Nos hemos cansado de repetir que vivimos en la sociedad del conocimiento, que necesitamos una ciudadanía formada y creativa y que, por lo tanto, recurriendo a la expresión de Pasqual Maragall cuando accedió a la Generalitat, las tres prioridades de cualquier gobierno tienen que ser educación, educación y educación. Aun así, la educación vive momentos de desconcierto; asediada por dudas sobre su presente y, al mismo tiempo, viviendo también momentos cruciales para definir sus horizontes de futuro.

En las páginas que siguen encontrarán tres artículos y una entrevista que suscitan una reflexión sobre el presente y el futuro de la educación; mostrando tanto los déficits actuales como las oportunidades que se abren.

De entrada, el artículo de Fabricio Caivano nos habla de la educación en términos generales, situando su mirada en la escuela. Una escuela que lleva tiempo rodeada de un intenso –a menudo incluso agrio– debate público. El texto subraya la centralidad de una educación que presenta como la acción de labrar, sin la cual obviamente no podremos recoger ninguna cosecha; a la vez que apunta la complejidad de acertar en el equilibrio entre la mente y el corazón, entre el rigor y la espontaneidad, entre la razón y la empatía o entre la diversión y el esfuerzo y la obediencia. La educación es hoy un desafío y nos propone reflexionar no solo sobre qué mundo estamos dejando a nuestros hijos, sino también sobre qué hijos e hijas estamos dejando en el mundo.

Los artículos de Carles Ramió y Quim Brugué se centran en un ámbito que, paradójicamente, tendemos a obviar cuando hablamos de educación: las universidades. Y claro está, la entrevista a Joan Subirats, ministro de Universidades, nos sirve para enmarcar estas reflexiones. Tanto Ramió como Brugué parten de los buenos resultados que obtienen las universidades españolas y destacan el mérito de hacerlo en unas condiciones muy precarias. Estos buenos resultados se reflejan en los rankings internacionales, pero esconden algunas debilidades de fondo. En este sentido, Carles Ramió destaca la progresiva importancia de las universidades privadas, que estarían abriéndose camino aprovechando las debilidades de la Universidad pública tanto en relación con la docencia como en su orientación profesional. El catedrático de la UPF también se fija en las dificultades de un modelo de gobernanza que define como democrático pero que carece de criterios meritocráticos.

Por su parte, nuestro colaborador Quim Brugué destaca la pasividad de la reacción ante los recortes universitarios que se explicaría, entre otras razones, por la carencia de un debate público sobre nuestras universidades. No están en la agenda política y, además, sufren algunas paradojas como las que se presentan en el artículo: la paradoja de una Universidad cada vez más competitiva pero también más burocratizada y la paradoja que se genera cuando constatamos tanto el envejecimiento del profesorado como la infantilización del alumnado.

Finalmente, la entrevista al ministro de Universidades permite situar el papel de la nueva ley, la LOSU, en esta discusión. Joan Subirats reflexiona sobre las universidades y explica los contenidos de la Ley a partir de tres ideas básicas: respeto a la autonomía de las universidades, asumir la diversidad tanto en la orientación como en la gobernanza de las diferentes universidades, y marcar orientaciones de futuro en términos de formación a lo largo de la vida, ciencia ciudadana, microcredenciales e internacionalización.

En definitiva, unos artículos que pretenden contribuir a configurar un debate imprescindible donde las tres principales prioridades son educación, educación y educación.