Aniol Rafel (Barcelona, 1977), máster en edición en la UAB, conoció profesionalmente todos los niveles del mundo editorial antes de fundar, en 2012, Edicions del Periscopi. Diez años después, el icónico diseño de Tono Cristòfol —texto en la cubierta, ilustración extendida en las guardas y nombre del traductor destacado— identifica un sello que acumula seis premios Llibreter y una presencia habitual en las listas de más vendidos.

 

De Aniol Rafel a Periscopi

Cuando empiezo tengo la sensación de que está a punto de abrirse un camino para editoriales que apuesten por una literatura en catalán que no acababa de encontrar su lugar. Yo quería formar parte de aquel momento y aquel movimiento. Había una serie de nombres obvios para explicar Periscopi: David Foster Wallace, Gonçalo Tavares, Wajdi Mouawad o David Vann. Con los años, algunas de estas líneas se han ido consolidando. Pero al mismo tiempo, la editorial ha ido encontrando otros lectores más inesperados. Eso nos ha permitido abrir otras puertas inicialmente imprevistas.

Diez años después, la editorial es muy diferente. Si vas desde los inicios hasta ahora, el salto puede parecer muy grande. Si vas paso a paso, entonces el camino toma sentido, y lo hemos hecho muy conscientemente. También ahora somos muchos más. El catálogo ya no responde a una decisión personal, sino coral. Sin querer sonar tópico, nosotros intentamos publicar libros para acompañar al lector, incluso una vez acabada la lectura. Aunque con ingredientes distintos, hay una continuidad entre los títulos iniciales y otros más recientes, como El llibre blau de Nebo de Manon Steffan Ros. Todos estos libros transforman la realidad que te rodea, el modo en que analizas y ves lo que hay alrededor. Además, lo hacen escribiendo muy bien y haciéndote conectar con sus personajes.

 

Literatura catalana

Fue una de las dos líneas iniciales, con autores como Manel de la Rosa, Maiol de Gràcia o Dolors Millat, hasta el momento presente, con Marta Orriols, Lluís Oliván o Miquel Martín. Más que buscar ciertos perfiles, queríamos construir un catálogo coherente y que, a la vez, se ajustase a nuestras posibilidades. Si vamos a buscar autores prefabricados, nos estaremos limitando a replicar y nos equivocaremos. Si hay que buscar algo, tiene que ser aquello que encaje en tu catálogo. Solo así podemos crear un modelo propio… que quizá entonces alguien querrá replicar.

La progresiva consolidación también ha hecho que ahora haya gente que nos venga a buscar porque les gusta lo que hacemos y cómo lo hacemos, y quieren estar en nuestro catálogo acompañados de ciertos nombres y ciertos títulos. Quizá sería el caso, por ejemplo, de Borja Bargunyà, consciente de la importancia que podría llegar a tener Els angles morts en su carrera y de cómo trabajaríamos el texto desde Periscopi. Después, hay quién se deja aconsejar y quién no. En general, tendemos a ser equilibradamente intervencionistas. Parte de nuestro trabajo es conseguir que el libro sea la mejor versión posible.

Obviamente, se dan todas las casuísticas imaginables. Hay autores que ya no harán su próxima novela con nosotros porque tienen encima de la mesa ofertas económicas muy altas y no podemos competir con ellas. A otros también los han venido a buscar, pero han preferido quedarse con nosotros, porque han considerado que la posible diferencia económica queda compensada de sobras con aquello que les ofrecemos: un acompañamiento editorial que va desde la entrega del manuscrito hasta el momento en que el libro está en manos del lector. Eso incluye cómo trabajamos el texto, cómo arropamos el libro, cómo cuidamos el circuito comercial, cómo le damos apoyo a nivel de difusión, etc.

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Literatura traducida

Cuando estábamos empezando, contábamos con unos recursos limitados para explorar y ver qué se hacía en el mundo… y el mercado anglosajón es tan amplio y lo tenemos tan a mano, que era el más factible. Luego hay golpes de suerte. A Colson Whitehead lo contratamos antes de que gane su primer Pulitzer con El ferrocarril subterrani. Tengo muy presente cómo nos conmovió la lectura del manuscrito y cómo decidimos con Marta Rubirola que lo teníamos que publicar, sí o sí. Después vino Els nois de la Nickel y, pronto, su nuevo libro.

Cuando alguna de estas apuestas funciona, te permite crecer en facturación, en repercusión y, sobre todo, en ambición. Poco a poco, puedes ampliar tu radio y atreverte con otras literaturas. Por ejemplo, conocíamos la existencia de Burhan Sönmez y, como compartía agente con el también turco Hakan Günday de quien habíamos publicado Daha!, valoramos Istanbul, Istanbul, que acababa de aparecer en inglés. Al volver de la feria, decidimos editarlo porque nos impacta su calidad literaria, porque encaja en el catálogo y porque estábamos en un punto en el que podíamos permitirnos hacer este tipo de libros sin poner en riesgo la viabilidad de la editorial. Después resultó que lo vendimos lo suficiente para que los números salieran y repitiéramos con el reciente Laberint. Más tarde, ha sido un autor con una presencia mediática creciente como presidente del PEN Internacional o por su edición en castellano por parte de Minúscula.

 

Correr para traducir

Depende del tipo de libro y de la coordinación con el editor en castellano. De entrada, prefiero dar margen, porque hacer bien las cosas requiere tiempo. Pero en casos como los de Sally Rooney puede ser conveniente coincidir al máximo. Tras el éxito de Gent Normal, sacamos On ets, món bonic a finales de septiembre, casi simultáneamente con la edición original. Aun así, a finales de 2021 vimos que en Cataluña se habían vendido más libros en inglés que en catalán. Y nosotros lo hemos vendido bien. No obstante, para este tipo de libro el lector no tiene espera y, si hace falta, se atreve y lo va a buscar en lengua original.

