Cuarenta años en el mundo del libro

Daniel Fernández lleva 40 años en el sector de la edición. Preside la Federación de Gremios de Editores de España, el Centro Español de Derechos Reprográficos y el Patronato de la Biblioteca Nacional de España. También es el presidente de las editoriales Edhasa y Castalia. Ha sido el máximo dirigente del Gremio de Editores de Catalunya y de la Cámara del Libro de Catalunya, director general de Ediciones Grijalbo, director literario del grupo Grijalbo-Mondadori y responsable de las publicaciones Saber y L’Avenç. Preside Infolibre.

 

¿La multitudinaria participación en la fiesta de Sant Jordi es la demostración de que los libros interesan a los ciudadanos o es una flor que no hace verano, un espejismo?

Sant Jordi de entrada es una tradición relativamente nueva. Esto se olvida. El día del libro español es una conmemoración que sanciona el rey y que impulsó Miguel Primo de Rivera cuando era dictador. La idea se le achaca a un editor valenciano, Vicente Clavel. El Día del Libro Español se instauró primero en la fecha supuesta del nacimiento de Cervantes. Era septiembre, mal tiempo, poco éxito comercial… y entonces, por iniciativa parece que de alguien vinculado a Edhasa, Antoni López Llausàs, dueño de Catalònia y mecenas de Pompeu Fabra, se lleva a la fecha de la muerte de Cervantes, que es el 23 de abril. Y Catalònia juega comercialmente a potenciar Sant Jordi.

El primer Sant Jordi importante que coincide con el patrón de Cataluña evidentemente y la tradición de la rosa, que ésta sí existía previamente, es el del 23 de abril de 1931. Es decir, esto de algún modo viene de la República. Es obvio que es una jugada comercial para potenciarlo, pero esta jugada comercial-institucional inicial se ha convertido en una fiesta ciudadana de las más bonitas que hay en Catalunya. Al comprador habitual de libros quizá sea una fiesta que no le gusta por aquello de que le invaden librerías que normalmente están no tan concurridas. Le ocurre lo mismo que al parroquiano que va a misa todos los días y de repente hay una romería y dice «¡qué hace toda esa gente aquí cuando no vienen a misa!». Pero la fiesta está muy bien.

El año pasado la pandemia había disminuido, pintaba muy bien, pero hubo condiciones meteorológicas adversas. Este año caía en domingo. El viernes por la tarde di un paseo por librerías y por la tarde estaban llenas. El sábado estaban llenas las librerías y las calles. Y el domingo fue una locura de gente por doquier, absolutamente sorprendente e inusitado. El éxito es tan brutal que lo podemos comparar con fenómenos no culturales como la tomatina de Buñol y, como están la rosa y el libro de por medio, creo que es mejor que la tomatina con todo el respeto por la tomatina.

 

¿Da una imagen falsa del interés de la gente por los libros?

Da la imagen de dedicarle un día a algo que para mucha gente no forma parte de su cotidianidad. España en muchísimas cosas es un país peculiar y particular. La pandemia nos ha hecho dar un salto en índice de lectura bastante bueno e importante. En España todavía hay, a estas alturas, aproximadamente un tercio de la población que nunca lee ni compra un libro y me temo que es el mismo tercio de personas que también dice, cuando responde a encuestas, que nunca acude a un museo, que nunca acude a una galería… Hay un tercio de la población española que vive ajena a la cultura que no sea la que le llega por internet o por televisión. De ese tercio de españoles que no pisan una librería, algunos de ellos sí compran libros, pero son los libros de texto para sus hijos, o libros en los que tienen algún tipo de interés profesional.

«Hay un tercio de la población que tiene índices de lectores y compradores muy comparables a los de países europeos que siempre tenemos por más cultos.»

Uno de los negocios editoriales que sigue funcionando es el que se llama autoayuda y todos estos libros de cómo mejorar la estrategia de ventas y cosas por el estilo. Pero al mismo tiempo existe otro tercio de la población que tiene índices de lectores y compradores muy comparables a la mejor parte del pastel lector de los países europeos que siempre tenemos por más cultos. El libro y la lectura en España son un clarísimo fenómeno de desigualdad. Gente que lee al menos media docena de libros al año hay mucha. Y durante muchos años había un tipo de gente que el único libro que compraba era el Premio Planeta cuando salía porque le parecía que era la novela que tenía que comprar. Esto quizás ha disminuido, pero sí hay un tipo de gente para la que Sant Jordi es el día que compra ‘el’ libro, libro que normalmente es para regalar, que otro leerá. Sant Jordi tiene obviamente una parte de fiesta comercial pero esta fiesta comercial yo la defiendo porque al final también es una fiesta ciudadana y que las ciudades estén llenas de sitios donde hojear libros está bien.

