José Ortega y Gasset es un faro (Faro se denominó la publicación de su primera empresa política) indiscutible de la cultura española contemporánea. Sus luces iluminan muchos aspectos del pensamiento y de la literatura, pero en el dominio de la novela, de su pasado decimonónico y de su porvenir, sus dictámenes fueron en ocasiones tan brillantes como arbitrarios. Arbitrario es el capitulillo final de un libro excepcional, Meditaciones del Quijote (1914), donde afirma que «puede augurarse que la novela del siglo XIX será ilegible muy pronto; contiene la menor cantidad posible de dinamismo poético», para cerrar con una sentencia que tuvo largo y erróneo impacto: «Una noche en el Père Lachaise, Bouvard y Pécuchet entierran la poesía en honor a la verosimilitud y al determinismo». Ortega estaba condenando, en el territorio de las letras españolas, el riquísimo mundo novelesco de Galdós, estaba levantando una dura e injusta requisitoria frente al gran realismo del siglo XIX.

Aun a pesar de su enorme influencia, Ortega no consiguió alejar el realismo de la narrativa española contemporánea, posiblemente y malgré lui estimuló las metamorfosis del realismo, a tenor de las creaciones que van desde las novelas de Ramón J. Sender o Max Aub, pasando por la impar obra de Juan Marsé, hasta el más reciente compromiso realista de Antonio Muñoz Molina, Ignacio Martínez de Pisón o Fernando Aramburu, y sobre todo, de Rafael Chirbes y Almudena Grandes, cuya vinculación con el realismo es radicalmente galdosiana.

 

La ilusión realista

Bajo la rúbrica «Mercado de Barceló», Almudena Grandes publicó en El País Semanal, entre el 1 de octubre de 1999 y el 23 de febrero de 2003, un amplio haz de artículos, del que seleccionó, con amplitud, los que se agavillan en el volumen del mismo título de 2003. Al cerrar la serie la novelista afirmaba: «No me voy, solo me mudo. Y tampoco voy a cambiar mucho, ya me conocen. Otra voz, otros personajes, otros escenarios. Y la vida. Eso espero». En efecto, la representación literaria de la vida con lupa y con escalpelo, la forja de la ilusión realista es la invariante ética y estética de la obra de Almudena Grandes, especialmente a partir de El corazón helado (2007), donde advertía a los lectores que siendo una obra de ficción, «los episodios más novelescos, más dramáticos e inverosímiles de cuantos he narrado aquí, están inspirados en hechos reales». Almudena Grandes era sabedora de que la imagen de la vida se alimenta de la memoria, la personal y la colectiva.

«Franco y el franquismo han desvirtuado, tal vez para siempre, el adjetivo ‘nacional’, que Galdós supo dignificar como nadie».

La novelista madrileña ha contado su encuentro con Galdós en dos textos paralelos, que se complementan en su interés. El primero es la «Nota de la autora» al primer tomo, Inés y la alegría (2010) de los Episodios de una Guerra Interminable; y el segundo es una entrevista que en junio de 2011 le hicieron los profesores Mar Campos (Universidad de Almería) y Juan Carlos Rodríguez (Universidad de Granada), en la que comenta el primer texto: «Yo tuve la suerte de encontrarme con Galdós precisamente en Tormento, una novela explosiva para una niña nacida en 1960 y educada en un típico colegio de monjas del tardofranquismo».

 

Pasión galdosiana

En la «Nota» de Inés y la alegría explica el fuerte impacto que causó en ella la novela de 1884, que había merecido, al ver la luz, uno de los más sagaces análisis de Leopoldo Alas: «aquel libro me cambió la vida porque, entre otras cosas pulverizó la imagen de España que había tenido hasta entonces. Al leer la implacable crónica del morboso y despiadado amor carnal de un sacerdote por una huérfana desamparada, pura ciencia ficción para una niña del tardofranquismo, empecé a sospechar que me había tocado nacer, vivir en un país anormal, una circunstancia que el paso del tiempo convertiría en una de las claves de mi vida y de mi literatura».

Su pasión galdosiana es inicial pasión de lectora infatigable, que al iniciar su camino de escritora gravita de modo latente sobre su escritura, y que se hará muy explícita —desde la ética estética— en la serie de Episodios de una Guerra Interminable, las cinco novelas que de modo impecable Tusquets editores ha publicado entre 2010 y 2020. Estos trabajos narrativos se abren siempre por un fragmento de «Díptico español», el espléndido poema de Luis Cernuda procedente de un libro impar Desolación de la quimera, que cierra La Realidad y el Deseo (1924-1962).

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La serie de sus episodios podría definirse como novelas de materia intrahistórica edificadas alrededor de hechos reales.

La escritora que en La madre de Frankenstein (2020), último de sus episodios publicados, aprovechaba la «Nota de la autora» que cierra el libro para recordar que «en 1989, el año en que me convertí en escritora, yo era una chica muy pedante que sabía mucho menos de lo que le gustaba aparentar», se propuso en sus episodios «un acto público de amor por Galdós y por la España que Galdós amaba», según confiesa en la «Nota de la autora» de Inés y la alegría, fechada en mayo de 2020, explicando que le hubiese gustado hacer más explícita esta relación «y poder titularlas Nuevos episodios nacionales, pero Franco y el franquismo han desvirtuado, tal vez para siempre, el adjetivo nacional, que Galdós supo dignificar como nadie».

