La primera etapa de este siglo XXI está llena de retos y de riesgos de todo de tipo. Unos y otros, incluso los daños que de ellos se pueden derivar, son menores si se hace una buena gestión. Y, en el supuesto que ahora nos ocupa, la buena gestión tiene que ser pública, pero no solo pública.

Uno de los retos actuales de carácter social, heredado de las últimas décadas del siglo pasado, es afrontar el hecho de las migraciones de una manera responsable, sostenible, efectiva, solidaria, colaborativa y prolongada, para evitar improvisaciones, y —lo que es más importante— para garantizar los derechos de las personas inmigradas que llegan a Cataluña y al resto del Estado, como también los derechos de las personas de acogida.

Estos seis adjetivos serían los mínimos exigibles a una buena política pública de inmigración, diseñada a partir de una evaluación previa y cuidadosa de los problemas de integración y de las causas que generan, tantas veces, una convivencia poco armoniosa entre gente de procedencia, cultura y religiones muy diferentes. El objetivo clave de cualquier política de inmigración tendría que ser evitar la segregación de la población por barrios, por vecindarios o por calles, un hecho demasiado extendido dentro de nuestras ciudades, no tanto en nuestros pueblos.

La inclusión social y económica de la población extranjera supone un desafío y, a la vez, una aspiración para todos los gobiernos con responsabilidades en el ámbito de la inmigración y, sobre todo, para las comunidades locales. Sí, son los ayuntamientos, como administraciones más próximas y en la primera línea de acción —si bien con menor capacidad de decisión—, los que tienen que hacer frente a muchas de las dificultades que sufren las personas recién llegadas.

Los beneficios de la inmigración, que hay muchos, revierten en el conjunto de la sociedad, pero no las problemáticas, las cuales son más localizadas y vividas de manera desigual según a dónde se llegue y/o según dónde se viva. Entonces, podríamos decir que hoy en día una buena gestión pública de la inmigración seria aquella orientada a buscar soluciones efectivas y definitivas en una realidad social que nos genera conflictos que tenemos enquistados. Y el enquistamiento se debe, entre otras razones, a un reparto normativo de responsabilidades políticas y administrativas que ha quedado desfasado.

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