El agua en Cataluña, y en el mundo mediterráneo en general, siempre ha sido un problema: o bien hay demasiada o bien hay muy poca. Son numerosos los episodios de riadas y sequías que están documentados a lo largo de la historia y que testimonian los extremos a los cuales está sometido nuestro país. Últimamente, estos extremos se están intensificando debido a los cambios que se están produciendo en el clima y que, según el último informe del panel intergubernamental para el cambio climático, ya preveía una afectación más acusada en la zona mediterránea.

La intensidad, duración y persistencia de la sequía actual es una muestra de la intensificación de estos episodios extremos. Hemos encadenado rachas de hasta 60 días consecutivos sin lluvia apreciable, se han sucedido varias olas de calor de forma reiterada y se han registrado temperaturas máximas históricas, como los 45,1 °C registrados en el embalse de Darnius-Boadella y en Navata (Alt Empordà) el pasado 18 de julio de este año.

Es posible que la situación actual de carencia de agua acabe con un episodio de lluvias contundentes que llene los embalses y asegure todos los usos y demandas durante un par de años. A pesar de ello, hay que entender que hoy en día tener los embalses llenos no significa que no haya sequía, puesto que hace falta que los acuíferos también se recuperen y no lo harán con lluvias intensas sino con una situación de lluvia constante de baja intensidad.

Ante esta situación, tenemos que entender y asumir que la sequía es, hoy en día, un hecho permanente, y que se amortigua o se interrumpe cuando disfrutamos de periodos de lluvia más o menos extensos, pero que se reactivará una vez acabe la secuencia de lluvias.

El papel de los gestores del agua es y será cada vez más importante y fundamental a la hora de planificar, organizar y diversificar el origen de los recursos hídricos para asegurar y satisfacer todas las demandas de agua en un futuro que se entrevé amenazante. En un escenario donde el agua procedente de fuentes llamadas convencionales, es decir, de ríos y acuíferos, será cada vez más esporádica o más irregular habrá que aumentar la cantidad de agua de las fuentes llamadas no convencionales, es decir, las que provienen de la desalación de agua del mar o de la reutilización del agua depurada.

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