Viena tiene muchas caras. La más popular y también la más turística tiene dos figures icónicas muy reconocidas, Mozart y Sissi. Sin embargo, hay un tercer personaje que alimenta tanto o más que aquellos el imaginario construido sobre la ciudad que fue capital del imperio austrohúngaro, mientras su presencia pública en forma museística y expositiva era muy escasa. Hasta ahora. Johann Strauss, el autor de El bello Danubio azul, el himno nacional austríaco no oficial, ya tiene casa cuando se aproximan las celebraciones del 200º aniversario de su nacimiento, el 25 de octubre de 1825. Hace pocos meses abrió sus puertas la House of Strauss, un museo interactivo para todos los gustos y todas las edades. Allí se explica la historia del rey del vals, pero también la de toda la familia dedicada a entretener con su música las fiestas populares y las de la corte, la misma música que hoy sirve para felicitar la entrada de año a todo el mundo desde el Musikverein.

El museo está situado en lo que era el Casino Zögernitz, en la calle principal del elegante barrio de Döbling, en un edificio de 1837 que ha sido restaurado con gusto. Lo de casino no hay que tomarlo al pie de la letra. Era un lugar donde quizá se jugaba, pero en donde principalmente se bailaba y quien hacía girar y girar al personal eran los Strauss, padre e hijo, con sus orquestas. También era lugar de discretas citas amorosas. En aquel entonces estaba situado a las afueras de Viena y esta distancia hacía posible que las mujeres pudiesen acudir solas. Detrás del guardarropa situado en una sala octogonal había una puerta oculta que conducía a las habitaciones.

El edifico estuvo cerrado durante unos años y ha tenido distintos usos. Acabada la Segunda Guerra Mundial, en 1945 seiscientos soldados soviéticos celebraron allí la victoria sobre el nazismo y cuando Viena fue dividida en cuatro zonas, fueron los norteamericanos quienes lo convirtieron en el escenario de sus festejos. Después, allí se hicieron bailes y fiestas, en el jardín se hacía cine al aire libre y a partir de 1967 las discográficas Sony i Teldec utilizaron el salón de baile que gozaba de una acústica excelente y que conserva después de la restauración, para grabaciones de música antigua y clásica. Nikolaus Harnoncourt con su Concentus Musicus Wien fue uno de los que utilizó la sala para varios de sus discos. La acústica y la historia hacen decir a Hermann Rauter, promotor inmobiliario, y artífice y propietario del museo, que al salón de baile “se entra con respeto, el espíritu de Strauss sigue allí”.

 

La sala de baile del Casino Zoëgnitz. Foto: © Sima Prodinger.

La sala de baile del Casino Zoëgnitz. Foto: © Sima Prodinger.

 

El museo hace un recorrido por la historia de los Strauss, particularmente la de Johann Strauss hijo, el genio musical de la familia que compuso unos quinientos valses, polcas, cuadrillas, mazurcas, marchas y galops, así como quince operetas. El itinerario empieza con los orígenes de la familia y las desavenencias entre Johann Strauss padre y Johann Strauss hijo; explica el papel de la música en una ciudad, la tercera capital europea después de Londres y París, que en cien años, de 1800 a 1900, había pasado de 215.000 habitantes a dos millones, y també ilustra cómo, a partir de esta ciudad efervescente Strauss cambió el sentido del negocio musical.

El músico recorrió todo el mundo con su orquesta. Por primera vez, una foto de un compositor, la suya, aparecía en la portada de una partitura. Podía iluminar con luz de gas unos jardines al aire libre para un concierto. Sus bigotes, patillas y barba también influían en la moda masculina del momento. A esto, hoy le diríamos marketing y a Strauss le calificaríamos de pop star.

En el museo todo se puede tocar, escuchar y también se puede jugar. Poniendo una mano sobre una pantalla, los visitantes pueden saber cual es el vals que mejor se ajusta a su pulso. También hay una parte para fantasear un poco. Los Strauss eran judíos asimilados. Durante el nazismo el 51% de la música que se podía escuchar en la radio era del rey del vals, algo que el régimen escondió. Sobre este hecho, en el museo se puede ver un corto de ficción en el que un personaje, por encargo de Goebbles, roba la partida de nacimiento de Johann Strauss hijo.

El Casino Zögernitz también acoge el Instituto de Investigación Strauss de Viena que preside el profesor Eduard Strauss, descendiente de la familia musical. La institución se presenta como un centro dedicado al estudio académico y científico, necesario para que “aquella música ligera se pueda considerar seriamente”. Su contribución al museo ha sido determinante.

 

La terraza del Museo de Viena. Foto: © Kollektiv Fischka.

La terraza del Museo de Viena. Foto: © Kollektiv Fischka.

 

Schönberg pintor

Algunas de las partituras que contiene la House of Strauss han sido adquiridas al Museo de Viena, lo que lleva a hablar de esta institución que también, hace pocos meses ha abierto sus puertas después de una obligada y esperada renovación y una ampliación con una nueva planta.

En este museo de historia de la ciudad se puede viajar des de la prehistoria hasta nuestros días. Sin embargo, nos detenemos en los primeros años del siglo XX para admirar la obra pictórica de un compositor de quien este año se conmemora el 150º aniversario de su nacimiento, de Arnold Schönberg. Allí se pueden ver los retratos que pintó de su hija Gertrud, el de Alban Berg y el de su esposa Helene, y también el retrato que Richard Gerstl hizo del autor d’Erwartung, sentado en un diván muy freudiano. El que falta es el óleo que el compositor pintó del entierro de Gustav Mahler, obra que ha sido cedida temporalmente al Arnold Schönberg Center con motivo del 150º aniversario.

De todos modos, dejando a un lado el contenido histórico, una de las mejores novedades que ofrece el museo reformado y ampliado es la nueva terraza sobre la Karlsplatz en la que luce con toda su majestuosidad barroca la Karlskirche, la iglesia de San Carlos Borromeo.