El Diario fragmentario, caótico e interesantísimo de Antonio Vilanova (1923-2008), que estoy recomponiendo entre los años 1948 y 1952, se nutre de l’écriture du jour (tomo prestado el marbete del excelente libro de Eric Marty sobre el Journal de André Gide), donde se amalgaman reflexiones autobiográficas con el discurso de lo que acontece a su alrededor, glosando episodios importantes o triviales del mundo cultural barcelonés.

El quinquenio al que me refiero conoce, en su aventura personal, su nombramiento (1948) como profesor encargado de la asignatura «Historia de la literatura española en sus relaciones con la Universal» en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universitat de Barcelona; su designación (1949) como jurado del Premio de poesía Juan Boscán, del Premio de Literatura catalana «La lletra d’or» (1950) y del Premio de novela Ciudad de Barcelona (1950); la defensa de su magistral tesis doctoral Las fuentes y los temas del Polifemo de Góngora (1951), dirigida por Dámaso Alonso; y, sobre todo, el encargo de la sección de crítica literaria del semanario Destino. El encargo se lo hace Ignacio Agustí, director del semanario, la sección se titulará «La letra y el espíritu» (la sombra de Ortega y Gasset es alargada) y su primer texto crítico será «La última utopía de Aldoux Huxley» (4-3-1950) sobre Ape and Essence.

Vilanova comenzaría su larga andadura como jurado del Nadal en 1959, el año en que Ana María Matute lo conquistó con su novela ‘Primera memoria’.

He elegido para celebrar el centenario de mi maestro las páginas del Diario (en construcción) de comienzos de 1950, a punto de fallarse el Premio Nadal 1949, que ganará la novela Las últimas horas de José Suárez Carreño, y al que se presentó Ana María Matute con la novela Las luciérnegas, quien ya había pasado a las votaciones finales del Nadal 1947 con su novela Los Abel, edición en la que triunfó ajustadamente La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes. Conviene recordar también que el jurado de la edición de 1949 estaba formado por Josep Vergés, Joan Teixidor, Néstor Luján, Sebastián Juan Arbó (ganador de la edición anterior) y los críticos literarios Juan Ramón Masoliver y Rafael Vázquez Zamora, quien actuaba como secretario. Vilanova comenzaría su larga andadura como jurado del Nadal en 1959, precisamente el año en que Ana María Matute lo conquistó con su novela Primera memoria.

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