Ahora se sabe que cuando el economista candidato gritaba «¡Viva la libertad, carajo!» no se refería a la libertad de los 47 millones de argentinos sino a la de los Mercados, con mayúscula. Y que si ganó las elecciones porque sus votantes creían que «decía lo que pensaba», en realidad Milei no había dicho nada y en ese silencio ocultaba la operación política más favorable a la élite económica del país y al mundo de las finanzas internacionales. «El programa más ambicioso en la historia de la humanidad», como él asegura sin el menor pudor.

Un programa en el que los negocios del Estado y los negocios de los amigos, de un lado, y la economía real, del otro, se enfrentan en un conflicto mortal y moral. Y esa era, ni más ni menos, la parte oculta, oscura –dramática para millones de argentinos– que hoy impugna la figura del gran león libertario que decía ser Javier Gerardo Milei.

El 19 de noviembre de 2023, 14 millones de argentinos, el 56% de los electores, compran el discurso anarcocapitalista sin saber qué significa, votan a Milei en el balotaje final y lo hacen presidente. Un accidente previsible: el otro candidato, Sergio Massa, llegaba al ring electoral con el peso de un millón y medio más de pobres como resultado de su gestión y era improbable que ganase.

Al día siguiente de su asunción, el 11 de diciembre, subsiste el enigma: la mayoría de los argentinos y la mayor parte de sus instituciones no saben quién es realmente Javier Milei, el responsable de reflotar el transatlántico hundido. El Milei de los prolegómenos ha escondido tanto al anónimo economista del pasado como al presidente que tiene pensado ser. Tardarán poco en descubrirlo.

 

La construcción del personaje

Rebobinemos. ¿Quién es el anónimo economista que el 28 abril del 2015 pronuncia sus primeras palabras en la televisión mientras se mueve inseguro ante las cámaras? Nadie lo sabe, salvo un reducido grupo de economistas liberales. El recién llegado se identifica: «Soy Javier Milei, economista jefe de la Fundación Acordar», un laboratorio de ideas que financia Daniel Scioli, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, y dirige Guillermo Francos, a quien, sottovoce, se le conoce como «el infiltrado del armenio». Por Eduardo Eurnekian, uno de los empresarios más poderosos y ricos del país.

De hecho, Milei trabaja también para Eurnekian en la Corporación América, un conglomerado propiedad del magnate de origen armenio que incluye distintos sectores industriales como el aeroportuario, la agroindustria, la energía y sus infraestructuras, la televisión, y que cotiza en la Bolsa de Nueva York desde 2008. Pero en esa primera aparición, pese a que lleva siete años trabajando en la Corporación de Eurnekian, no lo hace público. Menciona tan solo la Fundación Acordar.

Que Milei sea un absoluto desconocido no significa que proceda de un espacio neutro, indeterminado. Proviene de un entorno netamente conservador que puede calificarse como próximo a la derecha radical. Cuando pisa el primer plató televisivo, su geografía mental es la economía en su faceta casi religiosa. Es un fundamentalista del uso de la economía como instrumento de extinción del enemigo, léase reglas democráticas, consensos, derechos sociales, oposición o cuestiones morales.

Es un fundamentalista del uso de la economía como instrumento de extinción del enemigo, léase reglas democráticas, consensos, derechos sociales, oposición o cuestiones morales.

Todo eso no importa en la Argentina de ese momento. Milei es el candidato de la frustración más que otro nuevo candidato de la política. Su carrera será espectacular: apenas dos años después, en diciembre de 2017, nace la primera cuenta fan en Youtube con un nombre premonitorio: «Milei presidente». Aparece por primera vez en la encuesta de la revista Noticias sobre los 100 argentinos más influyentes, un año más tarde llena salas de teatro y cuenta con una legión de seguidores que copian su peinado, sus gestos y su pésimo carácter. En TikTok alcanza más de 2 millones de seguidores. Una celebridad.

 

La cara oculta de la Luna

A lo largo del proceso de construcción del fenómeno Milei, la principal preocupación del equipo de asesores que lo rodea –y lo civiliza– es ocultar la otra cara de la Luna. Las zonas oscuras del candidato. Fieles al guion original, lo muestran como el outsider justiciero enfrentado a la todopoderosa y cruel maquinaria del Estado sin más armas que sus mágicas recetas económicas y sus poderes celestiales. Milei es el gran enemigo de la casta que asfixia al país. De paso, cultivan su imagen de economista revolucionario, de teórico heterodoxo de las ciencias económicas.

