Manuel de Solà-Morales pronunció la conferencia de apertura solemne del Año Cerdà en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona el once de junio de 2009. Entre piedras y tapices, delante de la sociedad barcelonesa y de las autoridades municipales, presentó ideas y argumentos sobre Cerdà y el Eixample, sobre su actualidad y sentido histórico, sobre su valor urbano. Fue muy bien acogido. 22cerdà@bcn es el texto escrito de aquella conferencia que, trece años más tarde, mantiene su vigencia política y cultural.

Es un texto que culmina cuarenta años de reflexión —junto al Laboratorio de Urbanismo de Barcelona— dedicados al estudio de los ensanches del siglo XIX, del Cerdà urbanista, y a la interpretación del Eixample existente y a su evolución. Cierra un largo recorrido de investigaciones que han aportado precisión historiográfica y rigor metodológico para entender los procesos de formación y gestión del Eixample, su dimensión económica, las pautas de implantación y localización geográficas y culturales, y su valor como infraestructura, formal, material, sensual. Es una investigación que ha ayudado a establecer el sentido de la teoría y práctica del Eixample —de los ensanches— en la cultura urbanística contemporánea.

A partir del pretexto de la presentación y lectura crítica del plan 22@ —implantación de nuevas normas y usos mixtos sobre la cuadrícula Cerdà en el antiguo sector industrial del Poblenou— Manuel de Solà-Morales actualiza su visión del Eixample, presente y futuro. Cómo orientar el futuro de las ciudades es, desde siempre, una de sus preocupaciones: ¿qué instrumentos —técnicos, intelectuales, culturales— son necesarios para determinar su evolución? ¿Cómo se combinan crecimientos espontáneos o planificados, trazados y proyectos urbanos, piezas aleatorias e infraestructuras para conducir una visión pública, colectiva, del espacio urbano?

El aforismo «una infraestructura de apoyo y una idea de urbanidad» para explicar cómo hacer ciudad sintetiza la visión del fenómeno urbano materializado en las calles del Eixample. En el texto de la conferencia, claro y preciso, hace un recorrido por un amplio abanico de cuestiones: implantación y estructura, tamaño de manzanas y calles, encaje con la ciudad; también sobre regularidad y deformación, rigidez y flexibilidad, escala y límites territoriales. Es interesante la dialéctica que plantea entre el proyecto del Eixample y la Teoría General de la Urbanización que refuerza la visión genérica de la ciudad como «sistema de ideas». Y, en el fondo de todos los argumentos, late la idea de la racionalidad reguladora de la cuadrícula como fundamento de belleza urbana.

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También conviene destacar del artículo los argumentos sobre el necesario salto de escala de Barcelona para afrontar el futuro; salto adelante equivalente a lo que significó el Plan Cerdà hace más de ciento cincuenta años. Manuel de Solà-Morales propone —«ya que tengo la palabra, me permito opinar»—, para la «construcción» de la metrópoli, más mental que física, una suma de acciones integradas en un programa colectivo, temático y político —el apoyo—, centrado en acciones concretas y puntuales —la idea—, para responder a los retos de interdependencia y complejidad de la ciudad metropolitana; ¡más de intersecciones que de manzanas!, dice. Enlaza y cierra con una visión del valor metropolitano del Eixample como encrucijada de barrios centrales.

 

Una suma de ideas

Quizá el aspecto más relevante —representa una proporción importante en el texto— son las ideas sobre la dialéctica entre las características genéricas y las singularidades, deformaciones y rupturas que acentúan la riqueza de los tejidos, distintos, pero de pautado regular. Viene de lejos; así lo describe en el capítulo dedicado al Eixample en las Diez lecciones sobre Barcelona: «…hemos sostenido otra mirada: aquella que ve en el Eixample real una suma de una y de muchas ideas a la vez, como un gran proyecto inicial y muchos proyectos menores superpuestos, como una dialéctica entre leyes generales y soluciones particulares, como tensión entre regularidad y variedad, entre utopía y nostalgia, entre individualidad y norma, entre trazado y arquitectura». Este es, definitivamente, para Manuel de Solà-Morales, el verdadero valor del Eixample de Barcelona, el incierto potencial creativo que sugiere, el necesario desorden que acoge. Es el valor de la deformación y alteración del patrón regular de base que lleva implícitas, desde la intención de totalidad inicial, las diferencias que lo califican.

