Veo en una parada de bus un cartel en el cual aparece la silueta perfectamente identificable de un policía (tanto da si Mosso d'Esquadra o Guardia Urbano), acompañada de un texto que dice: «Quieres ser policía? No lo hagas. Quieres ayudar a tu comunidad? Puedes ser asistente social, médico, enfermera, bombero, guardabosques, bibliotecaria, maestra, panadero. Literalmente, cualquier otra cosa menos ser un jodido policía». Desgraciadamente, esta mirada desconfiada y hostil, nacida del desconocimiento del trabajo policial y de un prejuicio dogmático, no solo ha impregnado el discurso de determinados colectivos, sino que ha calado en ciertos medios de comunicación y líderes de opinión, siendo también asimilada por algunas formaciones políticas.

Hace tiempo, demasiado tiempo, que el Cuerpo de Mossos d'Esquadra está en medio del debate político. A los vaivenes del procés, nada menores para el cuerpo policial, se han sumado una serie de decisiones de naturaleza política, particularmente en la presente legislatura, que han contribuido a prolongar su presencia en la arena política y mediática. Por otra parte, como policía democrática, el Cuerpo de Mossos tampoco es ajeno a las corrientes de fondo que se dan en nuestro entorno europeo, críticas no solo con determinadas actuaciones policiales, particularmente relacionadas con el orden público, sino también con la institución policial misma.

Una mirada retrospectiva al procés nos permite constatar cómo se situó al Cuerpo de Mossos o, mejor dicho, a cada uno de sus miembros, ante la disyuntiva de tener que escoger entre el cumplimiento de la legalidad vigente o el acatamiento de las directrices políticas de un Govern que podía apartarse de aquella. La pregunta «¿qué harán los Mossos ante previsibles órdenes judiciales de retirada de urnas el 1 de Octubre?», formulada recurrentemente antes del acontecimiento, nunca recibió una respuesta nítida por parte del Govern de la Generalitat de Cataluña. El ejercicio responsable del mando por parte de quien entonces era el comisario jefe, el Mayor Josep Lluís Trapero, aportó al conjunto del Cuerpo una seguridad jurídica que no había sido capaz de garantizar el Govern.

Para leer el artículo completo escoge una suscripción de pago o accede si ya eres usuario/suscriptor.