De la compilación de prosas de Santiago Rusiñol publicada el 1915 quedan recuerdos de un magnífico eslogan, ya periclitado. Si la imagen de Mallorca como isla de la calma conserva algún sentido es con la situación de la lengua catalana en los espacios públicos, incluso en los privados. Mallorca es un punto de llegada, muchas veces sin retorno a sus comunidades o países, de gente de la Península y de toda Europa, que vienen con el castellano aprendido o lo aprenden aquí. El catalanismo ha ido plegando velas y lo ha hecho con discreción, quizás para calmar la isla en este ámbito, reculando o divagando ante el castellano. Como consecuencia el catalán ha sido derrotado de manera clara en las Baleares, en la encrucijada de inmigrantes y turistas, un siglo después de Rusiñol. La contribución de determinados mallorquines a esta derrota, sobre todo en Palma ciudad, tampoco se puede dejar de lado.

Algunos, muchos, de los que se quejan contra el catalán en la sanidad o en la enseñanza, hace años que llegaron aquí procedentes de otras comunidades.

Cuesta creerlo pero uno o unos partidos políticos quieren encontrar problemas donde no los hay (o como se dice en la variedad mallorquina del catalán buscar huesos en el pulmón) con referencia a la situación actual del catalán en las Islas y enfocan la mirada de castigo a la función pública, particularmente a los centros de salud, los hospitales, las escuelas o  la Universidad. Hace unos años, algunos grupos mediáticos dijeron y repitieron que la Universitat de les Illes Balears (UIB) era un peligroso nido catalanista que hundía a los futuros graduados en un mundo separatista. Lo cierto es que este año la UIB está intentando poner en marcha un plan para fomentar el uso del catalán y llegar a 2025 con un 30 por ciento de las clases en esta lengua, tal es la distancia entre los vaticinios y los hechos en el nido separatista.

 

Un manejo mínimo

Poder ir al médico o a la médica, aprender en las escuelas o en la universidad en cualquier lengua empleada en un espacio geográfico tendría que ser una opción impecable, nunca discutida. Mecanismos para fomentar el conocimiento del catalán entre el personal sanitario que no lo tiene como lengua habitual son acertados y lo ha sido poner un paréntesis de dos años para quienes llegan a Baleares a trabajar en puestos de «difícil cobertura» en un momento de carencia de profesionales, exigiendo de manera diferida un manejo mínimo en el idioma. Estudiar en dos lenguas –o en tres– siempre fue una expectativa extraordinaria, fundamentada en la certeza de que hasta los 12 o 13 años los niños absorben lenguas a velocidad de vértigo. Hablar lenguas es enriquecedor y para unos estudiantes jóvenes no es muy difícil como empeño cultural y personal.

Poder ir al médico o a la médica, aprender en las escuelas o en la universidad en cualquier lengua empleada en un espacio geográfico tendría que ser una opción impecable, nunca discutida.

Algunos, muchos, de los que se quejan contra el catalán en la sanidad o en la enseñanza, hace años que llegaron aquí procedentes de otras comunidades. Ahora mascullan que vive demasiada gente en Baleares y de la «imposición» del catalán; eso sí, sin pronunciar demasiadas palabras en esta lengua a pesar del tiempo que hace que viven en Mallorca. Piden, exigen soluciones, pero en ningún momento se ven como parte del problema. Poquísimos profesionales –quien sabe si uno solo — han dejado de residir en Mallorca por razones de lengua.

Un psicólogo americano, en laboratorios de experimentación con animales, definió el modelo de indefensión aprendida. Cuando un animal, de manera repetida, es sometido a castigo y ve que su conducta no es capaz de controlar las consecuencias, fabrica la misma expectativa: no hay esperanza. El animal deja de poner en marcha respuestas o conductas de evitación. Ni siquiera con la jaula abierta es capaz de huir. Ha aprendido que está indefenso y deja de luchar. El enfrentamiento desaparece de su repertorio de conductas. Se ha comprobado que el modelo explica muchos fenómenos humanos y no es muy descabellado pensar que una situación parecida se podría vivir en Baleares con el catalán.

 

Tener un humo

La lengua que hablamos en las Islas es rica en dichos, refranes y comparaciones, riquísima. Las enfermedades, por ejemplo, son un extraordinario espacio que ha generado un verdadero glosario popular particular, que se va perdiendo poco a poco: el personal sanitario no lo quiere escuchar, los isleños dejan de emplearlo. De la cucurutxa a la viruela borde, de la rosa a las tercianes o las trencadures … sufrir un ictus es «tener un humo» o un ataque de feridura, «quedar tocado» es una paresia o parálisis como consecuencia de un «humo»… para poner unos ejemplos de los centenares que se podían escuchar con frecuencia en cada rincón local. Aunque muchos ciudadanos de Palma no lo quieran o puedan creer, en casas de Palma y en muchísimos pueblos de Mallorca se habla de este modo en una lengua enriquecida por siglos de conversaciones, de enfermedades y de enfermos, de niñas y niños que han ido a la escuela.

Las enfermedades, por ejemplo, son un extraordinario espacio que ha generado un verdadero glosario popular particular, que se va perdiendo poco a poco.

Es difícil saber qué razones empujan a creer a los «españolistas» que Mallorca será mejor tan solo en castellano. Mas allá de quejarse por cuatro subvenciones a los catalanistas no hay ningún argumento en favor de que poner trabas al catalán conducirá a una comunidad mejor, nos llevará a un futuro más provechoso. Quizás si tuvieran argumentos o razones y los hicieran saber podríamos discutirlos. Es imposible una Mallorca donde solo se hable catalán; tendremos que hacer lo imposible para que no lleguemos a tener el castellano como única lengua.

Es imposible una Mallorca donde solo se hable catalán; tendremos que hacer lo imposible para que no lleguemos a tener el castellano como única lengua.

Buscar huesos dentro de este pulmón es ahora el disparate en el Parlamento. Primum non nocere dice el adagio hipocrático ante una enfermedad. Antes que nada, antes de cualquier acto médico, no causar más daño, no empeorar el estado del paciente. Lo primero es no herir, no agravar el pronóstico. A los intereses de los ultraderechistas y de los anticatalanistas quizás les convendría más no tocar este estado de cosas ahora que –¿queréis decir que ellos no lo saben?— les es favorable porque los catalanistas han aprendido una maldita indefensión, se han conformado con poca cosa, en la sanidad con un «mérito» menor, en las aulas universitarias con un misérrimo 30 por ciento.