De puertas adentro existe otro Milei. El que alimenta su verdad y sus certezas de hierro, también sus demonios personales, con los fundamentalismos del mundo: desde el capitalismo ultraliberal de los Estados Unidos, el neoconservadurismo de Trump y el Israel de Netanyahu, hasta sus referentes de ultraderecha, Bolsonaro, Bukele o Abascal. Poderes fuertes, exentos de dudas, piedad y concesiones. No en balde, en la cosmovisión de Milei, mafias y capitalismo mafioso aparecen como modelos de emprendeduría y de libertad individual no solo lícitos sino imprescindibles para el crecimiento económico.

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Esa cara oculta de la Luna encubre además aspectos de su biografía ideológica y personal radicalmente opuestos a la idea liberal: su falta total de empatía con la cuestión social, con la propia democracia, su servidumbre a las élites financieras nacionales e internacionales, los oscuros métodos de organización y financiación de su partido. O sus relaciones sin culpa con una de las figuras más feroces de la última dictadura militar, el exgeneral Antonio Domingo Bussi. Un genocida.

En su cosmovisión, mafias y capitalismo mafioso aparecen como modelos de emprendeduría y de libertad individual no solo lícitos sino imprescindibles para el crecimiento económico.

Como dictador de Tucumán, Bussi ordenó torturas y ejecuciones y torturó y ejecutó con sus manos. Dio el tiro de gracia a sus prisioneros, se quedó con los bienes de sus víctimas y segó la vida de centenares de argentinos. También se lo recuerda por la cacería de mendigos y tullidos de las calles de la provincia, a los que cargó en camiones para abandonarlos en pleno desierto de Catamarca.

Caída la dictadura, Bussi blanquea su pasado criminal a través de la política. Entra en escena en 1987, primero con el partido Bandera Blanca y luego con Fuerza Republicana, y cuatro años más tarde, tras el descalabro del gobierno provincial peronista, se ve a las puertas de la gobernación de Tucumán. El justicialismo reacciona y lo impide. Finalmente, en 1995, Bussi llega al gobierno de la provincia por votación popular.

Es entonces cuando el exgeneral necesita un economista que lo ayude a redactar un proyecto de ley sobre la producción de azúcar y otro sobre la del limón. Y ahí está Milei, el futuro campeón de la libertad. Su relación con los Bussi no termina allí, Ricardo Bussi, hijo del general, es electo diputado nacional por Tucumán en las elecciones de octubre del 2023 por el partido Fuerza Republicana, representante local de La Libertad Avanza (LLA), la coalición libertaria con la que se alió a comienzos de 2022.

 

Las redes de la furia

Las redes sociales juegan un papel esencial en la construcción de su imagen. Son los tiempos de la pandemia y Milei entra en contacto con un grupo de youtubers e influencers, en su mayoría de ultraderecha. Componen una pequeña comunidad, seis o siete jóvenes, que lo ayudará a desenvolverse en el particular universo de las redes y a divulgar su mensaje entre las generaciones más jóvenes de la Argentina.

Son Manuel Jorge Gorostiaga, conocido como Danann y que en 2024 será sancionado por la Justicia por ridiculizar y humillar a una mujer transgénero en las redes sociales; Tipito Enojado, que retransmite su programa tras una máscara que oculta su identidad; el periodista y community Augusto Grinner, alias deperoncho o depe, fanático antiperonista; Eduardo Miguel Prestofelippo, conocido como El Presto, detenido por hacer tuits amenazantes contra Cristina Fernández de Kirchner; y Alvaro Zicarelli, uno de los influencers más polémicos de la Nueva Derecha Argentina.

Un clima ideológico que no será ningún obstáculo para Milei, todo lo contrario, y le servirá para imponerse rápidamente como el político con mayor seguimiento en el segmento de los electores más jóvenes. Una vez más, sin embargo, se repetirá con ellos la ruptura con aquellos colaboradores que han sido apoyos esenciales en los tiempos que van del Milei anónimo hasta la conquista del escaño parlamentario en 2021.

 

LLA, el cambio ideológico, las tensiones

El desacuerdo ocurrirá a principios de 2022, en el marco de la fuga de muchos militantes liberales de LLA decepcionados por las derivas de Milei y por los métodos que, lejos de las supuestas virtudes libertarias, se han ido imponiendo en el partido.