 

¿Son las dos España de siempre? ¿También hay dos Españas en el mundo de los lectores?

Con la pandemia se ha notado mucho que hemos progresado. Es curioso. No me atrevo a decir que la pandemia ha tenido efectos positivos, pero lo cierto es que ha mejorado notablemente el índice medio de lectores medios. Con la pandemia, mucha gente ha redescubierto, se ha reencontrado con el libro. El libro te pide un momento de introspección personal. Cuando lees, el libro es tu voz interior, pero es una voz interior que le estás poniendo a los demás y te pide una atención que no te pide ninguna pantalla.

Cuesta leer mirando el televisor

La lectura ya está muy interiorizada. San Agustín habla de san Ambrosio de Milán y dice que era tan inteligente que leía sin hablar, ni siquiera movía los labios. Esto es muy occidental porque los romanos también leían sin oralidad. El libro es la piedra angular y el cemento básico de toda la cultura occidental. Nuestra cultura es una cultura de libros. Este tercio de españoles que nunca entran en una librería, no lo hacen porque les parece que es una especie de templo sagrado. Esto iba mejorando por evolución demográfica porque, claro, en los años 50 España tenía un 30 y pico largo de población analfabeta. Ha mejorado tanto que hemos llegado al punto de que el analfabetismo prácticamente ha desaparecido.

 

Quizás no entran en las librerías, pero compran libros por internet o en Amazon

Las librerías en España siguen siendo el principal canal de venta y el principal canal comercial, las librerías en el sentido más amplio del término, no sólo las que llaman independientes, que es un término que a mí no me gusta –es decir, las librerías pequeñas, literarias o especializadas–, sino también las cadenas de libros, como la Casa del Libro, que tiene 54 tiendas. Son el canal fundamental. Amazon fue muy importante durante la pandemia evidentemente, pero también lo fue el canal de venta on line de la Casa del Libro que funcionó muchísimo. Amazon, aunque siempre ha utilizado el libro como una especie de bandera comercial, estuvo más atenta en vender otras cosas que en vender libros durante los primeros días e incluso semanas de la pandemia. La sensación que me da es que sí que hay un grupo de gente que se ha acostumbrado a comprarlo todo o casi todo on line pero la mayoría de los compradores de libros en España quieren seguir yendo a la librería porque la compra del libro también tiene un punto de experiencia física y después hay un elemento fundamental: el comprador habitual de libros tiene una relación con su librero sólo comparable a la del enfermo o el paciente que cuando va a la farmacia está esperando que le receten lo que le gustará.

 

¿La gente de quien se fía cuando va a comprar un libro? ¿De las reseñas de los medios de comunicación o de internet? ¿Del librero?

Del librero, seguro. El librero es un elemento fundamental. Todo el mundo tiene en su círculo familiar o de amigos algún lector compulsivo y sabio que le explica sus gustos y le dice qué libro o qué novela le ha gustado y cuál no. Sobre todo en la ficción porque en el ensayo lo determina un poco el interés y la temática, pero en las novelas la gente se fía sobre todo de un lector reconocido.

 

Daniel Fernández a la seu d’Edhasa, abril de 2023. Fotografia de Xavier Jubierre.

Daniel Fernández a la seu d’Edhasa, abril de 2023. Fotografia de Xavier Jubierre.

 

¿Amazon es un cómplice o un competidor para la gente del sector?

Amazon es inevitable a estas alturas. Lo que tenemos que entender es que Amazon es el gran distribuidor global de todo y en ese sentido es una maquinaria logística y comercial tremebunda que, además, aspira a venderlo todo, a entregarlo todo. Hace ya cinco o seis años que el dueño de Amazon hizo una demostración a periodistas estadounidenses con drones con su logotipo y explicando que pronto los tendría repartiendo las mercancías, algo que aún no ha sucedido. El amigo Bezos es un rey de la propaganda, no tan loco como Elon Musk, que ha logrado que Amazon sea ese tipo de tienda global que sólo es comparable a la china AliExpress.

