«Alguien dijo “Dichosos los pueblos que no necesitan héroes”. Nosotros los necesitábamos, para mirar más allá del mar, ampliar el horizonte más allá del “continente” y, con optimismo y esperanza, dirigir la mirada también dentro de nuestras fronteras», así respondió el cantautor sardo Piero Marras a la Agencia Nacional de Prensa Asociada (ANSA), sobre por qué había escrito la canción Quando Gigi Riva tornerà (Cuando Gigi Riva vuelva).

Corría el año 1982, y mientras en Madrid los azzurri conquistaban la copa del mundo, Marras celebraba la importancia del mejor jugador del Cagliari Calcio de todos los tiempos, sin saber que su canción acompañaría los créditos finales del funeral del gran atleta al que estaba dedicada. El 24 de enero de 2024, una multitud de treinta mil personas en silencio escuchó las palabras de la canción, mostrando bufandas rojiazules del Cagliari, mientras, acompañado por sus familiares, viejas y nuevas glorias de la selección italiana y del equipo de la capital sarda, el féretro de Riva descendía en una tarde húmeda las escaleras de la Basílica de Bonaria para su último viaje hacia el cementerio monumental donde sería sepultado en contravención a una ley que prohibía las inhumaciones desde 1968.

Este fue un privilegio que demostró la importancia de Riva para Cagliari y Cerdeña, pero también para toda la nación. De hecho, al duelo de aficionados y deportistas se unió el de las más altas autoridades del Estado como el presidente de la república Sergio Mattarella, quien declaró: «Muchos italianos, y yo entre ellos, recibimos la noticia repentina de la muerte de Gigi Riva con un auténtico dolor. Sus éxitos deportivos, su carácter de gran seriedad, la dignidad de su comportamiento en todas las circunstancias le han procurado el afecto de millones de italianos, incluso entre aquellos que no seguían el fútbol.»

Pero ¿quién fue Riva? ¿Por qué su muerte desató un reconocimiento conmovedor en Cerdeña y en toda Italia? Estadísticamente, con sus 35 goles, aún es el máximo goleador de la selección italiana. Fue protagonista del renacimiento de la selección azzurra, que, después de treinta años de fracasos, gracias a él ganó un campeonato de Europa en 1968 en Italia y llegó a la final contra el gran Brasil de Pelé en 1970, en México.

 

«Rombo di tuono»

Si en el primer caso Riva marcó el primer gol de la final ganada por 2-0 contra Yugoslavia, en el segundo marcó el tercer gol en la semifinal ganada por 4-3 contra Alemania, durante el que se denominó «el partido del siglo», como aún testimonia la placa colocada en la entrada del estadio Azteca de Ciudad de México. El periodista más importante de la época, Gianni Brera, por su potencia física y su instinto de gol lo llamó «Rombo di Tuono», un apodo que lo acompañaría toda su vida, comenzando por el partido de liga ganado por el Cagliari en Milán contra el Inter por 3-1 en octubre de 1971, en el que Riva marcó 2 goles. Sin embargo, eso no es suficiente para comprender la importancia de este jugador y por qué su muerte a la edad de 79 años ha generado tanta conmoción.

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En realidad, Riva fue mucho más que un atleta muy fuerte, y si sus actuaciones en la selección y en el campeonato italiano le valieron el afecto de los aficionados italianos, su apego al Cagliari, sus experiencias personales, lo convirtieron en un símbolo de Cerdeña, comparable a la figura de Johan Cruyff para Cataluña. Sin embargo, al igual que Cruyff en Cataluña, Luigi, apodado Gigi, Riva, llegó a Cerdeña como «extranjero». De hecho, nació en Leggiuno, un pequeño pueblo de la provincia de Varese, Lombardía. Huérfano de padre a los 9 años y de madre a los 16, comenzó a trabajar en una fábrica, aunque jugaba en las divisiones juveniles del Laveno Mombello y luego del Legnano, que le permitió debutar en la Serie C, la tercera división italiana.

En 1963 finalmente llegó a Cagliari, donde no pensaba quedarse. Al ver las luces del otro lado del golfo de la capital sarda, se preguntó: «¿pero eso es África?» Hay que pensar que en ese momento Cerdeña no era una región turística como lo es hoy y el impacto al llegar desde Lombardía, la región más industrializada de Italia debió de ser poderoso. Sin embargo, Gigi Riva se quedaría sesenta años, hasta su muerte, encontrando en la isla «el afecto y esa familia» que el destino le había negado demasiado pronto. Pero ¿cómo nació y se desarrolló el amor entre Gigi Riva y Cerdeña?

El afecto de los sardos se veía reflejado en la presencia de fotos y carteles de Riva incluso en las casas más humildes de la isla.

Riva fue el símbolo del Cagliari Calcio, que desde la Serie B en la temporada 1969-1970 ganó, por primera y única vez en su historia, el campeonato italiano venciendo a los grandes equipos del norte de Italia, Juventus, Milan, Inter, que durante 20 años se habían estado repartiendo el título sin interrupción. Después de ese éxito, además, rechazó ir a jugar a la Juventus, a pesar del cortejo desenfrenado de Gianni Agnelli, propietario de Fiat. Años después, al ser interrogado sobre por qué rechazó tan gran oferta, Riva dijo que no podía decepcionar el afecto que los sardos le habían mostrado desde el principio. Este afecto se veía reflejado en la presencia de fotos y carteles de Riva incluso en las casas más humildes de la isla, en la pasión por el Cagliari durante sus desplazamientos a Turín y Milán por parte de los emigrantes sardos, que veían en los éxitos de su equipo un motivo de reivindicación frente al frío y a veces poco acogedor norte de Italia.