En esa época, LLA sufre un seísmo que modifica su identidad primigenia. Influyen diversos factores: por un lado, el crecimiento extraordinario, caótico, del partido desde su reciente fundación, y su colonización por nuevos militantes que poco tienen que ver con las «ideas de la libertad»; también los cambios producidos por la entrada de Milei como diputado en el Congreso y, por supuesto, los retos que plantea el objetivo inmediato: la batalla por la presidencia, siguiendo el mandato bíblico que empuja a Milei en esa dirección. Un desafío reñido con la desorganización, los déficits y la falta de experiencia política que arrastra el partido.

Y está, fundamental, la involución de los métodos y las actitudes que tras el sorprendente triunfo del 2021 se están imponiendo en LLA.  En esa primera campaña ya se habían hecho visibles irregularidades, que se justificaban como pecados inevitables para unos recién llegados a la política obligados a enfrentarse a las poderosas maquinarias de sus adversarios. Pecados veniales que ya provocaron la fuga de militantes importantes, incluso de alguno de los fundadores del partido, como Gastón Alberdi, que rompe con Milei, según él, a raíz de las oscuras relaciones que este mantiene a espaldas a la militancia.

Para la conquista nacional, Milei necesita fortalecer su escaso andamiaje en las provincias del interior y su estrategia en la búsqueda de socios y aliados será la de sustituir la supuesta pureza del libertarismo renovador por el pragmatismo de la vieja política. Pacta y firma acuerdos con adversarios que tiempo atrás renegaban de las doctrinas libertarias, con líderes históricos del peronismo de provincias, con sus odiados kirchneristas, evangelistas, carapintadas, con exponentes de la casta que llevan décadas viviendo del Estado y, para terminar, con un sinfín de acróbatas especializados en el triple salto de partido a partido.

El desacuerdo llega a un punto crítico y, frente al malestar interno, Milei y Karina sacan la motosierra y provocan la fuga de muchos militantes decepcionados por la adopción de los usos de la vieja política que venían a sustituir, y por las formas impuestas en el partido: no se premia el mérito, la trayectoria política o el sacrificio realizado, se normaliza por el contrario la recompensa a la obsecuencia, la oferta de cargos políticos a cambio de favores sexuales y prebendas económicas, y se aplica la censura y el acoso a los disidentes.

Pacta con líderes históricos del peronismo de provincias, con sus odiados kirchneristas, evangelistas, carapintadas, con exponentes de la casta que llevan décadas viviendo del Estado.

En febrero de 2023, la presidenta de la Agrupación Juvenil Generación Libertaria, Mila Zurbriggen, hace pública su ruptura con Milei y la de su agrupación con LLA, denunciando la existencia de prácticas mesiánicas y la exigencia de favores sexuales en la organización. Y asegura que los cargos se designan desde arriba y a dedo, de acuerdo a los aportes financieros que se hagan. Kikuchi, el monje negro del partido, le confiesa: «los lugares los van a ocupar los que pongan más plata». La tarifa va de 30.000 a 50.000 dólares, 60.000 en algún caso. Es el precio por comprar un cargo, el favor de Milei.

El abogado liberal Carlos Maslatón, su viejo compinche, que podría explicar los modos de financiación en la primera campaña electoral de LLA porque en esa época acompañaba a Milei en los encuentros recaudatorios de fondos, habla de ingresos de entre 5 y 10 millones de dólares por parte de Milei, o de LLA, por la compraventa de cargos públicos. Otros aumentan la cifra hasta los 10 millones.

La proyección política de Milei, su vertiginosa carrera hasta la Casa Rosada, emerge de una madeja de intrigas, lucha de egos, turbios negocios, intereses políticos y económicos, alianzas contra natura, proyectos inconfesables, secretas duplicidades y ambiciones, imposible de desenmarañar desde el exterior, en la que se entremezclan magnates, contratistas crónicos del Estado, profesionales de la política, estrategias ajedrecistas de algunos partidos, mercaderes de votos, y oscuros personajes financiados por el narcotráfico con causas tanto abiertas como archivadas en el dormitorio de la justicia. Una historia poco edificante para las banderas liberales cuyos despojos saltan de vez en cuando a los medios a través del testimonio de quienes protagonizaron esa época de alumbramiento.

