictadura franquista acabaron lapidando las aspiraciones de las mujeres del momento. No fue hasta los años 70 que algunos nombres de mujer empezaron a resonar en el césped, como el de Inmaculada Cabecerán, fundadora del Barça femenino; la portera Núria Llansà, que jugaba con el pseudónimo Llera, por si la empresa donde trabajaba no acababa de entenderlo; la indomable capitana Lolita Ortiz; Vicenta Pubill o Carme Nieto. Ellas abrieron el camino a Alèxia, Jenni, Salma y a otras jugadoras como Aitana, que se ha convertido en la pieza clave de una transformación.

 

Todas unidas

Hay un aspecto que llama la atención entre las jugadoras de fútbol femenino: no solo Aitana es licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, hay bastantes universitarias. Debe de ser porque hasta hace muy poco no se podían ganar la vida con el deporte. Hay que recordar que no fue hasta 2020 que la Federación Española profesionalizó el fútbol femenino, o que el último convenio colectivo ha marcado en 21.000 euros el salario bruto anual… haciendo aún más evidente y aceptado el trato diferencial, rozando la obscenidad, que reciben los jugadores profesionales masculinos.

Aitana Bonmatí muestra agradecimiento por haber crecido en un entorno reivindicativo y de lucha por la inclusión porque la ha dotado de capacidad para poner límites. Ahora que los micrófonos y los objetivos la enfocan ha entendido que no puede perder la oportunidad de denunciar los agravios que sufre su colectivo, como el mal estado en que se encuentran algunos campos donde juegan, que pone en riesgo su salud, o el trato desfavorable que la Federación da al fútbol femenino. También ha reivindicado mejoras salariales y laborales, sin olvidar que se necesita un cambio estructural más profundo en el deporte femenino, y en la vida en general.

Las campeonas del mundo de bádminton y natación sincronizada, Carolina Marín y Ona Carbonell, respectivamente, explican que han tenido que retrasar la maternidad para no ver perjudicada su trayectoria profesional, o que se tiene que dejar de amamantar a un hijo para marchar a una competición oficial. Son muchas las discriminaciones coincidentes en el mundo de la mujer, independientemente del oficio que se ejerza.

Después de todo esto, y por si no había suficiente, en 2023 llega la victoria del primer Mundial de la Selección española femenina y estalla la polémica del lamentable caso Rubiales, incluido el silencio de muchos compañeros de profesión. Su victoria en el Mundial fue un gran hito que quedó enturbiado por una evidencia: las jugadoras de fútbol no estaban seguras en su puesto de trabajo, millones de espectadores fuimos testigos de ello. El apoyo a la jugadora no se hizo esperar y, sumándose al #MeToo, llegó la revolución del #SeAcabó. Aitana apoyó a Jenni Hermoso, que no solo sufrió el hecho sino también presiones posteriores. El fútbol femenino y la sociedad dijeron basta.

 

Futuro y legado

Aitana Bonmatí siente que ya es un referente, que tiene una responsabilidad porque su imagen ha calado en las nuevas generaciones que siguen su buen hacer dentro y fuera del campo. Sigue una alimentación saludable y responsable, disfruta de lo intangible, como conseguir encajar la pieza de un puzle junto a su madre o el placer de un buen libro, tiene curiosidad por la historia y otras culturas y, además, se ha comprometido con varias causas solidarias, haciendo también de embajadora de la Fundación del Barça o Johann Cruyff. Es esperanzador, en este tiempo complejo donde las pantallas lo ocupan todo con su inmediatez.

Por otro lado, entre las líneas del libro Aitana Bonmatí: totes unides fem força la centrocampista explica una trayectoria de éxitos y aprendizajes, pero también de frustraciones que la han debilitado y, a la vez, la han hecho más fuerte. Se percibe que ha hecho un trabajo introspectivo a través de la escritura, hablando de emociones y de pedir ayuda, si hace falta, a psicólogos o especialistas de la salud para superar bloqueos emocionales o aprender a poner límites, reivindicando, siempre, la ley del máximo esfuerzo y el trabajo en equipo. Todo esto va regado de una emotiva declaración de amor y de admiración hacia aquellos a los que aprecia, especialmente a sus padres, agradeciéndoles los valores que le han transmitido y los sacrificios hechos.

Su perseverancia y personalidad hacen intuir un futuro lleno de éxitos y retos, dentro y fuera del campo, como uno de los más recientes: levantar la copa Women’s Nations League asegurándose la clasificación para los Juegos Olímpicos. Pero estos éxitos van más allá.

 

Maestría eterna 

Quien me ha prestado el libro de Aitana Bonmatí es una futbolista de 11 años, y aprovecho para preguntar al grupo de amigos que la acompañan qué opinan de la jugadora. No se lo piensan mucho y dicen que es la mejor con diferencia, más que Pedri o Gavi, y uno de ellos me dice, con una sonrisa de satisfacción, que él la ha visto jugar en persona. Lo que ha conseguido esta centrocampista de Sant Pere de Ribes es auténtico, transformador, su maestría será eterna. Espero que sea muy consciente, Aitana, de la magnitud de esta revolución, estoy convencida que acabará siendo el mayor de sus éxitos.