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Neix DFactory Barcelona, la fàbrica del futur. Barcelona Zona Franca

El libro le sirvió de gran bandera comercial porque en principio era un sitio para comprar cultura. Luego resulta que en Amazon te puedes comprar lo que quieras. No sólo es parte del paisaje, sino que es casi un ecosistema propio, por decirlo en los términos de moda. Lo que ocurre es que es un ecosistema que aspira a la máxima rentabilidad y eso le ha provocado tensiones con todo tipo de proveedores. Las cosas están cambiando. Este río amazónico que nos ha invadido ya se está canalizando.

Cuando llegaron a España, lo del precio fijo del libro y la ley del precio fijo les parecía que no iba con ellos. Todas las grandes tecnológicas han aprendido no sólo que las leyes van con ellos, sino que la regulación es necesaria porque también les hace la vida algo menos anárquica, no sé si más feliz pero como mínimo menos anárquica. Después nos ayudaron bastante las disposiciones de la Unión Europea, de Bruselas y la actitud de la administración Biden, que, por primera vez, está regulando a las grandes tecnológicas hasta el punto de que estoy convencido de que al final, sobre todo si Biden renueva mandato, dividirá algunas de las grandes tecnológicas. Le dirá a Meta, por ejemplo: Facebook por un lado y Whatsapp por otro. No puedes estar cruzando los datos de todo el mundo y sus intimidades constantemente.

 

Barcelona, Cataluña ¿siguen siendo líderes en la edición de libros en castellano?

Si hablamos de venta en librería, sí. Madrid siempre ha tenido grandes editoriales de libro de texto y todavía las tiene –Anaya, Santillana, SM…–. Tienen un enorme volumen, pero es libro de texto, que es otro tema. Como libro por librerías, el grupo de Madrid ha crecido, pero Barcelona mantiene la capitalidad. No sólo porque tiene el grupo Planeta sino porque Penguin Random House, que es el segundo grupo más importante de edición por librerías, también lo tenemos aquí. Y después puedes sumar todos los medios, los editores de tamaño medio y editores pequeños… Ha habido un importante proceso de concentración. Tusquets la tenemos en Planeta, Salamandra ahora está en Penguin, La Campana también está en Penguin. El proceso de concentración sigue sucediendo, pero Barcelona todavía es la capital española del libro, pese a lo ocurrido en los últimos tiempos.

 

Si Planeta se hubiera ido…

Planeta no se ha ido. No sé si tiene su sede fiscal en Madrid pero la sede operativa está aquí, los libros los hace aquí.

 

¿Cómo va la relación entre el libro en catalán y castellano?

Yo entré en este mundo vía la dirección de Saber y de L’Avenç y toda mi vida he firmado derechos de autor para los traductores. Cuando entré en Grijalbo, que la había comprado Mondadori, eso no era ni mucho menos habitual; y antes todavía menos. De la misma forma siempre, si no iba a editar un libro en catalán –que ha sido la mayoría de las veces, porque edité primero en catalán, pero después la mayoría de mi vida profesional la he hecho en la edición en castellano– nunca he retenido los derechos catalanes. Por el contrario, siempre he querido encontrar complicidades con editores catalanes, secundariamente con alguno gallego y alguno vasco, porque me parece que efectivamente es bueno que seamos capaces de compartir los gastos de un autor que nos visita y que se edita en las dos lenguas.

 

¿Qué ha pasado con el libro en catalán en los últimos años? Que el proceso de concentración que ha habido fue enorme, mucho más exagerado que lo que ocurrió con el mundo de la edición en castellano. En el libro en catalán es necesario reconocer la realidad. Tuvo un momento de relativa euforia en los 80, que tenía que ver con la modernidad catalana. En Madrid estaban en la movida pero nosotros teníamos la modernidad catalana. Además, el libro en catalán tuvo el famoso apoyo genérico con algunas de las perversiones que supone y ahora la edición en catalán sigue teniendo apoyo institucional y ha encontrado una parte de lectores no pequeña, significativa, pero debemos reconocer que el mercado catalán es claramente más reducido que el español.

Han aparecido experiencias muy interesantes. Periscopi o Adesiara, esta editorial de clásicos, están funcionando comercialmente muy bien en catalán y han sido capaces de encontrar un público. Las relaciones entre la edición en catalán y la edición en castellano probablemente son las más normalizadas en mucho tiempo porque a veces parecía no que editaban en lenguas distintas sino que vivían en mundos separados y diferentes, pero ahora buena parte de los editores catalanes están o en Planeta o en Penguin Random House; es decir, están vinculados a grupos que también editan en castellano y al final deberíamos aplicar el principio de que las lenguas sirven para comunicarse no para pelearse.

 

¿Por qué tiene éxito Periscopi?

