En este número de política&prosa publicamos un extenso documento inédito del profesor Josep M. Bricall. Este trabajo, que ocupa el espacio que normalmente dedicamos al dosier, constituye una larga reveladora y sugerente mirada sobre el procés.

En sus tres primeros años de vida, política&prosa ha intentado aportar textos que ayuden a interpretar nuestra historia reciente desde ángulos normalmente poco atendidos por los medios convencionales. Ahora, con este documento del profesor Bricall, ofrecemos el testimonio de primera mano de un protagonista destacado del intento de la presidencia de Tarradellas de conciliar la recuperación catalanista con la voluntad de establecer una sólida estructura institucional y una dinámica normalizada de gobierno.

La necesidad de gobernar el país era ya el hilo conductor de las respuestas de Bricall en la entrevista que Rosa Massagué y Lluís Bassets le hicieron en el primer número de política&prosa. Decía, por ejemplo, que Cataluña necesita ser gobernada: «Has de gobernar y también hacer que se vea que gobiernas. Gobernada por el Estado o la Generalitat. Lo que no puede ser es que no gobierne nadie.» Es un planteamiento que supone una enmienda a la totalidad de la insistente consigna pujolista de fer país, una fórmula combinada de nacionalismo y voluntarismo que probablemente está en el origen de la trayectoria finalmente descarrilada de la gestión de los asuntos públicos de Cataluña.

Bricall cree que la etapa de Pujol no es propiamente una etapa de gobierno, una situación que se ha acentuado hasta la exasperación con la entrada de Cataluña en el procés. La falta de acciones de gobierno, ahora ampliamente reconocida, ha sido sustituido por el activismo de las declaraciones y por una proliferación de gestos que han pasado del menosprecio institucional a la pura mala educación, como nos lo recuerda en su texto.

La conveniencia que Bricall destaca de «hacer que se vea que gobiernas» es muy significativa por lo que tiene de comprensión real de la esencia del poder, del Estado y del gobierno. Es una manera de evocar el valor del legendario sello de goma de Prat de la Riba o de la obsesión de Tarradellas por el protocolo y el buen gobierno. Representa el respeto a las instituciones y la exigencia a los gobernantes de un comportamiento que, por encima de todo, como apuntaba el presidente, evite hacer el ridículo. En definitiva, aquello que con frecuencia se ha resumido en una cierta idea de Cataluña.

Bricall se situó en la sala de máquinas de la recuperación de la Generalitat, que entroncaba con la legitimidad republicana y del exilio, primero como secretario general de la Presidencia y, después, como conseller de Gobernació. Tuvo, por tanto, la posibilidad de poner en marcha una experiencia de gobierno que, pese a arrancar de un acto de ruptura democrática, se basó en el aprovechamiento pragmático de las estructuras existentes, como era el caso de la Diputación de Barcelona.

En su documento, Bricall comienza y acaba con unas referencias muy concretas a esta manera de entender la política y el ejercicio del gobierno. Primero, la descripción de la toma de posesión del presidente Tarradellas y, al final, una anécdota estrambótica que da pie al autor para cerrar el documento con una sentencia cruda y definitiva.

Es importante hacer notar, por otro lado, la confluencia en la figura de Bricall de sus responsabilidades públicas y de un reconocido itinerario personal y profesional de respetabilidad académica y cívica. Supone, de algún modo, la conexión con la propuesta modernizadora impulsada por Prat desde la Mancomunidad, que Bricall ha reivindicado como uno de los elementos centrales de esfuerzo de renovación tarradellista.

Es particularmente significativa la centralidad que Bricall otorga a Barcelona, tanto por su potencia de ciudad como por el ejercicio de su gestión de gobierno, alternativa a la política de movilización y sectarización de la acción política. Por eso Bricall no se abstenía de decir en su día que Cataluña, sin Barcelona, no habría sido más que un Alto Adige, y añadía que la única acción política potente que se había hecho en Cataluña en los años recientes había sido la organización de los Juegos Olímpicos de 1992.

La dimensión cívica de Bricall tuvo un momento culminante con su elección como rector de la universidad de Barcelona y, posteriormente, como presidente de la asociación de rectores de las universidades europeas. Por encargo de la CRUE hizo también una propuesta sobre la reforma de las universidades españolas, conocida como el Informe Bricall. Es destacable igualmente la propuesta de un Consell de les Arts que hizo Bricall, por encargo del presidente Maragall, para acercar a los parámetros anglosajones la gestión pública de la Cultura y que se ha ido diluyendo tanto por dificultades presupuestarias como por desinterés político.

En definitiva, el documento Bricall que publicamos es una valiosa contribución a la comprensión de la historia reciente de nuestro país y tiene, sobre todo, el valor de una convocatoria para romper con la lógica de la agitación pública y para recuperar la voluntad de gobernar Cataluña.