¿Quién recuerda que el Liceo tenía compañía propia de ballet? De acuerdo, era el siglo pasado, en las postrimerías, pero solo hace veintiséis años. La memoria, sin embargo, parece haber borrado del baúl de los recuerdos una actividad liceísta que acabó tristemente un día de 1998 después de un acto de conciliación en la Magistratura de Trabajo en el que se firmó la liquidación a los componentes que quedaban de la que había sido masa estable del teatro.

Un grupo de bailarines de la compañía, reunidos en la asociación LiceXballet creada en 2012 se propusieron recuperar la memoria histórica y conseguir un fondo documental propio. El resultado se podrá ver en otoño en forma de libro, El silenci de la dansa. Ballet del Liceu. Se explica la historia del ballet en el teatro barcelonés y muy especialmente el trabajo que como bailarín, coreógrafo y maestro hizo Joan Magrinyà, figura dominante de la danza en Cataluña y España en unos años en que el ballet era un territorio baldío. En conversación con política&prosa, Guillermina Coll, Carmen Cavaller y Toni Gómez, impulsores de la asociación y del libro, aseguran que el objetivo no es poner en cuestión la deriva que ha tenido el ballet en el Liceo, sino exponer la información que han reunido.

Cuando nació el Liceo lo hizo con ballet incluido. En la inauguración, el 4 de abril de 1847 no había ópera. El programa lo formaban piezas teatrales, musicales y el ballet La Rondeña con música de Josep Jurch y Rivas y coreografía de Joan Camprubí. A partir de aquel momento y hasta la llegada del empresario Joan Antoni Pàmias al teatro cien años después, la historia del ballet en el Liceo fue una especie de montaña rusa. La década de los 60 del siglo XIX fue de decadencia.

La llegada en 1873 de Roseta Mauri como primera bailarina reavivó la afición, que volvió a decaer cuando se fue para convertirse en primera bailarina del Ballet de la Ópera de París donde fue inmortalizada por el pintor Edgar Degas. El momento de decaimiento duró poco porque pronto, en 1880, llegó otra estrella, Pauleta Pàmies, quien, cuando dejó de bailar, se convirtió en la maestra de baile vitalicia del teatro. En esta capacidad formó a bailarinas que después harían carreras importantes como Rosita Segovia, Teresina Boronat, María de Ávila y la maestra de castañuelas Emma Maleras.

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