 

Y llega la no ficción

Que La gran teranyina de Roger Vinton funcionara contribuyó a que nos atreviéramos a abrir esta puerta más periodística con autores como Patrick Radden Keefe de quien en 2023 editaremos el tercer título, después de No diguis res y de L’imperi del dolor. Pueden parecen libros diferentes respecto al planteamiento inicial, pero detrás hay la misma voluntad de seleccionar un tipo de literatura contemporánea con una cierta atemporalidad que va desde textos ligados al presente hasta recuperar clásicos modernos como La campana de vidre de Sylvia Plath.

 

A l’ombra d’Amazon de Alec MacGillis

Los libros de Periscopi se venden a través de una distribuidora que da servicio a librerías. Amazon puede adquirirlos directamente o a través de clientes intermedios; por lo tanto, no tiene sentido vetarlo. Ahora bien, nosotros siempre priorizaremos la librería física y si puede ser de proximidad, todavía mejor. Ellos son los que hacen la tarea principal de prescripción y la hacen con conocimiento de causa. Han leído nuestros libros y les gustan. Amazon cada vez tiene un peso más grande, pero durante la pandemia nos ha salvado el pequeño librero, tanto por lo que se refiere a las novedades como al libro de fondo. Nuestro catálogo es un catálogo vivo y, la mayoría de títulos todavía siguen su camino, constituyendo alrededor de un tercio de nuestra facturación.

 

Buscar libros y encontrar autores

Empieza a pasar que, a la hora de montar el calendario anual, ya tienes una buena parte ocupada por la producción de ‘tus’ autores. Esto es a la vez un problema y una oportunidad que hay que saber gestionar. Hacemos y queremos hacer política de autor; pero tampoco queremos que sea una política ciega. Si un autor hace algo que no nos creemos, lo hablaremos y discutiremos… pero no lo publicaremos simplemente porque aquella firma es de la casa. Hemos dicho que no a autores de la casa. Y sabe muy mal.

 

En los créditos aparece todo el mundo

Mencionar a todas las personas que forman parte del proceso de edición y elaboración del libro es una forma de agradecimiento y de reivindicación pública de un trabajo colectivo. Evidentemente, el autor es el padre de la criatura y así ha de ser. Pero sin el resto de las personas implicadas, el libro no sería como es. Reivindicar cada uno de estos trabajos es también reivindicar el trabajo que nos diferencia. Porque un mismo original publicado en Periscopi o en otro sello, tiene como resultado un libro diferente. Poner esto en valor es bueno para el sector en conjunto y también para las personas concretas implicadas.

Cuesta mucho corregir la precariedad porque estamos tropezando con una resistencia que es el precio del libro. Existe la idea preconcebida, muy arraigada en algunos sectores, de que un libro de más de 20 € es caro. Pero si realmente quisiéramos retribuir a la gente como corresponde, los precios deberían ser mucho más altos. Esta precariedad se ve acentuada porque el mercado catalán es más pequeño. Somos mucho más pequeños de lo que creemos. Cuando nos preguntan si la precarización se combate desde los grandes grupos, la respuesta no es evidente, pese a que la experiencia nos dice más bien lo contrario. Se pueden hacer cosas muy bien hechas siendo pequeño o mediano. Existe la voluntad de pagar un precio tan justo como sea posible, mientras que nuestras posibilidades son limitadas.

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Sello prescriptor

Percibimos que lo somos, porque la gente nos lo dice. Cuando empezamos, aspirábamos a alcanzar esta meta: que el lector busque tus libros y confíe en ellos sin saber nada del autor o del título. En este camino, los libreros han sido para nosotros un elemento clave, influyendo a menudo más allá de sus clientes concretos. Aquí son tan relevantes las nuevas redes sociales como los viejos canales periodísticos —no compro la idea de que la prensa está muerta, todavía influye. También el «de boca en boca» entre lectores tiene un efecto multiplicador: cuando un título penetra en una burbuja, impregna a todos sus miembros y salta a la siguiente, ampliando el círculo.

 

Convivencia con el castellano

Convivimos de un modo razonablemente cordial y con frecuencia en colaboración con los editores en castellano. Acordamos fechas, precio y promoción. Y en algunos casos llegamos a hacernos recomendaciones cruzadas o a comentar posibles ediciones conjuntas futuras.

 

Clubs de lectura

Son un fenómeno extraordinario que socializa un acto que tiende a ser individual: nos lleva de una experiencia íntima a una colectiva. Además, nos abre una puerta para comunicarnos con los lectores de forma más directa y de este modo accedes a lecturas impensadas. Para nosotros es muy importante porque nos facilita información sobre cómo se reciben y leen nuestros libros, sobre lo que hacemos bien y lo que no, y así podemos mejorar.

También nos ayudan las redes, porque nuestros lectores están en ellas; es una forma de comunicarnos con ellos, de hacerles llegar noticias sobre nuestros libros y de compartir cualquier cosa generada desde la editorial. Pero las redes también nos roban lectores y se han convertido en un competidor. Y aquí está el debate sobre en qué posición, como sociedad, situamos el libro y la lectura. Si consiguiéramos —y no tengo ninguna fórmula mágica para hacerlo— poner el libro y el hecho lector en el centro, tendríamos recorrido buena parte de este camino.