Recuerda Tolstói, al inicio de Anna Karenina, que todas las familias felices se parecen las unas a las otras, pero que las infelices lo son cada una a su manera. En política, no es diferente. Las victorias, cuando lo son realmente, son celebradas y producen resultados en igual medida. Pero es la adversidad política la que realmente define el futuro de quienes la sufren, y lo hace de una manera genuina y particular. La XV legislatura será la historia de cómo los partidos políticos españoles tendrán que gestionar sus derivas en un contexto en el cual todos, sin ninguna excepción, bordearán el precipicio, y algunos se despeñarán. Eso sí, cada uno a su manera.

Las elecciones de julio de 2023 repartieron adversidad y fortuna a partes desiguales, siguiendo un patrón propio de la década que culminaron: victorias electorales modestas, fragmentación parlamentaria notable, elevada polarización, gobiernos con poco apoyo electoral, y oposiciones eclipsadas por sus incoherencias internas. Esto abocaba necesariamente a innovar en la fórmula de mayorías parlamentarias, como pasa desde 2015.

Hay que matizar, no obstante, algunos aspectos importantes de la dinámica de la competición política derivada del 23-J. PP y PSOE han recuperado terreno, pero no lo bastante como para contener la influencia del resto de grupos sobre la gobernación. Ciertamente, la fragmentación se ha reducido, tanto en términos electorales como parlamentarios, respecto a los últimos años. A pesar de que los dos grandes partidos incrementaron la concentración de votos el pasado mes de julio, no han crecido bastante para beneficiarse del efecto reductor del sistema electoral (el pasar de votos a escaños) como lo hacían en el pasado. Esto les ha impedido beneficiarse más del retroceso de los escaños de sus principales adversarios a derecha e izquierda, respectivamente. A pesar de haberse producido más fragmentación electoral en 1977, 1979 o 1989 que en 2023, aquella fragmentación se traducía en menos fragmentación parlamentaria que hoy. De ahí la paradoja: a pesar de que hoy PP y PSOE tienen más apoyo que en los últimos diez años, su dependencia de los partidos menores resulta más determinante.

Para leer el artículo completo escoge una suscripción de pago o accede si ya eres usuario/suscriptor.