«Ayer por la noche me telefoneó desde Perpiñán un amigo de casa diciéndome que la Assemblea tuvo un gran éxito la semana pasada, que asistieron cerca de 500 personas, que todo fue como una seda y que la adhesión de las comunidades de base, que ya sabe que están formadas por sacerdotes y monjes, fue la base del éxito, etc… Como puede suponer me interesa saber lo que pasó y qué se dice de este nuevo tinglado organizado por los amigos del Dr. Guti [Antoni Gutiérrez Díaz, dirigente del PSUC], Mariano [Josep Andreu Abelló, dirigente de ERC] y Cassià [M. Just, abad de Montserrat]. ¿Puede hacer un esfuerzo y escribirme lo antes posible?»

Josep Tarradellas solicita información. El 7 de noviembre de 1971 —hace ahora cincuenta años— se ha fundado la Assemblea de Catalunya en la iglesia de Sant Agustí Vell, en el centro de Barcelona. Dos días más tarde, apremia a su estrecho colaborador en el interior, Josep Fornas, para que le facilite información. Para el presidente de la Generalitat en el exilio, sin embargo, la concreción de la plataforma no es ninguna sorpresa. Hace semanas que está al corriente de los movimientos para ponerla en marcha, tal como puede rastrearse en su correspondencia conservada en el Arxiu Montserrat Tarradellas i Maciá.

Su asesor y principal enlace con la iglesia catalana, Ramon Sugranyes de Franch, profesor de la Universidad Católica de Friburgo, le había comunicado el 13 de octubre desde esta población suiza que «los trabajos de preparación [de la Assemblea] me parecen bien orientados, y ya es mucho que se vaya consiguiendo un consenso tan amplio como el que se dibuja. Ahora bien, a mí la asamblea misma me parece algo demencial. Desde el punto de vista de la policía es una provocación evidente que sólo puede conducir a que hagan una detención en masa de los mejores dirigentes.»

«¿Cómo se puede creer que una asamblea de seiscientas o setecientas personas —o más— puede organizarse por sorpresa?», proseguía Sugranyes. Y remachaba: «¡Por el amor de Dios, desearía tanto que se dejara correr la convocatoria de la Assemblea! Además, ¿qué podría salir del poco tiempo que podrá estar reunida? La policía la disolverá apenas haya comenzado. Para la eficacia del trabajo, lo que cuenta son los preparativos hechos entre los representantes de los diferentes grupos. A mí, francamente, la parafernalia de una reunión plenaria me da más miedo que alegría». Tarradellas, a finales de octubre, coincidía con el dirigente de Pax Romana. «Como dice muy acertadamente, es demencial todo lo que gira alrededor de la Assemblea, que a mi entender solo servirá para reforzar al régimen si llega a celebrarse.» Eso mismo le había comentado a Cassià M. Just ya a finales de septiembre.

 

Joan Anton Sánchez Carreté del PTE, Lluis Mª Xirinachs, independent, Jaume Sobrequés i Joan Raventós del PSC i Josep Benet en representació de l'Assemblea de Catalunya en un acte en memòria de Gustavo Freicher, treballador mort per la policia durant una manifestació. Foto cedida per Juan Domingo Linde.

Joan Anton Sánchez Carreté del PTE, Lluis Mª Xirinachs, independiente, Jaume Sobrequés y Joan Raventós del PSC y Josep Benet en representación de la Assemblea de Catalunya en un acto en memoria de Gustavo Freicher, trabajador fallecido por la policía durante una manifestación. Foto cedida por Juan Domingo Linde.

 

Un programa rupturista

A pesar de sus temores, trescientos antifranquistas burlan la vigilancia policial y constituyen la plataforma unitaria antifranquista más amplia desde el fin de la Guerra Civil. Una herramienta para llevar a la práctica los planteamientos iniciales de la Comissió Coordinadora de Forces Polítiques de Catalunya (CFPC) y movilizar a la ciudadanía con un programa rupturista. Abierta a partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales y comarcales, y con el apoyo del segmento obrero, de intelectuales independientes y elementos progresistas de la Iglesia. A diferencia de lo que ocurre en otros puntos de España, donde la oposición al régimen se sustenta en el activismo de izquierdas, el catalanismo y su reivindicación cultural le confiere a la Assemblea un carácter diferenciado y una transversalidad que alcanza a sectores más conservadores. Aunque su diversidad no esconde que el motor radica en la fuerza de la izquierda social catalanista.