Periscopi ha construido un catálogo muy sensato y le pasa un poco lo mismo que a Blackie Books: han conseguido encontrar a un grupo de lectores fieles. En esto los editores debemos ser mucho más modestos de lo que normalmente somos. El primer motivo para comprar un libro es normalmente el autor. Los compradores de librería conocen al autor y van a por él. El segundo es directamente la cubierta. El tercero es que ya tienen la recomendación de un amigo o pariente lector o del propio librero. Y después probablemente estamos hablando del precio. La editorial que lo publica queda bastante lejos. Hay editores que pensamos o creemos que tenemos una editorial de bandera y que la gente conoce los libros de Edhasa, Anagrama o Tusquets de manera muy clara pero yo casi diría que el sello editorial es para los muy cafeteros.

Sí que es verdad que hay editoriales que logran un tipo de lector comprador que siempre va a mirar lo que han publicado. Blackie Books, por ejemplo, ha logrado una especie de sensación entre un público joven, publica cosas modernas y bien hechas como los libros de Gloria Fuertes y la ha convertido en nuevo fenómeno de poesía. Periscopi es como una mezcla de literatura y modernidad. Salamandra —Harry Potter al margen, que evidentemente es el que marca la diferencia– había publicado Los puentes de Madison County o la biografía de Lady Di de Andrew Morton y hubo un momento en que empezó a publicar literatura como Cometas en el cielo, este tipo de libro entre exótico y literario, que no es alta literatura y no es difícil de leer y a la gente le iba. Si te ocurre esto, aprovéchalo mientras dure.

 

¿Los 10-12 años que llevamos de proceso independentista han afectado al mundo editorial de algún modo?

Han afectado al mundo editorial sin duda.

 

Este Sant Jordi ya no se han vendido libros del ‘procés’

Quedaban muy pocos. Ha sido una fiebre por decirlo de alguna manera. No quiero rebajar el nivel de lo que ha sido porque ha sido lo que ha sido. En la tradición de la antigua separación entre el seny y la rauxa ha sido un momento de rauxa. Se ha montado una bullanga, que también hay tradición catalana de hacerla. Salieron cinco toros, los cinco salieron malos y esto fue causa de quemar los conventos. Somos lo que somos y es curioso. Es esa Barcelona rosa de fuego y esa Catalunya inflamada que se inflama con las carlinadas. Creo que lo peor de la fiebre era que, en mi opinión, se manifestó como profundamente antidemocrática.

 

En Sant Jordis anteriores se vendían muchos libros de Junqueras, Forcadell, Romeva o Rull. Este año se ha vendido una Enciclopedia del Barça

Sí. Incluso hubo Sant Jordis que una pequeña parte de la sociedad, incluyendo libreros, editores, escritores y lectores, convirtieron también en una fiesta nacionalista más. Esto probablemente ha ocurrido. Todos los que hemos vivido Sant Jordi desde hace muchos años seguimos haciendo lo mismo. En el tenderete de Edhasa seguimos colocando la senyera igual que la hemos colocado toda la vida. ¿Es una manifestación nacionalista? Espero que no, espero que a estas alturas sea una manifestación de identidad.

Cuando la estelada sustituyó a la senyera se produjo una división real de la sociedad y menos mal que todas las instituciones del libro no sólo han resistido y aguantado, sino que han entendido que lo importante era la defensa del libro y que con la libertad de lectura y la libertad de impresión por no decir libertad de prensa cada uno que haga lo que quiera, que la defienda como quiera. Lo único que sí nos pasó es que hubo un momento en que algunos compradores latinoamericanos de libros que venían al Liber, esta feria que se hace entre Madrid y Barcelona, rotativamente cada año, salieron asustados de los discursos oficiales que les aseguraban que no se preocuparan porque cuando fuéramos independientes seguirían amando la lengua española y que ellos podrían seguir viniendo y comprando libros en castellano.

 

Hábleme del precio de los libros. La mayoría de la gente considera que un libro es caro si cuesta más de 20 euros

Los precios de los libros se marcan por barreras psicológicas y algunas son muy evidentes. A partir de los 12 euros hay un tipo de gente a la que le cuesta, quizás porque recuerda que eran las antiguas dos mil pesetas.

 

No habrá muchos de 12 euros

Hay libros de bolsillo que cuestan 12 euros. Probablemente la barrera psicológica más evidente sea, efectivamente, los 20 euros. La evolución del precio del libro nada tiene que ver con la del resto de los elementos de ocio de la sociedad. El libro en comparación con lo que quieras me parece una inversión, no un gasto, barato. Te compras el libro y te lo quedas para bastantes años o de por vida. La gente 20 euros se los gasta con una facilidad asombrosa en dos cañas y dos tapas.

