Eulàlia Vintró dedicó veinte años de su vida a la representación y gestión política. Fue diputada en el Congreso (1979-1982), diputada en el Parlament de Catalunya (1984-1987) y concejala primero y después teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona (1983-1999). En el consistorio barcelonés se encargó de las áreas de Educación y Bienestar Social. Doctora en Filología Clásica por la Universidad de Barcelona (UB), ciudad en la que nació en agosto de 1945, se adscribió a la ideología comunista de Bandera Roja, el Partido Socialista Unificado de Cataluña e Iniciativa per Catalunya-Verds. Al dejar la política volvió a la docencia como profesora de Filología Griega en la UB. Desde su jubilación, en 2015, ha aportado y aporta sus reflexiones en tertulias políticas y artículos de opinión.

 

Uno de sus últimos artículos habla del alejamiento de la ciudadanía de la democracia. ¿Por qué se ha producido ese alejamiento?

Las distintas fuerzas políticas de la izquierda –las de la derecha nunca han intentado sumar a la gente a la democracia–, más allá de su gestión política e institucional, habían tratado durante muchos años de organizar mecanismos de participación, de debate, de relación que implicaran a las personas en el desarrollo de la realidad política. Esto ha caído de una forma bastante espectacular. Seguramente la pandemia lo ha agravado. En estos momentos están pasando muchas cosas por todo el mundo y la reacción ciudadana es muy pequeña. Hay un alejamiento, una separación, un desconocimiento, una falta de interés por parte de la gente en la participación democrática y tampoco existe una voluntad específica y enérgica de las formaciones de izquierda para implicar a la ciudadanía.

 

¿Este alejamiento de la ciudadanía de la democracia y la confianza en los políticos es una cuestión catalana y española o también se da por todas partes?

Catalana, claramente. Y española, también. Del resto de Europa no tengo la información y el conocimiento que he tenido durante muchos años porque ahora lo sigo menos y no me atrevo a asegurarlo, pero yo creo que existe esta situación está bastante generalizada. En Italia, por ejemplo, también se da. La caída del Partido Comunista Italiano, con todo el mecanismo de participación que tenía estructurado, ha hecho que los políticos vayan por un lado y la ciudadanía por otro y que no haya foco ni espacios de colaboración.

 

La polarización del debate político en Catalunya sobre si debe ser o no independiente de España ¿ha influido en esa pérdida de fe en la política y en quienes la ejercen?

Seguro. Lo que ha ocurrido ha sido un error por parte de las personas no independentistas que no hemos jugado desde el primer momento la carta del diálogo, de la explicación, del debate, de los artículos en los periódicos, de la organización de conferencias para explicar por qué no estábamos de acuerdo. Hemos considerado que esto se amortiguaría solo y que no había que preocuparse por ello. La realidad no ha sido ésa. El crecimiento del movimiento independentista ha sido muy grande. Es cierto que ahora ha llegado a un techo pero no ha habido una acción enérgica, activa y razonada de oposición al independentismo por parte de la gente que no éramos partidarios de la independencia.

«El independentismo irá cayendo porque no irá a ninguna parte y cuando algo no va a ninguna parte, desaparece»

¿Este debate sobre la independencia seguirá casi monopolizando el escenario político catalán durante muchos años?

No creo. El independentismo dijo que en un año la hacía. Han pasado ya tres o cuatro años y no han hecho nada. En el futuro todavía van a hacer menos. La realidad internacional se está complicando de tal manera que anécdotas como la que representa el independentismo dejan de tener repercusión alguna. Irá cayendo porque no irá a ninguna parte y cuando algo no va a ninguna parte, desaparece.

 

Usted pedía un gobierno tripartito de izquierdas en la Generalitat después de las elecciones del 14 de febrero del año pasado pero se formó uno independentista. ¿Se puede repetir en el futuro la fórmula tripartita que llevó a Pasqual Maragall a la presidencia?

