Este mes de abril, Emmanuel Macron (Amiens, 1977) se presenta a la reelección como presidente de la República Francesa tras un quinquenio marcado por el conflicto de los chalecos amarillos, las protestas contra las reformas que pretendían transformar Francia, y la pandemia del covid-19. Con 39 años, ganó a Marine Le Pen en las elecciones presidenciales de 2017 (66,1 % contra 33,9 % en la segunda vuelta) y se convirtió en el presidente más joven de la historia de Francia.

Antes había sido secretario general adjunto del Elíseo con el presidente François Hollande (2012-2014) y ministro de Economía (2014-2016). En agosto de 2016, cuando dimitió como ministro de Economía para dedicarse al movimiento «¡En Marcha!» —nombre que coincide con sus iniciales—, fundado en abril, declaró: «La honestidad me obliga a decirles que ya no soy socialista.» Había militado en el Partido Socialista desde los 24 años, hasta 2009. Formado en las instituciones más elitistas de Francia (Jesuitas de Amiens, Liceo Henri IV en París, Filosofía en Nanterre, Políticas en Sciences Po y en la Escuela Nacional de Administración), colaboró con el filósofo Paul Ricoeur y trabajó cuatro años en la Banca Rothschild, donde le llamaban «el Mozart de las finanzas». En 2007 se casó con Brigitte Trogneux, 24 años mayor que él, que había sido su profesora en el colegio de los jesuitas La Providence de Amiens.

En agosto de 2016 declaró: «La honestidad me obliga a decirles que ya no soy socialista.»

Macron se presentó a las elecciones encabezando un movimiento transversal que no quería ser ni de derechas ni de izquierdas, o que quería ser de derechas y de izquierdas a la vez, aunque al final ha hecho una política más de derechas que de izquierdas, o al menos así lo perciben los franceses. «La verdadera división está entre progresistas y conservadores, entre la apertura y el inmovilismo. La derecha y la izquierda están fragmentadas entre proeuropeos y antieuropeos, por ejemplo», declaró a El País y a otros medios europeos el 14 de enero de 2017, tres meses antes de las presidenciales. No participó en las primarias de la izquierda «porque las primarias son una aberración, son máquinas para matar las ideas e impedir gobernar», dijo en la misma entrevista. Él se considera también «una aberración» desde el «punto de vista del sistema político tradicional». «En realidad, yo no soy más que la emanación del gusto del pueblo francés por lo novelesco», confió a La Nouvelle Revue Française (NRF) en mayo de 2018.

 

Populismo centrista

Acusado de populista de centro, Macron desconfía del «término populismo porque tiene diversos significados. Muchos, tanto de izquierdas como de derechas, me han dicho que era populista. Cuando los partidos están cansados, se extrañan de que podamos hablar al pueblo. Si eso es ser populista, no es nada malo», declaró a El País y a otros siete diarios europeos en la primera entrevista como presidente (22-6-2017). «La gente no te reconoce como uno de los suyos si no demuestras que eres capaz de compartir su emoción», dijo en la mencionada entrevista de la NRF, donde reflexionó sobre el poder. «No se debe olvidar nunca que uno representa a la vez al poder y a la nación, dos cosas que van a la par, pero que no se pueden confundir. Esta dualidad es constitutiva de mi función», explicó, antes de añadir: «Yo asumo totalmente la “verticalidad” del poder, que cruza la horizontalidad de la acción política.» Para él, «la gran apuesta es salir de la insignificancia. Vivimos desde hace 30 años una forma de postmodernismo mal digerido. La apuesta es reencontrar la posibilidad de construir, asumiendo la parte a veces unívoca, unilateral, de cualquier decisión».

«Paradójicamente, lo que me hace ser optimista es que la historia que vivimos en Europa vuelve a ser trágica.»

Preguntado sobre qué le hace ser optimista y pesimista, respondió: «No hay nada que incite tanto al pesimismo como el nihilismo que amenaza por todas partes y conduce al cinismo, a la ausencia de cualquier deseo y cualquier ambición. Paradójicamente, lo que me hace ser optimista es que la historia que vivimos en Europa vuelve a ser trágica. Europa ya no será protegida como lo fue después de la Segunda Guerra Mundial. Este viejo continente de pequeños burgueses que se siente al abrigo en el confort material entra en una nueva aventura a la cual se suma la tragedia.» Y con los cambios que vienen «hay mucho que reinventar».

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Identidad e islamismo

Macron acaba un mandato que se ha caracterizado por las reformas —algunas frustradas o suspendidas—, el conflicto de los chalecos amarillos —revuelta, en 2018 y 2019, de la Francia interior en protesta por la subida de los carburantes— y la pandemia, que provocó una fuerte intervención del Estado para luchar contra las consecuencias del covid-19. Sobre las reformas, Macron opina que «Francia no es un país que se reforme, es un país que se transforma, un país de revolución. Por tanto, mientras sea posible no reformar, los franceses no lo hacen» (El País, 22-6-2017). «Mi objetivo sigue siendo reconciliar y unir el país, pero no se le unirá con inacción, cediendo a la tiranía de minorías que se han acostumbrado a las cesiones», remachó el 15 de abril de 2018 en una entrevista en BFM-TV, RMC y Mediapart.

