La expansión y democratización educativa que han protagonizado Cataluña y España en los últimos 40 años tan solo es comparable a la registrada por Corea y Finlandia. Lo dice la OCDE (2012) al constatar la elevación en lectura y matemáticas de los jóvenes de 16 a 24 años en relación con los adultos de 55 a 65 años en las pruebas PIACC. Somos el segundo país del mundo que ha hecho el mayor salto educativo intergeneracional, pero casi nadie lo celebra porque hemos olvidado de dónde venimos y todo el esfuerzo público, redistributivo y educador que se ha hecho para reducir la injusta desigualdad de oportunidades que heredamos de la dictadura franquista.

 

El gran salto en equidad educativa

La amnesia autoimpuesta nos hace olvidar que en la Cataluña de la Transición, entre los jóvenes que cumplieron 25 años entre 1975 y 1985, los de origen familiar de clase profesional tenían 29 probabilidades más de titularse como licenciados universitarios que los jóvenes con orígenes de clase obrera poco cualificada. En aquellos momentos, el 72% de los hijos de obreros estaba predestinado a un destino social también obrero y tan solo el 28% podía ascender a posiciones de clase media. Es lo que constatamos en nuestra investigación Educación y movilidad social en Cataluña (2012), donde pusimos en evidencia unas brechas de desigualdad educativa y de reproducción clasista muy altas, del todo esperables después de una dictadura franquista tan larga y tan adversa a la equidad, a la justicia social y a la educación pública.

Fue entre 1986 y 1996 cuando la brecha de desigualdad de oportunidades entre los jóvenes de 25 años se redujo de forma radical hasta un diferencial de 3,8 a la hora de titular como universitario entre los dos extremos de clase social. Es un hito histórico en un proceso de modernización muy comprimido en el tiempo, bajo gobiernos socialdemócratas que construyeron el Estado del bienestar de tipo mediterráneo y multiplicaron por cinco el gasto público en educación en todo el Estado. Por lo tanto, fue la generación de los boomers la primera en beneficiarse de una política moderna de igualdad de oportunidades desde los tiempos seminales de la II República.

En la década siguiente, que acaba cuando estalla la gran recesión (2008), la brecha de oportunidades se mantuvo en el 3,5 confirmándose el agotamiento de la intensidad igualadora precedente y el paso a un flujo constante de mantenimiento de la desigualdad que cuesta mucho más revertir y reducir. Es el mismo proceso vivido mucho antes por los países europeos, independientemente de que hubiera más equidad (países escandinavos) o menos equidad en sus sistemas educativos (Gran Bretaña, Francia o Alemania).

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