 

Con el coste de las entradas de un concierto de Bruce Springsteen se pueden comprar entre 5 y 15 libros

Honestamente creo que el precio de los libros es asequible y quien quiere ejercer la lectura tiene la tira de posibilidades desde el préstamo entre amigos hasta el bibliotecario. La red de bibliotecas española ha mejorado de forma notabilísima y la red de bibliotecas de Barcelona, del Ayuntamiento y la Diputación, es probablemente la mejor del estado.

 

¿Quién no lee es porque no quiere?

Quien no lee es porque no quiere

 

A los estudiantes de ahora ¿los animan a la lectura? ¿Leen?

Con esto tenemos un problema. Hay estudios de neurólogos y neuropsicólogos que dicen que perder la habilidad de leer y escribir provoca sinapsis, conexiones neuronales, diferentes. No voy a entrar en ello porque no lo sé pero intuitivamente creo que todo lo que nos viene por una pantalla, el clickbait famoso de los medios, estimula la parte reptiliana de nuestro cerebro. Es estímulo-respuesta, una dopamina que te va dopando constantemente. Quieres más estímulos, más respuestas, más estímulos, más respuestas. Yo no puedo evitar mirar a la gente cuando viajo y veo qué hace con sus móviles y lo que hace es muy compulsivo. Lo que están haciendo es pasar páginas a toda velocidad.

«A estas alturas, espero que sant Jordi no sea una manifestación nacionalista sino de identidad.»

La persona que está leyendo un libro se ha abstraído del mundo que le rodea en ese momento y está dentro de sus páginas. Ahora tenemos un reto que es una revolución inesperada: la inteligencia artificial, el ChatGPT. Estoy en contra de llamarle inteligencia artificial porque el lenguaje no es inocente. Nos ocurrió cuando empezamos a hablar de piratería en vez de hablar de robo o de delincuencia. Decir piratería era una forma de blanquear un robo a la propiedad intelectual. Y ahora nos ocurre lo mismo. Le llamamos inteligencia artificial, pero de inteligente no tiene nada. Es una base de datos brutal, en la que nadie ha introducido sentido moral, que no reconoce lo que no sabe. El ChatGPT cuando no sabe algo se lo inventa. Nunca reconoce que no lo sabe o que no tiene información. La máquina está hecha para responder.

 

¿Puede acabar haciendo un libro tan bueno como uno de Gabriel García Márquez?

En música ya ha logrado hacerlo. Le pidieron que hiciera una canción a imitación de Drake y la hizo imitando su estilo, la colgaron en las redes y la gente creyó que era de él. Lo que ocurre es que la creación siempre se produce sobre lo que existe, creamos sobre lo que ya se ha producido. Es verdad que el creador parte seguro de lo que ya se ha hecho, consciente o inconscientemente, pero en la creación siempre acaba descubriendo cosas nuevas. Si no, no funciona. Y a esa inteligencia que llamamos artificial le falta una parte fundamental de la inteligencia, que es ver si es capaz efectivamente de crear. En última instancia, necesitamos regulación inmediata que nos diga, al menos, si el texto o la imagen que estamos viendo lo ha creado una máquina o un ser humano.

 

Cualquier día se presentará alguien en una editorial con una novela hecha por ChatGPT e intentará colarla

Quizás sí. No te digo que no.

 

Actualizar textos de libros clásicos porque ahora suenan a políticamente incorrectos ¿qué le parece?

La cultura woke, que responde a una forma de despertar la conciencia para detectar actitudes racistas, machistas, viene de Estados Unidos. A nosotros nos ha llegado la degeneración de la cultura woke con esa cultura de la cancelación. Yo estoy a favor de contextualizar las cosas. Retirar la estatua de un dictador me parece bien. De eso no tengo ninguna duda, pero en vez de retirar la estatua del marqués de Comillas lo que habría hecho es contextualizarlo. Lo mismo haría en el tema de los libros, que pueden editarse con notas, explicaciones.

