El 2 de marzo de 2022, Etiopía fue uno de los 12 estados que no votaron en el marco de la sesión especial de emergencia de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre Ucrania. Al día siguiente, el primer ministro Abiy Ahmed hacía «un llamamiento a la moderación» en un comunicado que trataba de justificar el voto con alusiones directas a la guerra que desde noviembre de 2020 sacude la región del Tigré, el país y las zonas colindantes. Cuando comenzó la guerra, Europa miraba hacia Estados Unidos donde se estaban celebrando las elecciones entre Trump y Biden. Hoy, Europa mira a Ucrania. Entremedias, Europa apenas ha mirado a Etiopía.

Etiopía lleva meses sumida en una guerra que evidencia lo difíciles que son las transiciones políticas y el diálogo para el establecimiento de nuevos marcos políticos. En abril de 2018, la designación de Abiy Ahmed como primer ministro por parte del EPRDF (siglas en inglés del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope), la coalición de partidos en el poder desde 1991, pareció abrir un proceso de cambio en Etiopía.

El nuevo primer ministro habló de avanzar hacia la democracia y de liberalizar la economía. Designó un gobierno paritario, liberó presos políticos, permitió el retorno de exiliados políticos, y nombró a algunos a la cabeza de instituciones públicas como la junta electoral o la comisión etíope de derechos humanos. También operó un giro en la política exterior, al restablecer relaciones con Eritrea, ofrecerse como mediador en Sudán, y diversificar los socios del país consolidando relaciones con los países árabes del Golfo a pesar de las crecientes tensiones con Egipto por la construcción de la Gran Presa del Renacimiento etíope sobre el Nilo Azul. Abiy Ahmed parecía representar la voluntad de superar tres décadas marcadas por un creciente autoritarismo y control por parte de una restringida élite política y económica, controlada a su vez por el EPRDF. Su designación se interpretó como un mensaje de escucha a las demandas sociales de una población que mayoritariamente solo ha conocido el régimen actual, y que, especialmente desde 2014, reclamaba un cambio en el gobierno. Sin embargo, como ya ocurrió con su predecesor, Hailemariam Desalegn, su nombramiento a mitad de la quinta legislatura también buscaba asegurar la supervivencia del régimen, con tiempo suficiente para que Abiy asentara su liderazgo antes de los comicios previstos en 2020.

El primer ministro, Abiy Ahmed, fue galardonado en 2019 con el Premio Nobel de la Paz por el restablecimiento de las relaciones con Eritrea.

En este contexto, Abiy Ahmed fue galardonado en 2019 con el Premio Nobel de la Paz. El premio se justificó fundamentalmente por el restablecimiento de las relaciones con Eritrea, tras comprometerse Etiopía a implementar los acuerdos de paz de Argel y cerrar el enfrentamiento desde la guerra de 1998-2000. El galardón, concedido apenas dos años después de su nombramiento, reflejó la euforia de los estados occidentales, convencidos de que con Abiy el país abandonaría la senda de la democracia revolucionaria y el estado desarrollista para caminar por la de la democracia liberal y el libre mercado. El galardón reflejó, en suma, las expectativas más que la realidad.

El EPRDF estuvo históricamente dominado por el TPLF (siglas en inglés del Frente de Liberación del Pueblo de Tigré), un partido político de la región del Tigré colindante con la actual Eritrea, nacido en 1975 como movimiento armado de orientación marxista de resistencia al gobierno comunista de Mengistu Hailemariam. El creciente número de movimientos armados en Etiopía desde la década de 1960 reflejó el cuestionamiento del centralismo político del Estado etíope moderno, fruto de la expansión y consolidación imperial de Etiopía en la segunda mitad del siglo XIX. Al llegar al poder en la década de 1990, el EPRDF impulsó un proceso descentralizador sobre la base de una estructura federal y la politización de la identidad regional, que mantuvo, de facto, fuertemente controlado desde el gobierno federal. La preponderancia del TPLF en este entramado político generó nuevas resistencias y agravios que alimentan hoy la lucha entre el gobierno del primer ministro Abiy Ahmed y el TPLF.

 

Apagón informativo

El conflicto estalló la noche del 3 al 4 de noviembre de 2020, oficialmente por el ataque por las fuerzas armadas del TPLF a un cuartel del ejército etíope en Mekele, capital de Tigré. El apagón informativo que se ha producido desde el inicio de la guerra ha impedido esclarecer los hechos. En todo caso, el conflicto se venía gestando tiempo atrás. Al poco tiempo de regresar de su viaje a Oslo para recoger su galardón, Abiy Ahmed anunció el fin del EPRDF y la creación de un nuevo partido unitario, el Partido de la Prosperidad (PP). Todos los partidos que componían la coalición anterior se integraron en él, salvo el TPLF.

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Abiy tenía unos ocho meses para consolidar su nuevo proyecto antes de ir a las elecciones generales y regionales previstas para agosto de 2020. Sin embargo, apenas tres meses después de la creación del PP la OMS declaró la covid-19 pandemia; al poco tiempo, la junta electoral declaró la suspensión de los comicios por la situación sanitaria. Aunque la decisión no fue inmediatamente cuestionada por la oposición, esta sí rechazó la posibilidad de extender la legislatura hasta 12 meses después de que la covid-19 dejara de ser una amenaza para la salud pública, como planteó el consejo constitucional.

El TPLF en particular, todavía a la cabeza del gobierno del Tigré, decidió celebrar las elecciones regionales en septiembre de 2020 —que ganó con un controvertido 98 %—, y anunció que dejaría de reconocer la legitimidad del gobierno federal a partir del 5 de octubre, fin oficial de la 5ª legislatura. Semanas después estallaba la guerra entre el gobierno federal del primer ministro Abiy Ahmed y el gobierno regional del TPLF, encabezado por Debretsion Gebremichael.

