Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos (Madrid, 1974), marquesa de Casa Fuerte, tiene tres nacionalidades (argentina por su madre, francesa por su padre y española desde 2007), es periodista e historiadora y se dedica a la política desde el año 2008, cuando fue elegida diputada al Congreso por Madrid del Partido Popular (PP), un mandato que renovó en 2015. Desde mayo de 2019 es diputada por Barcelona. Ha sido portavoz del PP en el Congreso, partido en el que continúa militando pese a las fuertes críticas que ha hecho a sus dirigentes en el libro Políticamente indeseable (Ediciones B, 2021).

Pasó su infancia en Londres; después vivió y estudió en Buenos Aires hasta que regresó a la capital británica para licenciarse en Historia Moderna en la Universidad de Oxford, donde hizo su tesis doctoral, dirigida por el hispanista John H. Elliott. Trabajó desde el año 2000 en el diario El Mundo, hasta que fue nombrada en 2006 jefa de gabinete del secretario general del PP Ángel Acebes. También dirigió el área internacional de la fundación FAES, presidida por José María Aznar, de quien siempre se ha declarado seguidora.

Apasionada por la política, admiradora de Margaret Thatcher, preocupada por las cuestiones morales, está decidida a librar la batalla cultural e ideológica de la derecha contra la izquierda y el populismo. Entre sus objetivos figura «el nuevo feminismo», que «es a la vez mojigato y vengativo» y busca «un enfrentamiento identitario entre mujeres y hombres. Ellas: buenas, inocentes, víctimas. Ellos: malos, culpables, agresores» (El Mundo, 30-7-2019). «No hay nada más importante para el bien común que la política. Nada. Ni la literatura, ni los periódicos ni las empresas. Por eso tiene una gran capacidad devastadora. Cuando el populismo se pone en marcha, empieza la destrucción. Una prueba de ello puede ser Cataluña», declaró a El Español (27-11-2021). «En España confiamos muy poco en el individuo. Tendemos enormemente al gregarismo y al colectivismo. Los partidos políticos son una muestra palmaria», añadió.

«No hay nada más importante para el bien común que la política. Nada. Ni la literatura, ni los periódicos ni las empresas.»

«La derecha, en general, no ha dado casi nunca la batalla cultural e ideológica frente a la izquierda, y ese es uno de los grandes problemas que tenemos en España, y no solo en España. Para mí es uno de los misterios de la política universal. Por qué los liberales y conservadores tienen tantos complejos ante la izquierda. La izquierda, tantas veces fracasada, nos ha comido la moral. El resultado es que lo que yo llamo “el tablero inclinado”, el hecho de que en España la izquierda y el nacionalismo siempre juegan con ventaja», reflexionó en El Independiente (12-06-2021).

 

«Nuestra Messi»

Un ejemplo, para Cayetana Álvarez de Toledo, es Cataluña. «Durante 40 años, las instituciones del Estado, los partidos constitucionalistas y las élites españolas renunciaron a dar la batalla cultura en Cataluña frente al nacionalismo. No solo le entregaron la educación, la cultura y la televisión, sino algo todavía más importante: la supremacía moral, el derecho a decidir quién era moderado y quién radical. De este error fundacional se deriva la destrucción institucional y civil que sufrimos hoy. Pero veamos lo positivo, que no es poco. Pese al brutal control que el nacionalismo ha ejercido sobre la sociedad, no ha conseguido forjar una nación política ni sentimental. Ha roto Cataluña en dos, sí. Pero Cataluña sigue siendo plural», manifestaba en una entrevista en Vanity Fair (19-11-2020).

PUBLICIDAD
Neix DFactory Barcelona, la fàbrica del futur. Barcelona Zona Franca

El nacionalismo catalán es una de sus obsesiones desde la época en que fundó el grupo Libres e Iguales, que, en julio de 2014, antes de la consulta del 9-N, publicó un manifiesto para pedir la aplicación de la ley a Artur Mas, porque «hasta ahora el desafío secesionista no ha recibido la respuesta que merece», decían. Repitieron al año siguiente, antes de las elecciones del 27 de septiembre de 2015, que, según Álvarez de Toledo, se celebrarían en un escenario de «corrupción institucional». Cataluña, añadía, «se ha instalado en un limbo legal y moral». Cuando rompió con Mariano Rajoy en 2015, lo hizo, entre otros motivos, porque lo consideraba blando con el nacionalismo catalán.

«La gran estafa nacionalista no habría sido posible sin la complicidad activa de una sociedad dispuesta a ser estafada.»

Todas sus intervenciones sobre Cataluña son explosivas. En 2017, dijo en un discurso que «la gran estafa nacionalista no habría sido posible sin la complicidad activa de una sociedad dispuesta a ser estafada» y se quejó de que no se pudiera afirmar que «el Estado hace muy bien al impedir, incluso por la fuerza, que una pobre viejecita vote en un referéndum ilegal». Cuando en marzo de 2019 fue presentada como cabeza de lista del PP por Barcelona a las elecciones generales del 28 de abril, aseguró que el procés soberanista es «lo más grave» que ha pasado en España desde 1978. «Hay que decir la verdad. El proceso separatista es más complicado y más grave que el 23-F, porque el 23-F no se hizo desde las instituciones, ni le daban apoyo los medios de comunicación, ni había manifestaciones en la calle», remachó unos días más tarde. El 31 de marzo declaró en El País que «al votante independentista lo mueve la xenofobia», que «el separatismo es segregación», que «Cataluña no está condenada a ser una tribu amarilla» y que «el PSC no tiene escrúpulos, ni criterio, ni principios, ni remedio».