Dependerá de los resultados electorales. En estos momentos, la relación ERC-Junts es muy mala. Está empeorando y seguirá empeorando y puede llegar a un punto en que, aunque en unas próximas elecciones sumasen el números de votos suficientes, difícilmente podrían realizar un acuerdo de gobierno. Por lo tanto, si suman suficientemente PSC y Esquerra Republicana, pactarán aunque hoy digan que es imposible. Y si no suman pactarán con los comunes.

 

¿Pasará eso?

Puede ocurrir. No es seguro pero es una posibilidad.

 

Cuando echa la vista atrás y repasa los veinte años que dedicó al parlamentarismo y a la gestión política ¿tiene la impresión de que la izquierda ha actuado de la mejor manera posible en ese periodo?

No. Seguro que no. Lo que ocurre es que hacer los análisis críticos de una trayectoria política de las fuerzas de izquierda, aquí o donde sea, lleva siempre a ver los momentos en que se equivocaron o confundieron cuál era la prioridad. Sin embargo, aquí tenemos una realidad que acostumbramos a olvidar que es que no veníamos de una tradición democrática. La gente que en el 77, el 79 o el 81 empezamos a ocupar puestos y cargos en las instituciones políticas no teníamos la menor tradición de política institucional activa. No contábamos con ninguna experiencia. Como mucho, habíamos ocupado el cargo de decano de un colegio profesional determinado. Esto no es lo mismo que ocupar un cargo en un gobierno o ser diputado en un Congreso.

Hubo una parte de aprendizaje que se hizo muy aceleradamente y que, al menos desde mi punto de vista particular, fue apasionante. Si hubiera habido esta tradición, se habrían podido corregir muchas decisiones o actuar de forma diferente. Si hoy he de realizar un análisis de las izquierdas en el momento de la tradición, le daría un notable alto.

PUBLICIDAD
Neix DFactory Barcelona, la fàbrica del futur. Barcelona Zona Franca

 

No comparte en absoluto la crítica de quienes hablan de forma despectiva de régimen de 1978. Considera que la Constitución que se aprobó entonces ha permitido que España progresara bastante en estos casi 45 años

Que hablen de régimen del 78 me indigna porque el régimen, para los que venimos de la época de la que venimos, era el otro. Y la Constitución del 78 no es el régimen. Es una Constitución democrática con elementos que en ese momento eran los que se podían pactar porque, como no podía ser de otro modo, se hizo sumando fuerzas de posiciones muy diferentes y permitía algo que no había ocurrido durante todo el siglo XIX, que es que cada vez que cambiaba el gobierno de turno a raíz de unas elecciones se hacía una nueva.

«No hay una voluntad enérgica de las formaciones de izquierda para implicar a la ciudadanía»

Que ahora tengamos una Constitución con más de cuarenta años, con aspectos que sería muy interesante que se pudiesen modificar, tanto desde artículos que deberían tocarse y de cuestiones nuevas que se deberían incorporar como temas ecológicos y medioambientales que no forman parte ahora de ella, sería bueno. La actitud actual de la derecha de nuestro país hace muy impensable que se pueda llegar a acuerdos.

 

El desprestigio de la Monarquía es poco discutible. ¿España debería volver a ser una República como forma de Estado?

No me importaría nada que se cambiara de la Monarquía a la República. Nunca he sido monárquica. Durante estos 40 años, la Monarquía no ha perjudicado. Ha servido, en determinados momentos, para tranquilizar la sociedad. Recordemos lo que pasó el 23F. Por el contrario, tras lo que ha hecho Juan Carlos I y la situación actual, no parece demasiado lógica su continuidad.

¿Es ese cambio la prioridad actual del gobierno? No lo es, porque no existe la posibilidad de llegar a acuerdos para realizar ese cambio, y si tienes que entrar en una bronca monumental que haga que no se tengan en cuenta los diversos problemas concretos que hay que resolver y que se concentre todo en una discusión teórica sobre la Constitución republicana o la Constitución monárquica, no iremos bien.

 

La educación fue su primera responsabilidad como concejal del ayuntamiento de Barcelona. A grandes rasgos, ¿cómo lo ve el sistema educativo en la actualidad?

