Lo que pasa en el mundo es cada vez más difícil de entender. Parece que los esquemas de interpretación clásicos ya no sirvan de mucho para desembrollar los nudos existentes. De vez en cuando se rescatan viejas fórmulas que, sin embargo, sirven de poco en estos tiempos que son más bien nuevos y salvajes, parafraseando una conocida canción de Los Ilegales. Así, hablar de una nueva guerra fría entre Estados Unidos y China, que sustituiría a la desaparecida Unión Soviética, es más bien un espejismo en un mundo que ya no es bipolar.

La otra cara de la moneda es utilizar día sí y día también conceptos que son significantes vacíos, como el de populismo, para definir fenómenos que no sabemos cómo etiquetar y categorizar. En buena medida buscamos seguridades para tener la impresión de poder interpretar lo que está pasando cuando, en realidad, nos movemos sin brújula en un océano que creemos conocer, pero que nos resulta desconocido. Además, la pandemia ha añadido, si cabe, más complejidad a la situación. Se ha repetido que el virus, y sus múltiples corolarios, están reescribiendo la geopolítica. Puede ser cierto, pero solo el tiempo lo dirá.

Lo que podemos hacer ahora es buscar nuevas categorías de interpretación, empezando por la observación y el análisis de lo que está pasando en un mundo cada vez más interconectado, desde lo local hasta lo global. Esto es lo que desde hace tres años intentamos hacer, con una mirada crítica y en profundidad, en política&prosa. Por esta razón en este número de la revista hemos decidido dedicar un dossier a América Latina, un subcontinente, histórica y culturalmente vinculado estrechamente a España, que está viviendo una serie de importantes cambios difíciles de descifrar. Nos parece además que, excepto cuando hay un estallido social, un proceso electoral o cuando Bolsonaro hace alguna de sus disparatadas declaraciones, de América Latina se habla menos de lo que sería aconsejable.

A nivel político, efectivamente, el último bienio, marcado por la pandemia, ha sido una especie de montaña rusa. En Bolivia hemos tenido un periodo turbulento con el golpe blanco que ha depuesto a Evo Morales y la siguiente vuelta al gobierno del MAS. En Argentina, el peronismo ha regresado al poder tras el intermezzo del macrismo. En Chile se ha abierto un proceso constituyente democratizador y en Perú, tras el colapso de los partidos tradicionales, un desconocido maestro campesino, Pedro Castillo, se ha convertido en presidente del país. Al mismo tiempo, sin embargo, en Uruguay y Ecuador las derechas han ganado las elecciones, poniendo fin a largos gobiernos de izquierda, mientras que en Colombia las protestas han puesto en un aprieto a Iván Duque.

Y lo que queda del socialismo del siglo XX y XXI, desde Cuba y Nicaragua a Venezuela, parece mostrar su inexorable declive y su faceta más autoritaria. En realidad, esta ola de cambios había empezado ya antes con el proceso de impeachment a Dilma Roussef y la siguiente victoria del ultraderechista Bolsonaro en Brasil y la elección del izquierdista López Obrador a la presidencia de México. Resumiendo, ¿qué está pasando?¿Hacia dónde va América Latina?

Como nos explica Pablo Stefanoni, también en el subcontinente son tiempos ideológicamente inciertos y heterogéneos: hablar, como se solía hacer, de ciclos políticos no tiene mucho sentido. El giro a la derecha empezado hacia 2015 parece haber encontrado más dificultades de las esperadas. Así, la llamada segunda ola izquierdista es distinta a la de los años 2000: se trataría de un cambio de baja intensidad con una nueva izquierda menos autoritaria, más verde y feminista que tiene el reto de saber equilibrar utopía y realismo. Además, debe lidiar con el lastre del bolivarianismo venezolano y de los escombros de las revoluciones del siglo XX, como apunta Salvador Martí.

De fondo, además, queda una doble evidencia. Por un lado, la pandemia ha dejado a vista las debilidades de la región, que son muchas. Por el otro, el proceso de integración regional está en retroceso. Esto se nota incluso en lo que concierne a las inversiones empresariales españolas, como desentraña Carlos Malamud. Si bien América Latina sigue siendo un destino prioritario y sigue ocupando un lugar privilegiado para España, a diferencia de los años 90 ahora muy pocos piensan en el conjunto de la región y prefieren hacer lecturas nacionales.

Por último, América Latina se encuentra en un verdadero dilema geopolítico, como aclara Jordi Bacaria. El dilema es simple y endiablado al mismo tiempo: ¿con Washington o con Pekín? En la última década, China, necesitada de materias primas, se ha convertido en el principal socio comercial de los países de la región con una ofensiva centrada en el comercio, las inversiones –sobre todo para reducir el déficit en infraestructuras– y la diplomacia, inclusive la de las vacunas. Estados Unidos intenta recuperar el terreno, pero paga un retraso que no se debe solo al mandato de Trump.

En síntesis, América Latina es y seguirá siendo uno de los tableros clave para entender a dónde va el mundo y quién manda aquí. También por esto, quizás, es importante y descorazonador subrayar que, en la región, la UE brilla por su ausencia.