Si bien el resultado de las elecciones generales del 25 de septiembre de 2022 determinó la victoria de Giorgia Meloni y de la coalición de centroderecha, también demostró cómo esta podría haberse evitado. El centroderecha, formado por Forza Italia (FI), Lega y Fratelli d’Italia (FdI) tanto a nivel proporcional como en las circunscripciones uninominales, ganó porque se enfrentó a 3 bloques diferentes: la formación de centroizquierda compuesta por el Partido Democrático (Pd), +Europa, Sinistra Italiana (SI) y los Verdes; el Movimiento 5 Estrellas (M5S) liderado por el ex primer ministro Giuseppe Conte; el tercer polo, formado por Azione de Carlo Calenda y la Italia Viva de Matteo Renzi.

Por tanto, se plantea la cuestión de si estos tres bloques podrían haberse unido para evitar la victoria de Meloni y sus aliados.

El resultado de las elecciones municipales del 26 de junio de 2022 había vislumbrado alguna posibilidad de que estos tres bloques se presentasen unidos a las elecciones generales en lo que se definió como el «campo amplio». Según el secretario del PD, Enrico Letta, la prueba del atractivo electoral del «campo amplio» estaba en uno de los bastiones históricos de las fuerzas de centroderecha, Verona. De hecho, en la ciudad de Romeo y Julieta, un exfutbolista, Damiano Tommasi, contando con la unidad de esa coalición en las urnas, había derrotado a sus oponentes, llevando el «campo amplio» al gobierno de la ciudad. ¿Pero quién es Damiano Tommasi? ¿Por qué un jugador de fútbol ha logrado tanto consenso como para convertirse en el alcalde de una de las ciudades más derechistas de Italia? ¿Cómo trabajó para mantener un campo amplio que, a nivel nacional, no duró más de una primavera? ¿Era su ejemplo realmente repetible en las elecciones generales?

 

El «alma blanca» de las montañas

Nacido en Negrar en 1974, Tommasi pasó su infancia y primera juventud con su familia en el pequeño pueblo de montaña de Sant’Anna d’Alfaedo, en la provincia de Verona. En este contexto, además de dar patadas al balón con los amigos en la calle, el futuro jugador de la selección nacional llevó una vida parroquial, fortaleciendo una sólida fe en los principios de la doctrina católica. Esta característica, que nunca ha ocultado, le ha llevado a ser llamado el «alma cándida», el «monaguillo» del fútbol italiano por los aficionados y compañeros de los equipos en los que ha jugado.

Objetor de conciencia en los años en los que aún estaba vigente el servicio militar obligatorio en Italia, durante su carrera como jugador, Tommasi siempre ha realizado actividades de voluntariado, ayudando a diversas organizaciones religiosas como Cáritas, organización para la que hizo el servicio civil en 1998. Padre de seis hijos, está casado desde los 22 años con Chiara Pigozzi, con la que estaba comprometido desde los 15. Con su mujer no solo ha compartido la vida familiar, sino también la fundación, en Pescantina, otro pequeño municipio de la provincia de Verona, de la Bambi&Bimbi Don Milani Middle School, un colegio bilingüe de última generación dedicado a niños de 0 a 14 años, inspirado en la doctrina educativa del padre Don Lorenzo Milani, uno de los iconos del catolicismo de izquierdas.

Objetor de conciencia cuando estaba vigente el servicio militar obligatorio, durante su carrera como jugador siempre ha realizado actividades de voluntariado.

Damiano Tommasi parece, por lo tanto, un clásico político católico progresista con la atención puesta en las dinámicas educativas y sociales. Esta orientación no parece ser una coincidencia para un exponente político procedente del Véneto. Por definición, una región con fuertes vínculos con la Iglesia, el Véneto ha sido un semillero de líderes políticos católicos dedicados a cuestiones sociales y educativas. Pensemos en Luigi Gui, de Padua, uno de los exponentes de la Democracia Cristiana (DC) más cercanos a Aldo Moro que, como ministro de Educación, entre 1962 y 1968 elevó la escolaridad obligatoria a 14 años e introdujo el jardín de infancia.