La última Ley de Educación no la he leído. A lo largo de estos cuarenta años ha habido ocho o nueve leyes educativas y las he leído todas. No sólo las he leído sino que en muchos casos me ha tocado aplicarlas, gestionar el sistema educativo de Barcelona. No me la he leído porque no he visto que hubiera en ella ninguna gran aportación, no he tenido la sensación de que ni la ministra ni la gente que gestiona la educación hayan hecho un planteamiento de innovación de fondo de la estructura del sistema en nuestro país.

Lo que están haciendo son pequeños retoques, pequeñas correcciones, pequeñas modificaciones. Y esto no sirve de gran cosa. Hace muchos años que se sabe, que se dice y que se repite que el eje de la mejora de la situación económica, social y política de cualquier país pasa por la educación de la ciudadanía. Es cierto que hoy se va o se ha ido a la escuela y se tienen unas titulaciones de Bachillerato o de Formación Profesional como nunca se habían tenido en la historia de España, pero también es cierto que una cosa es tener el título y otra diferente es tener una buena formación.

Una cosa es que hayas pasado unos años en la escuela y otra que hayas conseguido unos mecanismos de razonar, de pensar, de ejercer una capacidad crítica, que es lo que aporta una buena educación. Y ésta es la parte que la nueva educación debería incorporar y que no veo muy claro que lo haga.

 

¿Qué es lo que piensa sobre el debate sobre la inmersión lingüística y la proporción del uso de las lenguas catalana y castellana en la escuela?

¿Qué pasa? En determinadas escuelas ya hace años que ocurre que hay predominio de personas castellanohablantes o de hablantes de cualquier idioma. Las hay dónde se hablan hasta treinta o cuarenta idiomas. Esta realidad tan variada hace que deba dedicarse una atención muy especial a estas escuelas para facilitar el aprendizaje del catalán y del castellano, además de al conocimiento de la lengua propia de este niño. La dotación en la estructura educativa de un personal especializado para hacer frente a esta diversidad lingüística no se ha hecho con el rigor que debería haberse efectuado.

«El mecanismo de inmersión lingüística no puede ser el mismo que el que se hizo en el primer momento»

El gobierno catalán ha visto que esa realidad estaba yendo mal y propone y hace cosas, pero han pasado muchos años sin que hiciera nada. La última modificación que se estableció, y que estaba muy bien pensada, era la de decir que no debía hacerse la misma inmersión lingüística en todas partes sino que si en el lugar donde se encuentra la escuela hay un predominio absoluto del catalán, lo que hay que insistir es en una buena formación del castellano para que cuando el niño o la niña llegue a los catorce años domine las dos lenguas.

Y al revés, si la escuela está rodeada de gente que habla castellano y la mayoría de los estudiantes que van a ella son castellanohablantes debe hacerse un esfuerzo muy especial y mejorar mucho más la enseñanza del catalán para conseguir que lleguen al final exactamente con el mismo nivel. Ésa fue una gran idea. No puede ser el mismo mecanismo de inmersión lingüística que el que se hizo en el primer momento. Entre otras cosas, porque entonces no pudo pensarse en esto y porque la realidad lingüística no era la misma que es ahora. Por lo tanto, en la medida en que esta realidad lingüística ha cambiado la realidad educativa y la atención especializada en cada una de las escuelas debe ser diferente.

 

Fue teniente de alcalde de Bienestar Social. Estos días hemos visto datos sobre los elevados niveles de pobreza que existen en Cataluña. ¿Qué es lo que falla?

Es así en todas partes. ¿No hay pobreza en Francia? El crecimiento y desarrollo capitalista que se está produciendo está generando una mayor desigualdad social. En los niveles más altos hay una minoría cada vez más acomodada, más rica, más millonaria y va creciendo muchísimo la gente con pocos recursos y también están disminuyendo las clases medias. Barcelona es la ciudad que más invierte en la política social de toda España. Esto no se dice. Las críticas a Colau son infinitas y algunas tienen razón, pero en política social Barcelona es la ciudad que más invierte.