En otra entrevista en L’Express (22-12-2020), el presidente intervino en el debate sobre la «identidad nacional» abierto por Nicolas Sarkozy diez años antes. Para Macron, «ser francés es, en primer lugar, vivir una lengua y una historia, es decir, inscribirse en un destino colectivo». Y por eso defiende una mejor integración de la inmigración: «En nuestra sociedad, ser un hombre blanco crea condiciones objetivas más fáciles para acceder a una función como la mía, para tener una vivienda, para encontrar trabajo, que ser un hombre asiático, negro o magrebí.» Las discriminaciones dificultan la integración: «Nuestro combate es también un combate de civilizaciones. No de una región o una cultura contra otra. Pero tenemos que entender por qué tantos niños nacidos en nuestro territorio se vuelven contra nuestras democracias, las abandonan, las atacan. En este sentido, hemos de encontrar un imaginario, un espíritu colectivo, un proyecto de sociedad» (El Mundo, 27-12-2017).

«Yo asumo totalmente la “verticalidad” del poder, que cruza la horizontalidad de la acción política.»

En febrero de 2021 se aprobó la ley más polémica del mandato presidencial, un texto que actualiza la laicidad del Estado para combatir lo que el presidente francés llamó «el separatismo islamista». «La lucha contra el terrorismo y el islamismo radical es un combate europeo, una lucha de valores. Representa una lucha para nosotros y, en definitiva, creo que la lucha contemporánea es una lucha contra la barbarie y el oscurantismo. Eso es lo que está pasando. No es en absoluto un choque de civilizaciones», declaró a la revista de geopolítica Le Grand Continent en noviembre de 2020.

En la misma entrevista defendía la Europa política, abogaba por un nuevo multilateralismo y lamentaba la crisis de los valores universales. «Elementos como la dignidad humana, que eran intangibles y a los cuales se adherían todos los pueblos de las Naciones Unidas, todos los países representados, están siendo ahora cuestionados, relativizados. Hay un relativismo contemporáneo que se aproxima, que supone realmente una ruptura, y que es el juego de potencias que no se sienten cómodas en el marco de los derechos humanos de las Naciones Unidas. Vemos muy claramente un juego chino y un juego ruso en este terreno, que promueven un relativismo de valores y principios, y un juego que también trata de reculturizar, de volver a situar estos valores en un diálogo de civilizaciones, o en un conflicto de civilizaciones.»

«Tenemos que entender por qué tantos niños nacidos en nuestro territorio se vuelven contra nuestras democracias, las abandonan, las atacan.»

Macron se refería también a la crisis de la democracia y a la deriva del capitalismo. «A partir del momento en que las clases medias ya no ven el progreso para sí mismas y experimentan un declive año tras año, se instala la duda sobra la democracia. Eso es precisamente lo que estamos viendo en todas partes, desde los Estados Unidos de Donald Trump hasta el Brexit, pasando por las señales de advertencia que tenemos en nuestro país y en muchos países europeos.» Más adelante, añadía: «Estamos en un punto de ruptura […], que es un punto de ruptura del capitalismo contemporáneo. Porque el capitalismo se ha financiarizado, se ha concentrado en exceso, y ya no permite gestionar las desigualdades de nuestras sociedades, ni tampoco a escala internacional. Y solo podemos responder refundándolo.»

Como Sarkozy, que lo propuso en 2008 aunque la cosa quedó en nada, Macron también quiere, pues, refundar el capitalismo. A todo lo cual, Macron añade Internet y las redes sociales, en donde vislumbra dos peligros: la viralización de las emociones y la desjerarquización de la palabra, lo que conlleva «el rechazo de cualquier forma de autoridad».

 

La Europa protectora

En su toma de posesión, Macron defendió también una «refundación histórica» de Europa, y en la entrevista de Le Grand Continent decía que «la UE desaparecerá si no se puede considerar a sí misma como una potencia mundial». En las declaraciones a

El País (14-1-2017) afirmaba: «El error que nuestros dirigentes políticos han cometido durante 10 o 15 años ha consistido en ceder el término soberanía a los nacionalistas. La única soberanía posible se construye a nivel europeo.»

«Nunca antes, desde la Segunda Guerra Mundial, Europa ha sido tan necesaria. Y, sin embargo, nunca ha estado tanto en peligro.»

En la entrevista concedida a El País y a siete diarios europeos más (22-6-2017), explicaba que Europa ha de ser, y en esto coincidía también con Sarkozy, «una Europa que proteja, dotándonos de una verdadera política de defensa y seguridad común. Hay que ser más eficaz frente a las grandes migraciones reformando profundamente el sistema de protección de nuestras fronteras, la política migratoria y el derecho de asilo». Debe ser también una Europa de valores. «Europa no es un supermercado. Europa es un destino común. Se debilita cuando permite que se rechacen sus principios. Los países de Europa que no respetan las normas deben asumir todas las consecuencias políticas.» Y diferenciaba a Europa de Estados Unidos. «En Estados Unidos les gusta tanto la libertad como a nosotros, pero no aprecian la justicia como la apreciamos nosotros. Europa es el único lugar del mundo donde las libertades individuales, el espíritu de la democracia y de la justicia social se han unido.»

En marzo de 2019, 28 diarios europeos, entre ellos El País (4-3-2019), publicaron un artículo de Macron en el que decía que el «renacimiento europeo» se debía edificar sobre tres pilares: libertad, protección y progreso. Escribía que «nunca antes, desde la Segunda Guerra Mundial, Europa ha sido tan necesaria. Y, sin embargo, nunca ha estado tan en peligro». Ponía el Brexit como «ejemplo de la crisis de una Europa que no ha sabido satisfacer las necesidades de protección de los pueblos frente a los grandes cambios del mundo contemporáneo». Recordaba, sin embargo, que Europa «es un éxito histórico: la reconciliación de un continente devastado, plasmada en un proyecto inédito de paz, prosperidad y libertad».