Con cada una de sus películas, Jonás Trueba se va acercando más y más a un tipo de cine que no es demasiado habitual en el panorama español. Alejado de los cánones de la industria, proclive a métodos más o menos artesanales, partidario de trabajar con equipos pequeños y presupuestos reducidos, Trueba es responsable de una obra que hasta el momento comprende seis largometrajes y un curioso experimento. Este último, titulado genéricamente Quién lo impide, puede verse de distintas maneras: como una serie de cuatro episodios independientes, como una película de tres horas y cuarenta minutos de duración o como una especie de material mutante, presto a tomar una forma u otra según el montaje al que se someta.

Desde su ópera prima, Todas las canciones hablan de mí (2010), hasta La Virgen de agosto (2019), que lo consagró a escala europea, su cine ha experimentado una evolución que lo ha hecho desplazarse desde un realismo en la órbita del cine francés de la Nouvelle Vague hasta un estilo mucho más personal, ambiguo y evanescente, que culmina ahora con Tenéis que venir a verla (2022), su último trabajo, quizá una crónica generacional, puede que una historia de la pandemia, seguramente un artefacto mucho más complejo y multiforme que todo eso.

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La Virgen de agosto se acercaba a un personaje en principio humilde e insignificante para contemplarlo desde una mirada de inspiración documental. Una muchacha se queda en Madrid durante un mes de agosto sofocante, cuando casi todo el mundo se ha ido de vacaciones, y allí, merodeando por verbenas y fiestas populares, deberá enfrentarse a alguna que otra epifanía que nunca hubiera pensado experimentar.

El film llamó la atención por el modo en que Trueba partía de la realidad más inmediata, filmando esas celebraciones in situ, y de ahí se trasladaba a zonas más resbaladizas, que no quedaban del todo explicadas, como si la cotidianeidad de la protagonista ocultara otras realidades paralelas. Pero no se trataba de cine fantástico, ni mucho menos. Para Trueba, como sucede en buena parte del cine que más le gusta, el mundo no es un lugar unidimensional, no responde a un espacio y un tiempo únicos, sino que se despliega en múltiples capas, algunas de las cuales no somos capaces de ver simplemente porque no sabemos mostrarnos perceptivos a su complejidad.

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