Desde 2015, año en que accedió al poder el partido Ley y Justicia (PiS por sus siglas en polaco), Polonia ha ido atravesando repetidas crisis en su relación con la UE y con el Estado de Derecho. Tras ocho años en el poder, finalmente, el conservador Ley y Justicia no ha podido revalidar su gobierno.

El PiS obtuvo la mayor cantidad de votos, el 35,4%, pero perdió la mayoría parlamentaria a favor de la Coalición Cívica liderada por Tusk, que obtuvo el 30,7% y que cuenta con el apoyo de los otros dos partidos de oposición, el centrista Tercera Vía y el partido Lewica (de la Izquierda). La unión de Ley y Justicia y la extrema derecha de Confederación no es suficiente para revalidar el gobierno.

Si por algo se recordarán estas elecciones, además de por el cambio en el gobierno, será por la altísima participación de un 74,4%, la más elevada desde 1989, elecciones constituyentes de cambio de régimen, lo que las eleva a la categoría de elecciones de cambio político.

Como se esperaba, el presidente Andrzej Duda, fiel a Ley y Justicia, ofreció a Mateusz Morawiecki la oportunidad de conformar gobierno en primera instancia, aunque incluso llegando a un acuerdo con Confederación se sitúa 19 escaños por debajo de la mayoría absoluta para lograr la investidura. No parece, por tanto, muy probable que Morawiecki sea capaz de ganar el voto de confianza de la Sejm. Por su parte, Tusk está en disposición de reunir 248 escaños de un total de 460, por encima de los 231 necesarios para alcanzar la mayoría.

Y todo ello a pesar de que, según la misión electoral de ODHIR-OSCE, si bien se pudo hacer campaña libremente, sin embargo, el partido Ley y Justicia había contado con ventaja gracias al sesgo a su favor de los medios estatales. La cobertura de la noche electoral, por ejemplo, retransmitió íntegramente el discurso del líder del PiS, Jarosław Kaczyński, pero apenas ofreció planos de Donald Tusk, en aquel momento virtual aspirante al gobierno. En todo caso, el control comunicativo del entonces partido en el gobierno no fue suficiente como para desincentivar la movilización del voto entre, fundamentalmente, mujeres y jóvenes, que, en última instancia han sido los que han conseguido provocar el cambio.

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