El sector del automóvil es importantísimo para todos los países, particularmente para los que tienen dimensión suficiente como para justificar su fabricación. Su impacto en el PIB y en el empleo son muy relevantes. Pero en estos momentos vivimos una incertidumbre extraordinaria en el sector a nivel mundial. A las incertidumbres que ya teníamos en 2019, y que nos llevaron a un cierto descenso de las ventas, se ha añadido ahora el coronavirus y su impacto sobre el sector a través de distintos aspectos clave.

Si nos centramos primero en las incertidumbres que ya teníamos un año atrás podemos hablar sobre las dudas con relación a qué es lo que quiere el cliente. ¿Quiere un coche eléctrico? ¿Prefiere un coche híbrido? ¿Lo que quiere es un coche convencional, de gasolina, pero más seguro? ¿Estaría entusiasmado con un coche conectado? ¿Le gustaría además que ese coche fuese autoconducido? ¿Querría no comprar su coche sino tenerlo como alquilado y poder ir cambiándolo o incluso no utilizándolo en algún período?

Uno de los problemas que tenemos es que muchos gobiernos han decidido que algunas alternativas son mejores que otras y han puesto incentivos para sus preferencias. Con un incentivo que nos rebaje el precio quizás nos interese un coche eléctrico en lugar de uno de gasolina. Pero si además el gobierno quiere demostrar su interés por proteger el medio ambiente y actúa como si el eléctrico fuese superlimpio y el de combustible supercontaminante, también tendrá su impacto. Hay que recordar que una parte de la electricidad que carga el vehículo puede haber sido producida con carbón o incluso venir de energía nuclear, pero, además, la producción y reciclado de baterías tampoco es algo superlimpio. Y recordemos también que si vamos a usar vehículos eléctricos necesitaremos redes de recarga a lo largo de carreteras y autopistas, no solo en las ciudades. Si lo que se decidiese fuese apostar por el coche autoconducido necesitaríamos redes más complicadas todavía en todas las zonas por las que circulasen esto vehículos.

Por más que se estudie al consumidor americano, chino o europeo, no hay una idea clara de qué se querrá en el futuro. Esto lleva a que todos los fabricantes presenten modelos eléctricos, híbridos o de combustible. Eso sí, al final la gran mayoría de los que se compran un automóvil se lo compran de combustible y se venden el que tenían, que seguirá funcionando con combustible. El resultado es que la inmensa mayoría de los automóviles que vemos son de combustible y todo parece indicar que por unos cuantos años seguirá siendo así. Pero la clave es el cliente y en estos momentos en que tenemos sistemas capaces de recoger todos los datos del cliente y predecir qué hará es importante usar estos modelos.

Vemos también que la incertidumbre, la necesidad de innovar y la globalización refuerzan las alianzas y la concentración del sector, fabricantes de vehículos, proveedores de componentes, concesionarios. Y la apertura de grandes mercados como China, actualmente, pero quizás India y África también en el futuro, requieren su incorporación a los objetivos comerciales de todos los niveles del sector y pueden ser una oportunidad para poner en valor empresas con difícil futuro que pueden integrarse en otras con más potencial.

Con toda esta complejidad e incertidumbre aparece el coronavirus, capaz de detener temporalmente a algunos fabricantes de componentes interrumpiendo de esta forma la cadena de producción. Seguramente esto llevará a mantener en el futuro una cierta diversificación en la cadena del sector, algo que se había ido reduciendo. El coronavirus nos hará pensar en qué incertidumbre puede haber asociada a nuestra cadena de valor, a quiénes son nuestros proveedores y a quiénes son nuestros clientes y cómo podemos evitar otros coronavirus como son una profunda crisis económica o política, un súbito cambio tecnológico o de suministro.

Mirando la historia veríamos que el primer fabricante de automóviles de Cataluña montó la fábrica por donde hoy tenemos el Paseo de San Juan y empezó en los últimos 1890s a fabricar coches eléctricos. Le fue bien y un millonario suizo le compró la empresa, le cambió el nombre por Hispano Suiza y cambió a coches de combustible. Así que buscando en los genes parece que podríamos hacer el cambio.