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«A mí la Assemblea misma me parece algo demencial. Desde el punto de vista de la policía es una provocación evidente» (Sugranyes a Tarradellas).

El 20 de noviembre, Tarradellas se sienta ante la máquina de escribir. Diez minutos después todavía tiene la hoja en blanco. No sabe cómo empezar a desahogar su enfado. Para el presidente, la concreción de la Assemblea es la plasmación, la evidencia de la preponderancia comunista en el seno del antifranquismo interior, que ha permitido y alimentado Montserrat ofreciéndole vías de expresión como Serra d’Or. Desde este punto de vista, su creación debe inscribirse en un hilo que, iniciado en el año 1969 con el Pacto de la Libertad, había continuado con la organización de la CFPC y el encierro en el monasterio entre los días 12 y 14 de diciembre de 1970, en el marco de las protestas por el proceso de Burgos.

Entonces el presidente ya había sido muy crítico con el encuentro. Así se lo comunicaba a Fornas el 13 de enero de 1971. «La semana pasada me reí mucho leyendo la lista de los 240 intelectuales (?) [sic] compuesta por telefonistas, aparejadores, enfermeras, fotógrafos, decoradores, sastres, etc… que acompañados de unos cuantos, es decir, poquitos escritores, fueron a descansar» a Montserrat. ¿Dónde estaban Josep Pla, Ferran Soldevila, Salvador Espriu y otros?, se preguntaba.

Y en la larga misiva que finalmente escribe el 20 de noviembre de 1971, sostiene ante Sugranyes que «acabada la euforia de las reuniones y del éxito que obtuvieron los comunistas, había que organizar otra cosa. ¿Cuál? Pues bien, la Assemblea de Catalunya.» En su concreción ve un elemento negativo, «hacernos creer que esta representaba a todos los partidos y organizaciones que nombran y, otra, que durante CINCO horas se reunieron trescientas personas y que los delegados que asistieron fueron “elegidos democráticamente”». Pero también ve un elemento positivo: que en sus cuatro puntos se reconoce el Estatut de 1931 como expresión concreta de las libertades de Cataluña y como vía para llegar al pleno ejercicio del derecho de autodeterminación. Si bien lamenta que no se mencione de forma explícita a la Generalitat, ni se pida el retorno del presidente en el exilio: él.

 

Reunió de l’Assemblea de Catalunya al convent de Pedralbes, el 1976. A primera fila, Josep Benet, Jordi Carbonell i Xavier Folch. A la taula, Miquel Sellarès i Pere Portabella. Fotografia d’autor desconegut cedida per la Fundació Rafael Campalans.

Reunión de la Asamblea de Cataluña en el convento de Pedralbes, en 1976. En primera fila, Josep Benet, Jordi Carbonell y Xavier Folch. En la mesa, Miquel Sellarès y Pere Portabella. Fotografía de autor desconocido cedida por la Fundació Rafael Campalans.

 

Informe inédito de la policía secreta

Los otros puntos que ha acordado la Assemblea pasan por la amnistía para los presos y los exiliados políticos; el ejercicio de las libertades democráticas fundamentales, y la coordinación de acción de todos los pueblos peninsulares en la lucha democrática. Un punto, este último, que el PSUC no había conseguido introducir en el seno de los siete puntos programáticos de la Comissió Coordinadora. Este aspecto tampoco complace a Tarradellas, que no desea de ningún modo una vinculación entre una plataforma unitaria catalana y las del resto del Estado.

Su posición no le pasa desapercibida a la Brigada Político-Social. En Madrid, la policía secreta dependiente del Cuerpo General de Policía lo detalla en un breve informe inédito que política&prosa ha localizado en el Archivo del Ministerio del Interior. En este informe, ya en verano, se explicitaba que el presidente se ha opuesto siempre al Partido Comunista «al considerar que éste es por sistema anti-separatista, por lo que no oculta sus recelos cuando se trata de alianzas políticas que a la larga, podrían dar de lado a la “Generalitat”». Por ello, la Brigada constata que del mismo modo que se había opuesto a la Comissió Coordinadora, ahora también lo haría a una plataforma más amplia.

