Admitía el embajador de Suecia ante la Unión Europea, Lars Danielsson, a primeros de este año que, aunque no hay nada que guste más a los suecos que organizarse y planificar su agenda, hélas, el noventa por ciento del programa de trabajo de este semestre se había decidido en las últimas semanas del 2022. Es el sino de todos los países cuando asumen la responsabilidad de presidir el Consejo de la Unión Europea y va a ser el de España cuando, el 1 de julio, le llegue su turno de presidencia, la quinta desde su ingreso en 1986. La responsabilidad llega con una presión adicional: la presidencia española será la última completa, de seis meses, antes de la celebración de las elecciones europeas previstas para la primavera del 2024. En muchos sentidos, será la presidencia de la última oportunidad en esta legislatura.

Lo que España no saque adelante este año, difícilmente se aprobará en los apenas tres meses hábiles que el siguiente país, Bélgica, tendrá para impulsar la agenda legislativa europea en el 2024 antes de la disolución de la Eurocámara en primavera. Muchos proyectos pasarán directamente al año siguiente, cuando se hayan renovado las instituciones. El Gobierno español deberá organizar los debates sobre asuntos importantes para la agenda nacional como la reforma del mercado eléctrico, la modernización de las reglas fiscales y la posible creación de un Fondo Europeo de Soberanía para hacer inversiones estratégicas y contrarrestar el impacto del macro plan de subvenciones americano. El calendario europeo ha asignado además a la segunda mitad de este año proyectos tan relevantes para el futuro inmediato de la UE como la revisión del marco financiero plurianual (es decir, los presupuestos comunitarios) a la luz de las nuevas necesidades derivadas de la situación económica y energética, la posibilidad de crear nuevos impuestos europeos y la evaluación del funcionamiento del Plan de Recuperación y Resiliencia aprobado para afrontar las secuelas económicas de la pandemia.

Desde la aprobación del tratado de Lisboa, sin embargo, el papel de las presidencias nacionales no es el que era. Salvo las reuniones informales y las cumbres extraordinarias, todas las demás citas se celebran en Bruselas. Hay además un presidente del Consejo Europeo que organiza y preside las reuniones de los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete (Charles Michel), un alto representante de Política Exterior de la UE (Josep Borrell) que se ocupa de esta cartera y, finalmente, un presidente del Eurogrupo (Pascal Donohoe). Así, sólo los consejos sectoriales (energía, competitividad, justicia, interior, empleo, asuntos sociales...), tanto a nivel de las reuniones ministeriales como los encuentros técnicos, formales e informales, quedan en manos de las capitales.

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