 

Materia intrahistórica

Almudena Grandes, heredera de Galdós y también del Max Aub de El laberinto mágico ha facilitado la definición de sus episodios en varias ocasiones. Así, en la «Nota de la autora» de Inés y la alegría sostiene que «son obras de ficción, cuyos personajes principales, creados por mí, interactúan con figuras reales en verdaderos escenarios históricos, que he reproducido con tanto rigor como he sido capaz»; mientras en la «Nota de la autora» correspondiente a Las tres bodas de Manolita (2014), al definir la naturaleza del tercero de los Episodios de una Guerra Interminable, escribe que esta novela «como las dos novelas precedentes y las tres sucesivas, es una obra de ficción basada en acontecimientos históricos reales».

Al margen de aclarar que el sexto tomo del plan de la obra, Mariano en el Bidasoa, no se ha publicado, creo que a la luz de estas afirmaciones de la escritora madrileña, la serie de sus episodios podría definirse como novelas de materia intrahistórica edificadas alrededor de hechos reales. Adjetivo la materia narrativa como intrahistórica, basándome en cómo Galdós intuyó en 1885 parte de la idea unamuniana de la intrahistoria, formulada en los ensayos de 1895, En torno al casticismo. Decía Galdós en el prólogo a la edición ilustrada de las dos primeras series de los Episodios Nacionales:

«Lo que comúnmente se llama Historia, es decir, los abultados libros en que sólo se trata del casamiento de los Reyes y Príncipes, de tratados y alianzas, de las campañas de mar y de tierra, dejando en olvido todo lo demás que constituye la existencia de los pueblos, no bastaba para fundamento de estas relaciones, que o son nada, o son el vivir, el sentir y hasta el respirar de la gente».

Almudena Grandes ha novelado el sacrificado vivir, el doloroso sentir y el costoso respirar de varias gentes de la resistencia en el siniestro contexto histórico del primer franquismo.

Ha conseguido plasmar la verdad humana escondida detrás de relatos históricos que la habían olvidado.

El homenaje a Galdós es también una afirmación en favor del realismo galdosiano, tan injustamente menospreciado en algunos medios literarios. El autor de Tormento publicó en 1870 «Observaciones sobre la novela contemporánea en España», que es el verdadero manifiesto del realismo y, a la vez, de los presupuestos iniciales de su obra (equiparable a la de Balzac o Dickens), sobre la que teorizará admirablemente Leopoldo Alas, añadiendo el sumando del naturalismo a partir de La desheredada. Pues bien, en las «Notas de la autora» de cada uno de los volúmenes tropezamos con observaciones que subrayan la preceptiva galdosiana en el marco general de la comprensión de la novela como una nueva forma de conocimiento.

 

Documentación y observación

Aspectos fundamentales de toda novela realista son, en su génesis y en su escritura, la documentación y la observación (Galdós se explaya sobre estos aspectos en el prólogo de 1885). En todos los Episodios de una Guerra Interminable, Almudena Grandes explica sus labores de documentación para dar crédito a «muchas cosas que ahora parecen mentira, pero fueron verdad en los años cuarenta del siglo XX», según escribe en El lector de Julio Verne (2012). A ella se suma la observación. Quizás sea en La madre de Frankenstein donde la escritora explica con mayor pormenor el espacio de la historia de la novela: el manicomio de Ciempozuelos. Tras visitar minuciosamente todos sus rincones, escribe: «esta novela habría sido distinta y sobre todo peor, si no hubiese tenido la oportunidad de conocerlos».

Tanto desde el punto de vista ético como desde los presupuestos estéticos, la espléndida serie de los Episodios de una Guerra Interminable pertenecen a la dinastía galdosiana, que se presentía en El corazón helado, una novela fundamental en el itinerario creador de Almudena Grandes. A Galdós le ha enriquecido la mirada y la memoria que nace de las referencias paratextuales de la biblioteca íntima de la novelista madrileña. Además de a Luis Cernuda, quien escribía en 1954 que «ningún otro escritor español moderno conoció y comprendió tan bien la realidad física e histórica de su tierra», Almudena Grandes apela en Inés y la alegría a Capital de la gloria, de Rafael Alberti; en El lector de Julio Verne, a Ángel González (Muestra corregida y aumentada de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan); en Las tres bodas de Manolita, a España, aparta de mí ese cáliz de César Vallejo; en Los pacientes del doctor García, a Moralidades de Jaime Gil de Biedma; y en La madre de Frankenstein, de nuevo a Ángel González (Tratado de urbanismo).

 

Los luchadores por la libertad

Con estas señas de identidad la novelista ha conseguido plasmar la verdad humana escondida detrás de relatos históricos que la habían olvidado o que habían prescindido de ella por considerarla aparentemente secundaria. La construcción narrativa de Almudena Grandes ocupa ya un eslabón imprescindible en la memoria de la verdadera España. Y en su lectura se aprende toda la proyección del final del último episodio galdosiano de la quinta serie, Cánovas (1912), recordado por Cernuda y por la propia novelista. Habla la Madre acerca del porvenir de España:

«Siga el lenguaje de los bobos llamando paz a lo que en realidad es consunción y acabamiento… Sed constantes en la protesta, sed viriles, románticos, y mientras no venzáis a la muerte, no os ocupéis de Mariclio».

Por ello, los Episodios de una Guerra Interminable son la novelización de aspectos de las dos primeras décadas del franquismo desde la perspectiva de la resistencia, de los luchadores por la libertad.