Entre el recuerdo permanente y el olvido perpetuo queda la historia. En Catalunya, entre 1975 y 2001, ocurrieron setenta y cuatro atentados con la misma firma: ETA. Causaron cincuenta y cuatro muertos y doscientos veinticuatro heridos. Es algo que pasó hace no tanto tiempo, pero que parece lejano, muy lejano; incluso olvidado para parte de la población. La banda terrorista ya no existe, pero sin embargo aún sigue siendo motivo de debate en la política española.

La biografía de ETA abarca cincuenta y tres años, lo cual es mucho en un grupo terrorista europeo. Su nacimiento se produjo en 1958 y su final llevó la fecha del 20 de octubre de 2011. El balance es aterrador: más de ochocientos cincuenta asesinatos, dos mil seiscientos heridos y noventa secuestrados. En este tiempo hubo divisiones y disensiones, que causaron la aparición de diferentes siglas, pero al final sólo cabe referirse a ella como ETA. Surgida en el País Vasco y con este lugar como epicentro de sus intenciones, también apareció en otros lugares, como Madrid, Valencia, Sevilla…y Catalunya.

Sin embargo, esta expansión de sus actividades no quería decir que ETA quisiera implicarse en la política de estas zonas. No, ETA no tenía el menor interés en por la situación en Andalucía o por el independentismo catalán, sino que atacó en Catalunya siguiendo la máxima guevarista de multiplicar los focos de insurgencia, en este caso de terror, para así causar más problemas a las fuerzas de seguridad. De hecho, su colaboración con otras organizaciones independentistas fue breve y surgió a partir del acuerdo firmado el 1 de mayo de 1975 con el PSAN-Provisional y con la Union do Povo Galego en Galicia. Fruto de ello fueron varias acciones conjuntas en Catalunya, siendo las más relevantes los intentos de asaltos al cuartel de la unidad militar de Cazadores en Berga (16 de noviembre de 1980, donde quisieron hacerse con armas y municiones), y a la cárcel de mujeres de la Trinitat (27 de abril de 1981). Ambas acciones fueron un fracaso. Luego, los apoyos a los etarras hay que buscarlos en otra parte, como veremos más adelante.

Aunque la relación de actuaciones de ETA en Catalunya se inició, como queda dicho, en 1975, su presencia estable aquí es muy posterior, pues data de 1986. Un dato relevante en este sentido lo encontramos en el libro ETA contra Catalunya, recientemente publicado por Ferran Cardenal, que fue gobernador civil de Barcelona entre 1982 y 1993 y director general de la Guardia Civil de 1993 a 1996. Pues bien, en el volumen, Cardenal cuenta que cuando llegó al Gobierno Civil, su predecesor en el cargo, Federico Gallo, le entregó un dossier sobre asuntos relevantes, y la organización terrorista no figuraba entre ellos. Entonces, aquí, no era una prioridad.

 

Comandos Barcelona

Es a partir de 1986 cuando los catalanes se acostumbraron a leer en los medios de comunicación un nombre: comando Barcelona. En realidad no fue uno, hubo hasta cuatro, en los que estuvieron etarras tan destacados como Domingo Troitiño, Rafael Caride, José Luís Urrusolo, Mercedes Ernaga o Felipe San Epifanio, entre otros. Y, por desgracia, lograron culminar atentados con múltiples víctimas utilizando el método del coche bomba. Por ejemplo, en Sabadell, el 8 de diciembre de 1990, donde mataron a seis policías e hirieron a otros dos, amén de causar distintas lesiones a diez transeúntes.

Pero, sin duda, esta geografía del terror tiene dos enclaves principales. El primero, los grandes almacenes Hipercor, en la Meridiana de Barcelona. El 19 de junio de 1987, el comando dejó un coche bomba en el estacionamiento, cuya explosión segó la vida de veintiuna personas y causó heridas a cuarenta y cinco más. Hasta los atentados islamistas del 11-M, este fue el acto terrorista más mortífero de la historia de España, perpetrado con especial sevicia, por cuanto al explosivo añadieron productos químicos, a semejanza del napalm, a fin de que las heridas fueran más graves: heridas que sufrieron las personas que estaban comprando aquel día en el centro comercial.

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Hasta los atentados islamistas del 11-M, el atentado de Hipercor fue el acto terrorista más mortífero de la historia de España.

Dos apuntes con relación a este suceso. El primero: en las elecciones al Parlamento Europeo de 1984, tres años antes, Herri Batasuna, el partido próximo a la organización terrorista, obtuvo en Catalunya 39.692 votos; casi los mismos que en Navarra y el triple que en Madrid. Varias personas que colaboraron en los actos electorales de la formación política resultaron heridas allí. El segundo: es cierto que la colaboración entre las fuerzas de seguridad y los grandes almacenes no fue perfecta, pero ETA intentó desviar la atención sobre lo ocurrido argumentando que había avisado con antelación, que la culpa de lo ocurrido era de otros. En cualquier caso, hubiera sido inviable desalojar el centro. Vaya excusa, la responsabilidad es de la víctima, no del victimario; como si colocar una bomba no fuera un crimen.

 

Crueldad extrema

El segundo lugar es Vic, el 29 de mayo de 1991. Ese día, el comando deslizó mediante control remoto un coche bomba por la rampa del cuartel de la Guardia Civil de la población. Resultado: nueve muertos y cuarenta y cinco heridos. De nuevo, la crueldad fue extrema. En la explanada donde detonó el artefacto estaban jugando niños. Cuatro, de entre ocho y once años, fallecieron, a los que hay que sumar un joven de diecisiete años. Los etarras vieron quién había allí, pero no dudaron en perpetrar el atentado.