Con estos planteamientos, el fracaso en las elecciones fue espectacular. El PP catalán obtuvo el peor resultado de su historia, pasando de seis escaños a solo uno, el de ella. «Ha sido un pésimo resultado y asumo la responsabilidad […] Ha sido una derrota clara y contundente», declaró la candidata, a quien el presidente del PP, Pablo Casado, había presentado como «nuestra Messi». En las elecciones de noviembre del mismo año fue reelegida (en un acto de campaña calificó de «hito» el discurso del rey Felipe VI del 3 de octubre de 2017), pero el PP volvió a fracasar en las autonómicas del 14 de febrero de 2021 y Álvarez de Toledo culpó a Casado por ser «incapaz de reconstruir el constitucionalismo».

«El proceso separatista es más complicado y más grave que el 23-F, porque el 23-F no se hizo desde las instituciones.»

La sentencia del Tribunal Supremo sobre el procés le causó «decepción». «A mí me resulta sorprendente que un golpe a la Constitución pase por una ensoñación para presionar y negociar», declaró. También criticó que se permitiera a los presos independentistas hacer declaraciones desde la cárcel. «¿Por qué se permiten ruedas de prensa a los señores [Jordi] Sánchez y [Oriol] Junqueras y no a cualquier otro preso por corrupción o violación?», se preguntó el 20 de abril de 2019; y en una entrevista a La Razón (25-4-2019) propuso «una reforma para que las personas procesadas por agresión a la democracia, por rebelión y sedición, no puedan presentarse a unas elecciones». También se opuso a los indultos.

Del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dicho asimismo cosas muy fuertes, como que es «mucho peor que Vox», tiene «un proyecto franquista» y «es el candidato de los separatistas, de los golpistas, nacionalistas, comunistas, e incluso de los partidos vinculados históricamente al terrorismo de ETA» (La Razón, 25-4-2019). En diciembre de 2019 llegó a decir que la situación política de aquel momento era más difícil que cuando ETA mataba. Y el 27 de mayo de 2020, desde la tribuna del Congreso, acusó a Pablo Iglesias de ser «hijo de un terrorista», afirmación que provocó una demanda por parte del padre del entonces vicepresidente segundo del Gobierno.

 

Rebelión en el PP

Casado nombró a Álvarez de Toledo portavoz del PP en el Congreso en julio de 2019 y la destituyó un año más tarde, en agosto de 2020, por una entrevista en El País, que el presidente del PP interpretó como «un ataque a su autoridad», según la portavoz. En la entrevista decía que «un partido no ha de ser una estructura militar», reclamaba «un Gobierno de concentración constitucionalista», como «proyecto moral español», y criticaba la salida de España del rey emérito. «El rey Juan Carlos no debería haberse marchado. Debería haberse sometido al escrutinio de la propia Casa Real y, por supuesto, dado una explicación a los españoles. Su salida de España es un error y ha perjudicado al rey Felipe VI, que a lo largo de su reinado ha mostrado siempre una actitud ejemplar, profesional y valiente». Casado reconoció que son estas palabras las que motivaron la destitución.

El 27 de mayo de 2020, desde la tribuna del Congreso, acusó a Pablo Iglesias de ser «hijo de un terrorista».

Con fama de ir por libre —fue expedientada por votar en blanco en la renovación del Tribunal Constitucional—, Álvarez de Toledo ajustó cuentas con su partido en el libro Políticamente indeseable y durante las entrevistas de promoción de la obra. En El Mundo (14-11-2021) acusó al secretario general, Teodoro García Egea, de hacer «mobbing», «bullying» y «una vigilancia soviética» para controlar el partido, y de tener una actuación «testosterónica que está causando una devastación interna» y «un profundo daño estructural a la organización» y a Casado. De este, dice en el libro: «Había algo de Casado que no me acababa de convencer. Me parecía, sí, un hombre de empatías variables. Un camaleón sentimental. Lo que castizamente se llama un veleta».

En el libro hace también una reivindicación de la buena política: «Solo cuando los políticos digamos en público lo mismo que afirmamos en privado, solo cuando reconozcamos la degradación de nuestro oficio, solo cuando nos veamos retratados en el espejo implacable de los hechos, solo entonces seremos capaces de rescatar la democracia de las brutas mandíbulas del populismo».

En la pelea entre Casado e Isabel Díaz Ayuso, Álvarez de Toledo se ha alineado con la presidenta de la Comunidad de Madrid, a la que califica de «mujer valiente», que «no rehúye el conflicto, sino que lo encara. Y eso es importante. En la vida se puede ser muchas cosas, excepto un cobarde» (Vanity Fair, 19-11-2020). De Ayuso piensa también que «es auténtica» y la considera «el mayor activo electoral que tiene el centroderecha en estos momentos».

En el libro, reprocha a Vox su «identitarismo» y que sea un partido «nacionalista español», pero considera «pertinente y valiente» su crítica a la ideología de género, además de considerar «una incongruencia moral y un disparate estratégico» la «demonización» de quien permite gobernar al PP en diversos lugares. «La diferencia entre patriotismo y nacionalismo es la misma que hay entre el sexo y la pornografía», declaró en El Español (27-11-2021) hablando del partido de Santiago Abascal. Y no le importa que la llamen «facha». «No hay nadie sensato en este país al que no le hayan llamado facha», admitió en El Independiente (12-6-2021).