Después de visitar la nueva edición de ARCO en Madrid, uno tiene la impresión de asistir a una disputada competición entre los artistas para atraer la sensibilidad de los ciudadanos, más que la de los compradores, hacia la agenda estética y los contenidos que dominarán el arte contemporáneo. Si hace unos años el arte contemporáneo se mostraba atento al arte indigenista basado en la lucha contra la explotación del territorio, contra la pérdida de la identidad o contra el capitalismo, ahora se empieza a centrar en crear mitologías inexistentes. Se inclina por apropiarse del pasado, el folclore, los mitos, las danzas, los materiales naturales, como por ejemplo la paja o la arcilla, para crear una nueva mitología étnica. Busca, mediante estas mitologías creadas a partir de elementos otras mitologías, un tipo de estudio de antropología social que permita estudiar y desvelar patrones de comportamiento de la sociedad occidental.

La galería Marlborough exponía este año en ARCO una pieza de Laura Anderson Barbata con el título Procesión de Alebrijes. 2011-2012. La obra es una composición de pequeñas figuras que evocan los alebrijes de la artesanía mexicana realizados con cartón o papel. Son figuras fantásticas, extrañas y muy coloristas en las que se mezclan elementos reales, imaginarios y cósmicos. Con sus colores vibrantes y extremos, la composición nos transporta a un estado de ensoñación y, a la vez, de vigilia. Barbata recrea este mundo mitológico con 23 figuras creadas combinando madera tallada y pintada y fibra de pita de Oaxaca amarrada a mano y cosida sobre tela de algodón. La pieza es un desfile de criaturas fantásticas con nombres tan curiosos como Dogon Alebrije, Alebrije Elefantita, Mamá jaguar con bebé llorando, Tucan pescando parado en la cabeza de su padre, Jirafa elegante o Dàlmata vestido de lunas.

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