Los miembros de los comandos que llevaron a cabo estos atentados o fueron detenidos o murieron en enfrentamientos, pues los autores del hecho de Vic fueron localizados por la Guardia Civil horas después en una casa de Llissà de Munt, a cuarenta y dos kilómetros de donde se produjo el atentado. Joan Carles Monteagudo Povo y Juan Félix Erezuma cayeron durante la operación policial, mientras que Juan José Zubieta fue capturado.

En las elecciones al Parlamento Europeo de 1984 Herri Batasuna, el partido próximo a la organización terrorista, obtuvo en Catalunya 39.692 votos

El nombre de Joan Carles Monteagudo da pie a retomar la cuestión de los apoyos con que contó ETA en Catalunya en su época de máximo apogeo, a partir de ese 1986, cuando disponen de comandos estables en la comunidad autónoma. Ya no había independentistas catalanes entre ellos; de hecho, los etarras desconfiaban de ellos. Monteagudo había militado en Terra Lliure, pero acabó abjurando de esta organización: él los consideraba blandos y ellos le creían excesivamente exaltado. De manera que cuando estaba oculto en el sur de Francia, Monteagudo se integró en ETA, primero como parte del aparato dedicado a ayudar a terroristas a cruzar la frontera y luego como miembro activo de un comando. Monteagudo no contó con sus antiguos colegas de Terra Lliure y buscó colaboradores entre miembros del Partido Comunista Internacional, PC (I). Posteriormente, otros cómplices para tareas de información o de infraestructura fueron reclutados entre antiguos militantes de la Liga Comunista Revolucionaria, LCR, e incluso en círculos ácratas. Es decir, entre organizaciones radicales de extrema izquierda y anarquistas, pero no independentistas.

El 6 de junio de 1975, ETA mató en Barcelona al cabo primero de la policía nacional Ovidio Díaz López, en el enfrentamiento ocurrido durante un atraco a una sucursal del Banco de Santander. Fue su primera víctima mortal en Catalunya. El 17 de marzo de 2001 ocurrió la última, el mosso d’esquadra Santos Santamaría Avendaño, fallecido por la explosión de una bomba en Roses (Girona). En medio, en veintiséis años, otros cincuenta y dos muertos (miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad, militares, simples transeúntes), y doscientos veinticuatro heridos, la mayoría civiles. En ese tiempo, lugares quedaron marcados para siempre en la geografía del terror: Barcelona, Vic, Sabadell…

 

Coches bomba

Al principio, los etarras perpetraron asaltos bancarios, colocación de explosivos en diferentes industrias y un secuestro que fue muy seguido por los medios de comunicación, el del empresario Jesús Serra Santamans, que permaneció cautivo de la banda entre el 26 de marzo y el 31 de mayo de 1980, siendo liberado tras el pago de un rescate de ciento cincuenta millones de pesetas; más de novecientos mil euros. A partir de 1986, cuando se inició la trayectoria del comando Barcelona, emplearon los coches bomba. En el relato hay que incluir ataques a empresas esenciales, contra intereses franceses, para amenazar los Juegos Olímpicos de 1992 o a fin de perjudicar la temporada turística. Con el tiempo, ETA fue derrotada por el Estado, acabando exhausta, con sus líderes y principales activistas en prisión y sin prácticamente capacidad operativa. La verdad es que no dejaron las armas, casi todas se las habían arrebatado, ya no podían hacer casi nada.

Hoy en día, muchos jóvenes españoles apenas saben quién era Franco, y a muchos catalanes ETA suena a algo muy pretérito, aunque sólo hace veintidós años que actuó en Catalunya y once que desapareció del mapa como organización. El pensador David Rieff sostiene que el olvido es una parte esencial y necesaria para encontrar la paz. Para Hannah Arendt, «nada llega con tanta rapidez y facilidad como el olvido». Vasili Grossman defendió que «la obligación del escritor es contar esta terrible verdad, y la obligación civil del lector es conocerla». Ferran Cardenal sostiene que «los que vivimos aquellas experiencias tenemos obligación de recordarlas para que se conozcan mejor y no se olviden».

«Una vez que has cumplido la pena eres libre, pero no han terminado tus responsabilidades. Esta idea no se corresponde con la realidad», escribe Mario Calabresi.

 

Queda la historia

Mientras sectores políticos abogan por superar unos tiempos trágicos, otros defienden la necesidad de tenerlos presentes y no ignorar quiénes fueron sus protagonistas. Y, asistiendo a este debate, quedan las víctimas: padres, viudas, parientes de los fallecidos y heridos en los atentados, cuyas vidas quedaron alteradas para siempre y que jamás podrán olvidar. En un libro recientemente aparecido en España, Salir de noche (Libros del Asteroide) el periodista italiano Mario Calabresi, cuyo padre fue asesinado por un grupo terrorista en su país, señala que hay que aceptar las medidas que se tomen en beneficio del interés general, pero se pregunta si la exigencia a los autores de los crímenes no va más allá del cumplimiento de una sentencia, y al respecto reflexiona: «Una vez que has cumplido la pena, eres libre, pero no han terminado tus responsabilidades. Esta idea no se corresponde con la realidad».

Recuerdo frente a olvido, dos tesis sobre las necesidades de una sociedad para mejorar. A lo mejor el camino está en medio de ambas posiciones, en un momento en que ETA ya no existe, pero aún es una presencia en la política española. Entre el recuerdo y el olvido, queda la historia.