Para Solà-Morales, el verdadero valor del Eixample de Barcelona es el incierto potencial creativo que sugiere, el necesario desorden que acoge.

Diferencias: así llamaban en la Castilla del siglo XVI a las variaciones musicales. La analogía permite describir la importancia de la pauta reiterativa, basso ostinato, sobre la que se desarrolla un tejido de matices que ni son repetición coloreada ni variaciones sobre la deconstrucción —armónica, melódica, rítmica— de un tema; más bien son el desarrollo iterativo de un motivo musical que se declina en múltiples presentaciones para construir una unidad hecha de diferencias.

Entre muchos ejemplos, las delicadas alteraciones rítmicas sutilmente sincopadas de la letanía —cantus firmus repetido once veces— de la Sonata sobre Sancta Maria, ora pro nobis de Claudio Monteverdi. Esta analogía ayuda a entender el sentido urbano del Eixample, ejemplo de urbanismo regular, quizá repetitivo, que ha generado un nivel de complejidad único, sin equivalente en las grandes urbes europeas; la riqueza y variedad de su tejido no se declina desde la unidad estructurada de su origen lejano sino desde las diferencias, pautadas o aleatorias, que ha generado a lo largo de más de ciento cincuenta años.

Solà-Morales advierte del riesgo de la manipulación de los elementos constituyentes de las calles del Eixample: acera, árbol y vial.

Esta visión, poco estructural, parece que es difícil de entender. Hoy el Eixample está de actualidad; la simplificación para reducirlo a un modelo aparentemente manejable centra las decisiones de los responsables municipales. Es indiscutible la necesidad de afrontar los déficits ambientales que pesan sobre él, reduciendo la circulación privada y ampliando los espacios calmados, aportando vegetación y despejando las calles de trastos, pero lo que se está imponiendo —¡lo llaman modelo!— debilita la diversidad y unifica en una estructura, de escala equivocada, la complejidad lograda, desequilibrando los usos en un movimiento pendular de resultado tan nefasto como el producido durante décadas por el dominio del vehículo privado; la pérdida de criterio se concreta en redibujar superficialmente algunas calles del Eixample.

Volviendo a la conferencia de 2009, merece la pena destacar como, de forma genérica, Manuel de Solà-Morales advierte del riesgo de manipular los elementos constituyentes de las calles del Eixample, acera, árbol y vial; no como argumento estilístico, ni de uso o capacidad, sino por la consideración de su forma y materialidad como infraestructura de la ciudad.

La lección magistral se pronunció en un contexto institucional, formalmente académico, como corresponde a este tipo de efemérides, pero la intención política era la de utilizar la celebración para abrir un debate amplio y poliédrico sobre el futuro de Barcelona. Así quedó reflejado en los distintos actos divulgativos y simposios especializados; también en las exposiciones —especialmente en la del CCCB, Cerdà i la Barcelona del futur; realitat vs. projecte (Busquets y Corominas, comisarios). Así lo entendió Manuel de Solà-Morales en su lección en el Saló de Cent ante un auditorio ciudadano, académico, económico y social, cultural y profesional, político. Solo han pasado trece años, pero ni la visión compleja y poliédrica del Eixample ni las consideraciones sobre la nueva escala, metropolitana, de Barcelona han dejado huella.

 

Polémica banal y superficial

Parece que el consenso cultural y cívico de respeto a la autoridad intelectual de Manuel de Solà-Morales sobre la delicada complejidad del Eixample, su perfección racional insatisfactoria, su capacidad para sintetizar dimensiones que lo trascienden, se ha truncado; solo ruido y polémica áspera, banal y simple, superficial, eslóganes y consignas. El espíritu del Saló de Cent, lugar de encuentro y de intercambio, de diálogo y de respeto, no ha resistido la inmediatez y la frivolidad de la actuación pública. Se ha olvidado la inteligencia y sabiduría de la lección de 2009 que el Ayuntamiento promovió y todo el mundo aceptó como síntesis prospectiva para una nueva etapa del urbanismo de Barcelona. Quizá ya no podemos decir, como él dijo entonces, que «es una idea de ciudad, de convivencia, de esfuerzo y de respeto, la que la trama de apoyo del Eixample garantiza».

Y quizás tendremos que volver, todos, al Saló de Cent para releer colectivamente, entre otros, el texto de Manuel de Solà-Morales.