Hace pocas semanas nos dejó Oriol Bohigas, un gran personaje de Barcelona que me atrevería a definir como un gran «maestro arquitecto», en la mejor tradición del siglo pasado. Un magisterio que presenta muchas facetas y que refuerza el importante rol social del arquitecto.

Oriol era una persona muy inteligente y con un gran carácter que sin duda habría destacado en cualquier disciplina que hubiera escogido; pero su interés y dedicación a la arquitectura habrá tenido la virtud de hacer avanzar este campo. Otros artículos de recuerdo han puesto de relieve su extraordinaria biografía y el peso de su compromiso con las instituciones y la cultura del país. Quisiera destacar algunas dimensiones de su tarea personal que me parecen muy relevantes para entender el significado de su obra hoy en día y el impacto diferido que habrá de tener su figura. Destaquemos algunos elementos.

La arquitectura es una profesión que puede ejercer un gran impacto en la sociedad y, aunque no todos sus profesionales la practiquen así, él la convirtió en un compromiso continuo y solidario. De hecho, el arquitecto ya fue definido por Vitruvio —el más destacado arquitecto romano de la época anterior a Jesucristo— como una persona con amplios conocimientos en su materia y una amplia cultura. Habremos de entender, por tanto, que la exigencia a la que se enfrenta el arquitecto no será solo resolver el conflicto entre las ideas generales a las cuales el proyecto da respuesta y su ejecución material, sino que deberá reflejarse también en el sentido cultural de sus actos, en el contenido social de sus decisiones.

La trayectoria profesional de Oriol Bohigas desde su grupo MBM, formado con su compañero de escuela Josep M. Martorell desde 1951 y con David Mackay doce años más tarde, nos permite reconocer este esfuerzo para resolver en cada proyecto el reto del diálogo con su contexto y para dar respuesta a las demandas programáticas de cada obra. Pero el objeto construido no es un resultado unívoco de aquellas consideraciones previas, sino que se inscribe en la cultura del diseño y las prácticas constructivas de cada momento.

Aquí, el grupo MBM debe de ser reconocido como innovador y realista; aunque puedan parecer términos contradictorios, no lo son. Oriol, como hombre de profunda cultura atento a todos los movimientos dentro y fuera de Cataluña, ejerce de brújula de este grupo tan competente como efectivo. La evolución de los proyectos que realizan —desde la casa Guardiola hasta el edificio de la Villa Olímpica— constituiría una buena muestra del camino de la arquitectura catalana, reflejando una trayectoria de vanguardia y planteándose como objetivo reinterpretar la tradición mediterránea del lugar.

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La emblemática escuela Garbí

No hacen grandes edificios institucionales, pero convierten en emblemáticas escuelas como la Garbí o la Thau, buscando que la arquitectura como organización del espacio se amolde a las demandas de una enseñanza más abierta y avanzada. O la vivienda de bajo coste con los conjuntos de la calle Pallars, o la «casa del patio» de la Ronda Guinardó que, a partir de un trabajo con las cooperativas, se convierten en proyectos paradigmáticos donde el lenguaje bien modulado del ladrillo se convierte en material constitutivo de una arquitectura minimalista y auténtica. Son exponentes esenciales de la Escuela de Barcelona que explican el compromiso social de la arquitectura. Como decía Alvar Aalto, hay que visitar las obras no solo en su inauguración, sino al cabo de tres décadas, para comprobar la consistencia y la resiliencia de las ideas que las han justificado.

 

Con Moragas, Sostres y Coderch

Un segundo elemento: la arquitectura es un hecho cultural que está sometido a la influencia de otras artes o a la evolución del pensamiento en general. Para Oriol Bohigas la construcción de la arquitectura moderna catalana es un motivo de reflexión continua, lo cual lo convierte en un intelectual privilegiado en este ámbito. Y precisamente en un período en el cual la dictadura franquista había tendido a limitar el uso de los lenguajes modernos en arquitectura, e incluso en momentos de fuerte dinámica de crecimiento urbano y, por lo tanto, con la posibilidad de innovar en las formas urbanas. Como joven profesional, su constante actividad en torno al grupo «R» de renovación contra la arquitectura monumentalista busca recuperar la modernidad perdida después de la Guerra Civil; búsqueda compartida con figuras clave de más edad, como Moragas, Sostres y Coderch, entre otros, que le ponen en contacto con estas nuevas tendencias.

Después se convierte en agente activo de los pequeños congresos, con la colaboración de Carlos de Miguel, de la revista Arquitectura de Madrid, que reúnen a los arquitectos más interesantes de la península entre 1959 y 1968. Crean un espacio de debate fundamental cuando la arquitectura moderna se expandía por todas partes como un «estilo internacional» y homogéneo, y las aproximaciones críticas exigían una mirada más cercana que tuviera en cuenta el clima y la tradición cultural de cada territorio, como un critical regionalism para utilizar el lenguaje de Kenneth Frampton.

Su libro ‘Barcelona. Entre el Pla Cerdà i el barraquisme’ puede leerse todavía como una denuncia brutal, pero esclarecedora.

En sus reuniones anuales visitan obras recientes y discuten temas candentes de la arquitectura del momento siguiendo el método del Team X, pero con la orientación propia de la arquitectura peninsular. Personajes como Vittorio Gregotti, Aldo Rossi, Nuno Portas, Giancarlo de Carlo, Peter Eisenman y Álvaro Siza son invitados, y el impacto de estas reuniones aumenta. En paralelo, despliega como articulista, con una gran difusión, los problemas de la ciudad y la arquitectura barcelonesa en revistas como Serra d’Or o Destino entre otras; una buena síntesis de ello es el libro Barcelona. Entre el Pla Cerdà i el barraquisme, que puede leerse todavía como una denuncia brutal pero esclarecedora.

 

La revista ‘Arquitecturas Bis’

Más tarde, en los años 70, inicia la revista Arquitecturas Bis con la coordinación de Rosa Regàs, creando un magnífico grupo coral de discusión crítica sobre el hecho de la arquitectura que todavía hoy es una referencia cultural de aquel período. Entre 1974 y 1985 publican 52 números con un formato vertical, tipografías en negro sobre blanco con detalles en rojo, y una composición definida específicamente en cada volumen. Si la revista rompedora en el panorama internacional era Oppositions (editada por el Institute for Architecture and Urban Studies de Nueva York y aparecida un año antes), el objetivo de Oriol Bohigas será competir con ella desde Barcelona, orientando la publicación hacia los «retos y soluciones» del campo de la arquitectura que el grupo va poniendo sobre la mesa. En esta experiencia podríamos decir que la figura de Oriol rebasa los límites del director de orquesta para convertirse en el actor dominante de la iniciativa.

Tenía la voluntad de inscribir, de forma clara y nítida, los hechos culturales y arquitectónicos decisivos en una perspectiva de largo plazo.

Un tercer elemento es su voluntad de inscribir, de forma clara y nítida, los hechos culturales y arquitectónicos decisivos en una perspectiva de largo plazo. Nos muestra así su preocupación —como intelectual que trabaja la historia y los movimientos sociales y artísticos— por buscar períodos o momentos que permitan entender mejor los contenidos de un cambio, de una ruptura y de la creación de un movimiento arquitectónico nuevo. Si seguimos su línea expositiva, podríamos destacar ahora tres grandes períodos como movimientos de arranque de la arquitectura moderna en Cataluña.