Hay mensajeros más importantes que el mensaje, incluso los hay que ellos son el mensaje, mientras que lo que traen es muy manido, y si interesa, conmueve o embauca es por razón de la autoridad atribuida al mensajero. Es el caso de TV3, que consigue, día tras día, hacer pasar las banalidades de lo que queda del procés por noticias de portada.

Es el caso también del semanario alemán Der Spiegel (“El espejo”) que como mensajero todo lo que toca es noticia, y encima juega el Mundial, no una liga regional.

Der Spiegel —el más acreditado medio de Alemania, una tirada de más de un millón de ejemplares, conocido en todo el mundo, revista de cabecera de los políticos y los empresarios que deciden, empieza temas nuevos convirtiéndolos en debate público, un estilo propio, lingüísticamente cuidado y a la vez desinhibido, en ocasiones de un provocador que roza el populismo, cultivando, no obstante, un cierto rigor académico— se ha ganado una reputación de “arma de asalto de la democracia” y, si el calificativo no estuviera tan gastado, diríase que incluso es “progre”. Por todo junto, no deja indiferente casi nadie.

Pues bien, el número del pasado 30 de diciembre impacta y continúa despertando un interés inusitado. En la portada exhibe un fotomontaje de un Karl Marx rejuvenecido, pose desafiante, mirada inquisitiva, barba patriarcal, mostacho oscuro, rizado, en mangas de camisa de color verde, una chapa con la leyenda “There ist no Planet B”, los antebrazos tatuados con una simbología feminista y “ecolo”, el izquierdo con las letras “Das Kapital”, el título de la obra del siglo XIX más influyente del siglo XX.

El título del reportaje: “¿Tenía razón Marx?” y el subtítulo “Por qué el capitalismo ya no funciona y cómo se deja renovar”. La llave para captar el sentido del reportaje radica, precisamente, en el párrafo final del subtítulo: “und wie er sich erneuern lässt”. La traducción del alemán admite matizaciones, por ejemplo, “y cómo se puede (o podría) renovar”, pero creo que la intención subyacente del reportaje queda reflejada mejor con una traducción literal “y cómo (el capitalismo) se deja renovar”.

La mayor parte del reportaje es una crítica despiadada del capitalismo (actual): asesino del clima, de la naturaleza, de la vida; preocupado solo por el consumo, los beneficios, el crecimiento; únicamente el 10 % de la población participa del bienestar económico que se le atribuye; el mercado no es la solución, al contrario; la industria financiera carbura cada vez más gracias a nuevos excesos; el viejo orden económico es caduco, destructivo; el “turbocapitalismo” no es la respuesta correcta; Marx ya pronosticó hace 150 años los peligros del capitalismo para el planeta, ¡Basta de crecimiento!; la riqueza existente tiene que ser repartida mejor sin más excusas…

PUBLICIDAD
Neix DFactory Barcelona, la fàbrica del futur. Barcelona Zona Franca

El historiador económico británico Adam Tooze, una autoridad mundial, hace una síntesis pesimista: “Bienvenidos al mundo de la policrisi”. “Un problema colosal trae otro igual y todos se encadenan: crisis energética, colapso climático, guerras comerciales y, finalmente, la amenaza de Guerra Mundial”.

Nada nuevo, todo se ha dicho a manta. La novedad es el mensajero con el mensaje: ahora toca renovar el capitalismo… desde el capitalismo, y el destinatario sobreentendido ha sido el Foro de Davos 2023, inquietos los participantes este año por la pobreza global que ayudan a crear por encima de la riqueza que crean para el 10 %.

Las soluciones que aparecen en el reportaje son las que avala el mensajero: un “sanfteren Kapitalismus”, un capitalismo “suave”, plácido: menos mercado, más fiscalidad, menos crecimiento, o sea, algo menos de todo, pero todo, con mercado y con crecimiento pues. ¿Quién determinará cuánto de cada cosa? Nadie habla de ello, in dubio, pro capitalismo. A lo largo del trabajo, remarcable en diversos aspectos, en ningún momento se cuestiona el capitalismo, únicamente sus excesos, su brutalidad.

Y Der Spiegel continúa haciendo el inventario de la repesca de Marx.

El Marx de la portada es un personaje “tartarinesco”, simpático, repescado, que gusta a los empresarios. Algunos se pondrían ya al frente de la renovación, como Ray Dalio, fundador del mayor Fondo de cobertura del mundo, multimillonario con más de 22.000 millones de euros, que considera que “el capitalismo ya no funciona para la mayoría de la gente” y que “tendría que ser renovado en profundidad y con urgencia, sino desaparecerá, merecidamente”.

Para Der Spiegel dice mucho sobre la situación del mundo el hecho de que conocidos supercapitalistas de pronto se manifiestan como fans de Karl Marx.

También gusta a los mileuristas que, frustrados, resignados, indignados, ven la posibilidad de una nueva vida en las ideas socialistas. En los Estados Unidos el 49 % de los jóvenes de 18 a 29 años tienen una (sorprendente) opinión positiva del socialismo. La congresista norteamericana Alexandria Ocasio-Cortez, 32 años, con más de veinte millones de seguidores en las redes sociales y que se identifica con el socialismo democrático, exige un 70 % de impuesto sobre la renta para las grandes fortunas.

La mediática e influyente economista ítalo-norteamericana Mariana Mazzucato se desdice de insistentes posiciones anteriores: “el mercado sólo no tiene ninguna posibilidad en la lucha contra los desafíos del siglo XXI, sobre todo en lo que concierne al cambio climático”, “el Estado tiene que intervenir, señalar la dirección, establecer objetivos ambiciosos”. La activista del clima Carla Reemstsma, descendiente de una acaudalada familia de tabaqueros alemanes (los populares cigarrillos “Ernte 23”, 8,20 € el paquete): “ninguna confianza más en el crecimiento”, “como sociedad tenemos que volver a preocuparnos por las cosas colectivas”.

 

Gusta (mucho) a las mujeres, que hacen atrevidas aportaciones.

La filósofa y feminista alemana Eva von Redecker: “las mujeres traen al mundo criaturas, producen vida, los hombres producen cosas, mercancías” y la respuesta a la crisis “un socialismo para el siglo XXI, basado en Marx, pero repensado”. La directora de la London School of Economics, el reputado centro del liberalismo “progre”, Minouche Shafik, miembro de la Cámara de los Lores: “el Estado tiene que invertir masivamente en educación, en infraestructuras, en todo aquello necesario para la igualdad de oportunidades”, “la buena convivencia social necesita nuevas reglas”.

Todo muy Der Spiegel, bien atado y orientado. La denuncia del capitalismo es tan dura proviniendo de quien proviene que se podía esperar algo más que una “renovación”, que se defendiera una reforma a fondo ante los estragos del capitalismo o que se dijera que esta solución sería tan traumática y de un coste humano tan elevado que mejor dejarlo correr y aguantarnos con lo que hay, intentando limar las aristas del capitalismo. Pero ¿quién las limaría?

Según lo que se desprende de la mayoría de las opiniones recogidas por los redactores y que impregna todo el reportaje, el Estado, que sería el encargado por el capitalismo… de renovar el capitalismo. Eso también se deduciría del subtítulo: “er sich erneuern lässt”, el capitalismo “se deja renovar”, puesto que solo “desde” el Estado se podría renovar.

En todo caso, Der Spiegel incita a pensar. Y el tema del capitalismo vale la pena aunque sea empezado de nuevo con una determinada orientación, que el lector es libre de aceptar o abandonar.