Desde su sorprendente elección como secretaria del Partido Democrático (PD) a principio de este año, la fuerza propulsora de Elly Schlein —y, a falta de lo que pueda pasar en el futuro, que siempre es incierto— parece sufrir una desaceleración sustantiva. Acosada por tierra, mar y aire por los medios —que, evidentemente no han dudado en meterse con su manera de hablar e incluso de vestir—, cuestionada por el ala católica y moderada del partido, se encuentra en estos momentos en franca dificultad.

Y, sin embargo, la suya parece una historia de éxito. No sólo personal —como es obvio—, sino también de una izquierda desnortada que en ese proceso de primarias y en la manera en que se había resuelto —con una participación cuantitativamente sólida y cualitativamente entusiasta, decantada por el peso de los simpatizantes en contra del criterio de los militantes, que le prefirieron el hombre del aparato Stefano Bonaccini— entrevió después de tantas derrotas la posibilidad de un rescate.

Son muchas las razones que ayudan a explicar el por qué tanto de su victoria, como de las dificultades con las que se encuentra ahora, y muchas de ellas tienen que ver con su propia biografía, y, en cierta manera con la relación de esta última con la biografía colectiva de la Italia en la cual le ha tocado vivir.

Elly Ethel Schlein nació en Lugano —el cantón suizo del Ticino, de habla italiana— en 1985, hija de profesores universitarios que se desplazaron ahí para trabajar. Su madre, italiana, su padre estadounidense de ascendencia judía. Estudió la secundaria en Lugano y se mudó a Bolonia para cursar sus estudios universitarios en Derecho, después de haber cursado también algunos estudios en el DAMS, el departamento de Artes Escénicas y Cinematográficas de la prestigiosa universidad italiana. Finalmente, se licenció en Derecho con una disertación en torno a los derechos constitucionales de los migrantes y su «sobrerrepresentación» en las cárceles italianas, en 2011. Fue en los años pasados en Bolonia cuando se politizó: en los movimientos sociales (básicamente centrados en los derechos de las personas migrantes), pero también con experiencias en el extranjero. Fue voluntaria en las campañas presidenciales de Obama de 2008, y volvió del otro lado del Atlántico cuatro años después, para la campaña de 2012, en este caso para formar militantes demócratas.

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