 

El futbolista Luigi ‘Gigi’ Riva (1944 – 2024) con la segunda equipación del Cagliari, hacia 1970. Foto archivo

El futbolista Luigi ‘Gigi’ Riva (1944 – 2024) con la segunda equipación del Cagliari, hacia 1970. Foto archivo

 

Además, Riva no era hablador sino un campeón silencioso, que parecía interpretar bien la dignidad de un pueblo profundamente ligado a su tierra. No es casualidad que, después de retirarse del fútbol, el Partido Sardo de Acción le propusiera presentarse en sus listas para las elecciones regionales de 1979. Esta propuesta fue seguida de otras similares, en los años 80, del Partido Socialista de Bettino Craxi, con el que se rumoreaba que Riva simpatizaba, y posteriormente de Forza Italia de Silvio Berlusconi. También en esto casos el campeón dijo siempre que no, para no decepcionar a su público, y evitar convertirse de un elemento de unidad en un elemento de división. Al parecer, a Craxi, el jugador le respondió: «no seré yo quien destruya ese sentimiento de unidad que ese Cagliari logró construir».

Señaló que ser una figura pública conllevaba el deber de poner su cara en causas que consideraba justas.

Sin embargo, después de colgar las botas, Riva se comprometió socialmente con Cerdeña, en ocasión del referéndum consultivo de 2011, destinado a aceptar o no instalaciones de eliminación de residuos nucleares en la isla. Riva se opuso a esta propuesta, denunciando también la presencia de demasiadas bases militares en Cerdeña. En esa ocasión, él señaló que ser una figura pública conllevaba el deber de poner su cara en causas que consideraba justas. Al final de su carrera solo aceptó el cargo de mánager del equipo nacional de fútbol de Italia, cargo que ocupó desde 1988 hasta 2010.

 

El Collare d’Oro

Con él como jefe de delegación, Italia ganó la Copa del Mundo en 2006, quedó en segundo lugar en 1994 y en tercer lugar en 1990. Las imágenes de esos eventos muestran, además de a los jugadores, a menudo también a Gigi que, en momentos difíciles, como la derrota contra Brasil en 1994 y contra Argentina en 1990, consolaba a los atletas. Por eso, en el funeral estuvieron presentes muchos jugadores de las selecciones nacionales que lo conocieron como dirigente, desde Gianluigi Buffon hasta Simone Perrotta, quien frente a la iglesia subrayó cómo «todos le querían mucho». Así, de héroe local, Riva fue percibido en su dimensión nacional, tanto que el presidente del Comité Olímpico Nacional Italiano, Giovanni Malagò, destacó que con su muerte los italianos quedaban «huérfanos de un mito». Precisamente Malagò, el 12 de febrero de 2017, había otorgado a Riva el mayor honor del deporte italiano, el Collare d’Oro, mientras que desde 2011, el jugador había sido incluido en el Salón de la Fama del fútbol italiano.

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Si estos fueron los reconocimientos de los deportistas, a Riva tampoco le faltaron muestras de afecto a nivel mainstream. Sus hazañas fueron narradas en varios programas de televisión, incluido el documental de la Radio Televisión Italiana El fútbol en la época de Gigi Riva emitido en 2010 en el contexto del programa Desafíos y, sobre todo, el documental, En nuestro cielo un rugido de trueno, de Riccardo Milani de 2022. Precisamente este último utilizó hábilmente la canción de Marras, que, según sus hijos, siempre emocionaba al gran campeón. De hecho, Riva también era un amante de la música y era amigo de varios artistas, incluido el cantante Andrea Parodi del grupo sardo Tazenda.

 

Héroes civiles

Al haber llegado a Cerdeña desde otra región y haberse convertido en un símbolo de la isla, sus silencios a menudo lo hicieron parecerse a otro símbolo sardo venido de fuera, el cantautor Fabrizio De André. La leyenda dice que los dos se encontraron solo una vez en Génova después de un partido entre el Cagliari y el Genoa, ya que Riva, obsesionado con las muertes de los jóvenes, tenía curiosidad por saber cómo De André se había inspirado para escribir la canción Preghiera in Gennaio (Oración en enero), dedicada al suicidio de otro cantautor, Luigi Tenco, ocurrido durante el festival de San Remo el 27 de enero de 1967.

Sus silencios a menudo lo hicieron parecerse a otro símbolo sardo venido de fuera, el cantautor Fabrizio De André.

Nadie sabe qué se dijeron después de tres horas de «whisky, silencios y cigarrillos», pero al final del encuentro, Riva le regaló a De André su camiseta y recibió a cambio una guitarra. Será una coincidencia, pero Riva falleció precisamente en enero, como Tenco y como De André mismo, dejando como los otros dos ese vacío propio de los héroes civiles; un vacío que en un susurro ensordecedor lleva a cantar, Cuando Gigi Riva regrese…, para, citando a Marras, «mirar más allá del mar, ampliar el horizonte más allá del “continente” y, con optimismo y esperanza, dirigir la mirada también dentro de nuestras fronteras».