 

Los muertos del armario presidencial

A principios de 2024, cuando se mira a través de los resquicios del armario presidencial de Milei aparecen los restos frescos de los economistas, asesores y militantes expulsados de LLA o desterrados del entorno de confianza que contribuyó a sentarlo en el sillón de Rivadavia. Casi ninguno de los que le acompañaron desde los orígenes ha sobrevivido. Por decisión propia en algunos casos, caídos en los cambios de humor, las metamorfosis y las sorprendentes alianzas del siempre imprevisible Milei, o sacrificados por su hermana, la todopoderosa Karina, la jefa.

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Han quedado en el camino los monjes negros del partido, Carlos Kikuchi, al que se definió como la cara más oscura de Javier Milei, y el consultor Mario Russo, que adaptó el concepto «casta» del movimiento italiano Cinque Stelle al contexto libertario argentino y lo situó como lema central de la campaña electoral, prófugo cuando, en 2022, Milei comenzó a cerrar acuerdos con dirigentes de la vieja política opuesta al ideario libertario. También se apartaron artífices de su explosión televisiva como Sebastián Cuneo; y por supuesto Dannan y el grupo de influencers y youtubers que le abrieron camino en las redes sociales.

Y no están más sus más antiguos compañeros de viaje, su amigo Diego Giacomini, mentor intelectual de Milei durante 15 años, entre los años 2005 y 2019 y quien le acercó a las ideas libertarias de la escuela austríaca para alejarse de él en septiembre de 2020. Tampoco el locuaz y mediático abogado y experto en finanzas Carlos Maslatón; el politólogo e influencer liberal Franco Rinaldi; el periodista Luis Rosales; el exasesor Carlos Rodríguez, académico y economista ortodoxo, teórico jefe del Consejo de Asesores Económicos en caso de un eventual gobierno de Milei, que se alejó de él tras ser ninguneado burdamente. O Gastón Alberdi, uno de los fundadores de LLA. Desterrados, exiliados. Como si el líder se empeñase en borrar su propio rastro. O la presencia de testigos.

 

Las voces que surgen del enigma

A rebufo del interés que sigue despertando el enigma Milei, hoy, algunos excompañeros de viaje lamen sus heridas en los platós de los canales de televisión críticos con el proyecto libertario o simplemente partidarios del sensacionalismo. Forman una pintoresca secta de liberales puros, de anarcocapitalistas intransigentes o de anarquistas del mercado más virtuosos todavía, unidos todos por un denominador común: el de sus discrepancias con las nuevas esencias doctrinarias de Milei, o bien con sus procedimientos, su entorno de casta y su salvaje política económica.

Algunos, como el televisivo Sebastián Cuneo, peronista de la vieja guardia, le recuerdan con graves acusaciones y actitudes de chantaje público su transformismo: si Milei sigue violando líneas rojas contra el pueblo argentino, él, antiguo confesor del ahora presidente, se verá obligado a revelar pecados y debilidades. De momento, le basta con un entrante para mantener vivo el misterio: Milei le habría reconocido que en tiempos de penuria económica asesoró a dos narcotraficantes en sus operaciones de blanqueo e inversiones en el país. El presidente no responde a las acusaciones, y día sí y el otro también su antiguo amigo sigue amenazándolo con desvelar las razones del silencio presidencial.

Otros padrinos del parto mileinista cuentan sus experiencias en la estricta intimidad. Como el magnate Eurnekian, su primer promotor y financiero, que reconoce, según cuenta Alberdi, que el experimento Milei se le escapó de las manos y acabó siendo traicionado; o como Ramiro Marra, político y administrador de fondos de inversión en Bahamas que, siempre según Alberdi, puso dos millones de dólares en la campaña para ser legislador;  o el propio Alberdi, testigo e informante autorizado no sólo por ser protagonista directo de la escalada de Milei y haber vivido los acontecimientos; durante sus años en México se desempeñó como analista de inteligencia y sus contactos con los servicios de información argentinos son fluidos y actualizados.

Ha sido y continúa siendo un especialista de la información (o de la desinformación, quién sabe), como él mismo reconoce. Él es quien recientemente ha hecho pública la declaración jurada de Milei sobre su patrimonio en el período que va desde que fue elegido diputado nacional por el distrito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 2021 hasta la fecha de la declaración, abril del 2024, en la que el actual presidente reconoce una cuenta en dólares de 23,8 millones, más otros 11 millones en pesos, según los datos que obran en poder de la Unidad de Información Financiera y de la Oficina Anticorrupción. Vestigios, en suma, de la aparición del primer león anarcocapitalista en las fértiles llanuras de Martín Fierro.