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Pensemos en Carlo Fracanzani, conocido como el «conde rojo» por su ascendencia aristocrática y su pertenencia al ala izquierda del mismo partido. No olvidemos tampoco al abuelo de este último, Carlo Fracanzani (senior), que, junto con otro véneto, Giuseppe Toniolo, creó en la segunda mitad del siglo XIX la Opera dei Congressi, una organización con sede en Venecia, de la que surgieron los embriones del sindicalismo católico. Aunque Tommasi nunca se refirió a ella en sus discursos y entrevistas, parece legítimo pensar que esta tradición influyó en su formación política. Este último, de hecho, se ocupó del ámbito sindical además de la educación, con un fuerte enfoque en la cuestión social.

 

Un centrocampista atípico

La de Tommasi y el fútbol es una gran historia de amor. Por un lado, hay un fuerte componente de diversión: el año pasado, a los cuarenta y ocho años, seguía pisando los campos con el equipo amateur de Sant’Anna d’Alfaedo; por otro, la idea de que el juego del fútbol podría dar a los jóvenes ejemplos positivos para su propio crecimiento, lejos de la desviación social, la violencia y el racismo. Como jugador, Fabio Capello lo describió como un centrocampista atípico que podía desempeñar cualquier función en el centro del campo. Como profesional, jugó en el Verona (1993-1996), la Roma (1996-2006), el Queens Park Rangers (2008-2009) y el equipo chino Tianjin Teda. También estuvo dos años en España (2006-2008), en el Levante, con el que jugó 44 partidos, marcando un gol.

Ganó muy poco, si es que se puede llamar poco el Scudetto (2000-2001) y la Supercopa (2001) con la Roma, ya que es muy difícil que un equipo del centro sur de Italia gane un campeonato, en comparación con los equipos más ricos del norte (Juventus, Milán e Inter). Vistió la camiseta de la selección italiana en 25 ocasiones, marcando un gol, el que permitió a los azzurri vencer a Marruecos por 1-0 en un amistoso el 5 de septiembre de 2001. Si esta fue su digna carrera como jugador, Tommasi puede ostentar una carrera aún más importante como sindicalista de futbolistas.

Vistió la camiseta de la selección italiana en 25 ocasiones, marcando el gol que permitió a los ‘azzurri’ vencer a Marruecos en un amistoso.

De 2011 a 2020, el «monaguillo» fue presidente de la Asociación Italiana de Futbolistas (AIC). En este contexto, hizo campaña sobre el valor educativo del fútbol, contra la violencia en los estadios y especialmente contra el racismo. Como a menudo quiso subrayar Tommasi, que en 2018 se convertiría también en consejero de la Federación Italiana de Fútbol (FGCI), su experiencia como jugador le había llevado a convivir con otros deportistas de distintas partes del mundo, por un lado, y a vivir él mismo en el extranjero, en España, Inglaterra, pero sobre todo en China (primero entre los italianos), por otro.

Una de sus campañas más importantes fue «Calciatori sotto tiro», el observatorio, tomado de la más conocida «Administradores bajo el fuego», destinado a hacer un seguimiento de las intimidaciones, la violencia y las amenazas que sufren habitualmente los futbolistas y que desde el principio ha demostrado que las mayores amenazas a los deportistas tienen una motivación racial. Su participación en la AIC le llevó a involucrarse en la Fédération Internationale des Associations de Footballeurs Professionnels (FIFPRO), el sindicato mundial de futbolistas reconocido por la FIFA, lo que determinó su apoyo a la campaña para abolir el concepto de propiedad de los jugadores por parte de los clubes.

