La aparición de las obras de Franz Kafka, James Joyce y Marcel Proust marca un antes y un después en la literatura contemporánea, de manera que toda obra posterior debe tenerlas consciente o inconscientemente en cuenta. En otras palabras, han creado tradición.

Este año se conmemora el centenario de la muerte del autor francés con numerosos actos, celebraciones y publicaciones. Estudiosos, especialistas, editoriales y asociaciones se han esforzado para no dejar pasar esta efeméride. París tiene en marcha tres exposiciones simultáneas, la del Museo Carnavalet, Marcel Proust, un roman parisien; la dedicada a Proust y su madre, en el Museo de la cultura judía, también en el Marais, y la que se inaugurará en la Biblioteca Nacional. Nuevas ediciones de la obra han visto la luz estos días: los Essais, en La Pléiade, por ejemplo. Los estudios más recientes de especialistas como J. Yves Tadié o Antoine Compagnon, también coinciden en estas fechas.

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En busca del tiempo perdido constituye una fuente constante de lectura, relecturas, estudios, ensayos, traducciones y reediciones de todo tipo en todo el mundo. Los grupos de lectores y estudiosos podemos encontrarlos esparcidos en muchas culturas. Son especialmente destacados en Francia, Estados Unidos, Países Bajos, Japón y Reino Unido, así como en Cataluña: la Societat Catalana d’Amics de Marcel Proust.

La primera traducción que se realizó fue la que inició en lengua castellana el poeta Pedro Salinas y que se encargaría de terminar Consuelo Berges. Una traducción que a través de las ediciones de Josep Janés y, más adelante, de Alianza Editorial, también difundirían la obra por el continente americano.

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