En el sistema español es incluso dudosamente legal que puedas modificar la obra de un creador, porque estás obligado legalmente a respetarla. En España o en Francia diría que es de muy dudosa legalidad por no decir que es totalmente ilegal hacerlo. El sistema anglosajón se fija más en las patentes que en los derechos morales. Se fija más en el copyright y permiten más licencias y hacer más cosas. Aquí, hasta ahora, no se nos ha ocurrido. Aquí la libertad de edición e impresión llega a todo el mundo. Nunca se ha prohibido el Mein Kampf, de Hitler, y había gente que lo seguía vendiendo en ediciones semiclandestinas porque por suerte tampoco ha estado muy vinculado a la sociedad española. No ha habido que yo recuerde ni una edición comercial importante, ni ha estado presente en las librerías ni ha habido demanda.

Dudo que se le ocurra a nadie en España coger las novelas de Roald Dahl y cuando dice que un niño es gordito cambiarlo porque puede ofender a los niños con sobrepeso. Me parece aberrante. Es verdad que siempre ha habido versiones edulcoradas para niños. Los viajes de Gulliver ha tenido muchas versiones que lo han convertido en unos libros infantiles que no son Los viajes de Gulliver. Se debe leer en serio y se debe respetar lo que han hecho los creadores. Es hacer entrar en nuestro molde moral e ideológico los 25 siglos de cultura anteriores. Hay quien dice que las pasiones humanas son las mismas en todas las épocas. Probablemente sí, pero no me dirá usted que el matrimonio en el siglo XIII es el mismo que el matrimonio libre del siglo XXI. Nada que ver.

 

¿Que el Premio Planeta sea de un millón de euros no es una exageración?

El Premio Planeta es una operación comercial muy exitosa. No creo que pierdan dinero en ningún caso con él. Es una maquinaria tan importante, que está presente en España y en América Latina, que les funciona, pero incluso si perdieran dinero esto forma parte de la vida de todo editor. El editor sabe que más o menos la regla que le funciona es la del 80-20, que se aplica también en muchos órdenes de la vida. Con el 80% de los libros que publicas pierdes dinero y con el 20% restante debes conseguir el dinero suficiente para mantener la pérdida de los demás y la propia rentabilidad del negocio.

Antes decía que no me gusta el término «libreros independientes». Tampoco me gusta el término «editores independientes» porque en realidad la independencia de cualquier negocio, también del negocio editorial, es que consigas beneficios suficientes como para pagar las nóminas, los derechos de autor, la imprenta, el papel. Hay que vivir.

 

¿Hay muchos escritores que se ganen la vida escribiendo?

Los escritores que se ganan la vida escribiendo son una minoría. Con la pandemia el gobierno puso en marcha ayudas sociales para los músicos, los regidores de teatro, la gente del circo… A nadie se le ocurrió ayudar a los escritores porque la conciencia social ante un escritor es que ese hombre o esta mujer se ganará la vida de algún modo aparte de escribir libros, tendrá un trabajo serio, ¡vaya!, no pretenderá vivir de escribir. Y esto todavía ocurre. La producción editorial española es muy grande y amplia y el número de quienes viven de publicar sus libros es muy reducido.

Sin embargo, en los últimos 20 o 25 años se ha consolidado un núcleo de gente importante mucho más amplio del que existía a mediados del siglo XX de gente que vive directamente de la literatura. A Pérez Reverte o Muñoz Molina se les ha añadido mucha gente nueva. El proceso de concentración de las editoriales tiene también un relativo correlato en el proceso de concentración de compra de algunos títulos determinados. Aquí también deberíamos hablar de desigualdad. Hay muchos libros que venden muy poco, hay unos pocos libros que venden mucho y la franja del medio es la que depende de estos lectores fieles a una temática, unos intereses, un sello literario o una bandera.

 

Los escritores en catalán que se ganan la vida con sus libros aún deben ser menos

Sí, sin duda, pero hay gente que estoy seguro que vive de escribir y de las traducciones de sus libros. Albert Sánchez Piñol es un ejemplo evidente.

 

También está la escritora Júlia Bacardit que dice que no quiere que le traduzcan los libros al castellano

Creo que es una tontería. Creo que no deben prohibirse, rechazarse lenguas. Si alguien traduce un libro al chino, fantástico mientras no lo mutilen, ¿no?

 

¿Le gustan los libros de memorias?

Sí, me gustan los libros de memorias.

 

¿Hará las suyas? ¿En qué editorial las publicaría?

¡Uy qué idea! Creo que no voy a publicarme a mí mismo. Seguiría el precepto de Groucho Marx de no formar parte de un club que me acepte a mí como socio. Nunca me lo he planteado. Apuntes de algunas cosas, sí, porque tengo algunas vivencias, algunas anécdotas creo que divertidas, pero no sé. Quizás publico algún día un anecdotario.