Mientras que el TPLF no supo o no quiso encajar su pérdida de poder en los últimos años, Abiy Ahmed no supo o no quiso diseñar un proyecto político que evitara la escalada de tensiones con el partido que controló el poder durante décadas. Su estrategia, incluyendo el restablecimiento de las relaciones entre Etiopía y Eritrea por el que ganó el Nobel, buscó arrinconar a un TPLF, que reaccionó a la defensiva.

La brutalidad de la guerra en el Tigré ha trascendido a pesar de la prácticamente nula cobertura mediática y de las persecuciones a periodistas e investigadores, locales e internacionales. Particularmente brutal es el uso sistemático de la violencia sexual como arma de guerra, algo que empujó a Filsan Abdullahi, ministra de la mujer nombrada en 2018, a dimitir. También lo ha sido la entrada de las tropas eritreas en la guerra, invitadas por el gobierno de Abiy, aprovechando la animadversión entre la dictadura de Isayas Afwerki y el TPLF.

 

Emergencia humanitaria

Todas las partes implicadas han sido acusadas de crímenes de guerra. A pesar de las trabas a la investigación de dichos crímenes, en abril de 2022 una investigación conjunta de Human Rights Watch y Amnistía Internacional denunció crímenes de lesa humanidad y campañas de limpieza étnica en el Tigré occidental.

Particularmente brutal es el uso sistemático de la violencia sexual como arma de guerra, lo que llevó a dimitir a Filsan Abdullahi, ministra de la mujer.

Urge proteger a la población tigrina que apenas ha recibido ayuda humanitaria desde el inicio de la guerra, en la que han muerto 33 trabajadores humanitarios. No hay, sin embargo, cifras oficiales sobre las víctimas mortales del conflicto, solo estimaciones que oscilan entre unos miles y varios cientos de miles, incluyendo las víctimas como consecuencia de la hambruna y la falta de cobertura sanitaria derivadas de la guerra.

Urge igualmente proteger a la población tigrina fuera de la región, así como a la población de las regiones vecinas directamente afectadas por la guerra. En marzo de 2022 trascendió que, por primera vez desde el estallido de la guerra, Abiy Ahmed y Debretsion Gebremichael habían mantenido una conversación telefónica. Al poco tiempo se declaró una tregua humanitaria que, sin embargo, no ha traído cambios; la ayuda ha entrado con cuentagotas, porque se ha condicionado a avances en las negociaciones militares y políticas.

El silencio de Etiopía en el voto de la resolución ES-11/1 de la Asamblea de Naciones Unidas sobre Ucrania resuena paradójicamente como un rechazo a que las organizaciones internacionales debatan sobre lo que ocurre dentro de las fronteras de sus estados miembros y en las relaciones entre estos. La manera en que el gobierno de Etiopía ha conducido la guerra muestra un autoritarismo en continuidad con las décadas anteriores, que se trata de suavizar con una hábil campaña mediática, pero que pone en entredicho el discurso aperturista.

 

Discurso panafricanista de Abiy

En las elecciones generales y regionales que se celebraron finalmente en junio de 2021 —salvo en Tigré—, el Partido de la Prosperidad obtuvo el 97 % de los escaños. Abiy se ha presentado como un defensor de una identidad panetíope y gran parte de sus esfuerzos desde noviembre de 2020 se han concentrado en derrotar el TPLF, pero existen también conflictos y desafíos estructurales en otras regiones del país —como Oromía y Benishangul-Gumuz— que se han agudizado o desatendido por la guerra en Tigré.

En las elecciones generales y regionales de junio de 2021, el Partido de la Prosperidad obtuvo el 97 % de los escaños.

Abiy ha recurrido asimismo al discurso panafricanista para señalar como injerencias neocolonialistas cualquier crítica del exterior a su gestión del conflicto. Sin embargo, aunque el gobierno de Biden ha impuesto sanciones, la UE se ha limitado a congelar el apoyo presupuestario a Etiopía, y los estados miembros no han adoptado sanciones. Mientras, países como Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Irán, o China han dado un apoyo constante al gobierno federal.

El primer intento de la Unión Africana para mediar en el conflicto al poco tiempo de comenzar la guerra, con la designación de tres expresidentes africanos como enviados, fue infructuoso. En agosto de 2021, el expresidente nigeriano Olusegun Obasanjo fue nombrado enviado especial para el Cuerno de África y, aunque en diciembre 2021 Etiopía anunció el comienzo de un proceso de diálogo nacional, de momento no ha habido avances concretos hacia la resolución del conflicto.

 

Indiferencia europea

La situación sigue polarizada entre la narrativa del gobierno de Abiy Ahmed, que acusa al TPLF de atacar la integridad y unidad de Etiopía y de no aceptar su derrota, y la del TPLF que acusa al gobierno de Abiy Ahmed de romper con el proyecto político y económico del EPRDF y volver a un discurso centralista propio de los regímenes anteriores. Cualquier avance hacia la paz necesitará un alto el fuego creíble, el cese de las hostilidades, y la participación de actores comprometidos en la resolución de este conflicto.

La lógica atención que en Europa damos hoy a la guerra en Ucrania contrasta con la manera en que hemos normalizado la guerra en Etiopía y nuestra indiferencia hacia ella. Una normalización propia de una sociedad internacional con profundas jerarquías, que se evidencian en las respuestas dispares que reciben los conflictos según dónde sucedan.