 

Política y Verona

Por su compromiso con la AIC y la FIFPRO, Tommasi fue cortejado tanto por el Partito Democrático como por el Movimiento 5 Estrellas para un cargo en las instituciones. Estas propuestas fueron siempre declinadas hasta que, en 2022, apoyado por ambas formaciones políticas, decidió presentarse a la alcaldía de Verona. Parecía una elección arriesgada, dada también la difícil parábola de los exfutbolistas italianos que le habían precedido en el mundo de la política. Pocos fueron los que tomaron este camino, menos aún los elegidos: entre los más ilustres estaban el exjugador del AC Milan Gianni Rivera y los exjugadores de la Juventus Giampiero Boniperti y Massimo Mauro.

Sin embargo, Tommasi consiguió imponerse convirtiéndose en alcalde de una de las ciudades más importantes y ricas del norte de Italia, que había estado en manos de la derecha durante 15 años. De 2007 a 2017, la ciudad fue gobernada por Flavio Tosi, exponente de la Liga Norte, con el apoyo de Forza Italia y Alianza Nacional, mientras que de 2017 a 2022 fue gobernada por Federico Sboarina, un político independiente que luego se unió a Fratelli d’Italia, el partido de Giorgia Meloni.

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Tommasi siempre reiteró su condición de exponente cívico alejado de las divisiones ideológicas y partidistas.

Fue precisamente por la división entre Tosi y Sboarina que se consolidó la victoria de Tommasi. En las elecciones de junio de 2022, de hecho, ambos se presentaron de nuevo a la dirección de la ciudad. El primero fue apoyado por Forza Italia, algunas listas cívicas e Italia Viva, mientras que el segundo por el FdI y la Lega. En la imposibilidad de llegar a un acuerdo entre las fuerzas que a nivel nacional conforman ahora la formación de centroderecha parece haber pesado el deseo de revancha de Tosi contra Salvini, quien en 2018 le había expulsado de la Liga Norte porque quería disputarle el liderazgo del centroderecha a través de unas elecciones primarias con vistas a las generales de ese año. Por ello, Tommasi se introdujo en las grietas del centroderecha, montando una campaña electoral de bajo perfil que dejase el terreno mediático a los otros dos contendientes, sacando así a relucir con toda su fuerza las divisiones de la derecha.

 

Victoria en la segunda vuelta

Por su parte, el exjugador logró unir al electorado de los partidos de centroizquierda con los del Movimiento 5 Estrellas, entonces aliados del Gobierno, mediante una postura suprapartidista. En las entrevistas y discursos públicos, Tommasi siempre reiteró su condición de exponente cívico alejado de las divisiones ideológicas y partidistas. Así, en la primera vuelta consiguió el 39,40 % de las preferencias frente al 23,86 % de Tosi y el 32,69 % de Sboarina. Aunque parecía que este último aún podría imponerse en la segunda vuelta, las dificultades con la coalición que había apoyado a Tosi dieron la victoria final a Tommasi: el exjugador ganó la segunda vuelta con el 53,40 %. Esto causó regocijo especialmente a Enrico Letta, que vio en el «campo amplio» veronés, (al M5S y al PD se les había unido también Italia Viva en la segunda vuelta), un posible modelo para ganar las elecciones generales, en ese momento todavía previstas para la primavera de 2023.

En realidad, el secretario del PD había subestimado el hecho de que la de Verona era una victoria generada por las divisiones locales del centroderecha y por la conexión cultural de Tommasi con su tierra. Si el fútbol le dio notoriedad y la presidencia de la Asociación Italiana de Futbolistas le proporcionó su primera experiencia política, fue su origen social católico lo que le conectó con una tierra y una población empapadas de esa cultura desde finales del siglo XIX. En la construcción y consolidación del campo amplio, fue su presentación como político suprapartidista la que resultó ganadora, algo mucho más complejo de repetir en las elecciones generales del 25 de septiembre, donde los líderes de Italia Viva, Partito Democrático, M5S y otras fuerzas de izquierda no han querido ceder espacio de liderazgo a terceras figuras.