Tarradellas lamenta que no se mencione de forma explícita a la Generalitat, ni se pida el retorno del presidente en el exilio: él.

El ex monje de Montserrat Ricard Lobo, miembro del grupo de los no alineados —conformado por obreros, intelectuales, monjes y sacerdotes, incluidos Josep Dalmau y Lluís M. Xirinach— ejerce de informante del presidente desde el interior de la Assemblea. El 23 de diciembre de 1971, Tarradellas se queja. «No acierto a comprender por qué en la reunión del mes pasado se pide la Amnistía general de los presos y los exiliados políticos, y no la que se merecen los obreros que son la inmensa mayoría de los encarcelados, como tampoco que no se haga constar la adhesión o la simpatía hacia los trabajadores que en aquellos días luchan por sus reivindicaciones en la SEAT y otras fábricas.»

Lobo, desde Sant Miquel de Cuixà, responde el 27 de septiembre. «Me sorprende esta información que ha recibido. A lo largo de la Assemblea se hicieron referencias constantes a las reivindicaciones del mundo obrero, como lo prueban los hechos siguientes: 1, el magnífico discurso introductorio de [Josep] Andreu, que encuadró entre dos asesinatos: el del presidente Lluís Companys y el del obrero de la SEAT Antonio Ruiz Villalba; 2, el minuto de silencio (de una densidad que jamás olvidaré) en memoria del obrero asesinado y de otros que participaban en la lucha, y que se antepuso a los trabajos de la A[ssemblea] para ratificar bajo qué signo nos reuníamos; 3, las numerosas intervenciones de obreros que mantuvieron constantemente la atención en sus justas reivindicaciones y luchas […]; las referencias del comunicado de la A. de C., en las que se reconoce que la crisis del régimen depende de la movilización de las clases populares.»

 

Adhesión a los obreros de la SEAT

Y remacha Lobo: «Todo el mundo sabe que los obreros tuvieron un gran peso en la celebración de la Assemblea. Sin ellos no tendría ningún sentido, puesto que son sus principales destinatarios, los únicos diría yo. Que no todos los obreros se hayan sentido representados ya es otro problema.» Dos días más tarde, Lobo añade que la comisión preparatoria había pedido «a algunos representantes obreros, ya antes de la Assemblea, que preparasen un escrito de adhesión a los obreros de la SEAT que fuese al mismo tiempo una protesta por el asesinato de Antonio Ruiz Villalba. Este escrito había de salir de la A. de C. firmado nominalmente por los presentes como punto de partida de una recogida masiva de firmas que todavía se está llevando a cabo en Cataluña. Así se hizo, a pesar de que desgraciadamente no lo ha recogido la prensa extranjera.»

«Los obreros tuvieron un gran peso en la celebración de la Assemblea. Sin ellos no tendría ningún sentido; son sus principales destinatarios» (Ricard Lobo).

Tarradellas le agradece, satisfecho, la información. «Una cosa es la coincidencia entre todos ellos [los obreros] en defender sus reivindicaciones de clase y otra, la actitud que tiene cada uno de ellos en lo que se refiere al presente y el futuro del país.» Y añade que los obreros «saben muy bien lo que quieren, aunque a menudo no lo dicen, puesto que no ignoran que el franquismo no les pondrá multas, sino años de prisión […]. La experiencia de los obreros ha hecho, hace y hará que sientan siempre desconfianza hacia quienes los quieren proteger o defender y no son de su clase social».

En el análisis del presidente, el segmento obrero está en la Assemblea muy presente, con fuerza e importancia, se le considera y se le tiene en cuenta, pero la nueva plataforma es una iniciativa de la intelligentsia mesocrática antifranquista catalana de izquierdas. Una intelectualidad en formación que no puede considerarse grande ni consagrada. El tráfico de información desde el interior hasta Sant Martin le Beau y al revés no está desenfocado.