En un encuentro con la escritora Carme Riera, ella me preguntó si preferiría tener alas o brazos. Es la cuestión que se formula también en su última obra, una deliciosa fábula que lleva por título La pau dels somnis feliços, en el que una sirena alada, al entrar en contacto con los humanos, advierte la importancia de tener brazos para sentir y vivir plenamente. Este descubrimiento la lleva a desear tener brazos y poder caminar así al lado de los hombres.

Podemos leer: «Fue entonces, mientras espiaba aquella escena de amor, cuando la sirena empezó a pensar que tener brazos era mucho mejor que tener alas, porque con las alas no podías frotar dos piedras para producir una chispa y hacer fuego, ni mecer a las criaturas, ni jugar a atrapar. Pero todavía más que todo eso, que siendo tan importante no lo era tanto si lo comparaba con la principal de sus funciones: permitir que dos seres se abrazasen hasta confundirse y fusionarse» […] «Con el descubrimiento de la sensualidad nació en la sirena el deseo obsesivo de tener brazos. Brazos en lugar de alas, se decía. Brazos que cambiaría gustosa por sus alas, sin importarle no poder volar ni seguir viendo mundo. Sin importarle perder la posibilidad de volver a casa, incumpliendo la promesa que se había hecho a sí misma al hacérsela a su hermana: volver a la isla con los pájaros para explicar todo lo que había visto». El deseo de la sirena de cambiar sus alas por brazos se cumplirá, haciendo posible un cambio de vida radical que la convertirá en humana.

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