En el mandato anterior se logró que no subiera la diferencia entre la zona más rica y la más pobre de Barcelona; incluso creo que disminuyó en una décima. En estos momentos no lo sé, porque la pandemia, la crisis y la guerra nos están perjudicando. Que haya crecimiento de la desigualdad ocurre en todas partes. En Cataluña, la inversión en política social es de las más bajas de España.

 

¿Buena nota, pues, para Ada Colau?

En ese terreno, absoluta.

 

Si compara a Pasqual Maragall y Ada Colau, ¿quién sale ganando?

Son dos mundos distintos. Son dos personajes absolutamente distintos y son dos épocas también diferentes. Pero, visto quien podía ser alcalde o alcaldesa, lo mejor que le ha ocurrido a Barcelona es que lo sea Colau.

 

Maragall impulsó la redacción de un nuevo Estatuto de Autonomía de Catalunya. ¿Fue una buena idea?

La idea no era mala. El problema fue que las demás fuerzas políticas no tenían ningún interés en él, ni siquiera las de izquierdas, y que durante el debate de la elaboración del Estatut, Convergència i Unió, algo increíble, forzaba los contenidos de la autonomía de Cataluña a unos niveles impensables. Lo sé perfectamente. Si algo conozco bien es esa realidad, porque sé cómo funcionó la ponencia que lo redactó.

Se hizo un Estatut alocado, absolutamente detallista, casi como si fuese un decreto. Se hizo con poca profundidad y conciencia colectiva de las fuerzas catalanas de tratar de mejorar el contenido general del Estatut, incorporar aquellas cuestiones que le faltaban y dejar un margen para su desarrollo. Hicieron un Estatut que se pasaba mucho, los socialistas en Madrid decidieron que le pasarían el rastrillo, el PP lo presentó al Tribunal Constitucional, el Constitucional hizo algo surrealista, que es anular artículos del Estatut de Catalunya que están en los estatutos de otras comunidades autónomas…

Al final acabas teniendo un desconcierto y una falta de credibilidad en el sistema jurídico, en el sistema constitucional, que da mucha pena, que disminuye el valor de la democracia y el apego de la ciudadanía a la democracia. Cómo le puedes explicar a una persona que un artículo es declarado inconstitucional en el Estatuto catalán pero no en el andaluz o el valenciano. ¿Cómo valorar a este Tribunal Constitucional? Y es la principal institución.

 

Maragall defendía el federalismo tanto en España como en Europa. Es también su apuesta

Yo siempre he sido federalista. El federalismo es la solución más razonable. La autonomía es ya muy importante. Estados federales como los de Alemania son menos autónomos en algunas cuestiones que la autonomía catalana. Hay un margen de relación política que el Estado federal sí que tiene y las autonomías españolas no. Por tanto, avanzar en este terreno y crear un Estado federal sería una cuestión absolutamente civilizada e integrada en la Unión Europea.

 

Acabamos con uno de sus últimos artículos en el diario ‘El Periódico’. Se titulaba ‘Hacia la tercera guerra mundial’. No había interrogante al final. ¿Tan negro ve el futuro?

Yo creo que el futuro está negro. En estos momentos desconocemos la enorme capacidad económica y política que tiene China. Sabemos vagamente que ha ido interfiriéndose y apropiándose de muchos bienes de muchos países, no sólo africanos. Se cuenta una anécdota de Hillary Clinton de cuando era responsable de Exteriores y fue a China. A la vuelta del viaje le recriminaron que no había abucheado a los chinos por la represión de Tian An Men. Ella contestó: “¿usted al banquero que le deja dinero, le da broncas?; pues, yo no”. Los chinos tenían mucho dinero invertido en Estados Unidos. En África y Asia ni te cuento.

«El crecimiento y el desarrollo capitalista que se está produciendo está generando una mayor desigualdad social»

Tienes una potencia mundial que es China. Luego está la potencia de Estados Unidos que ya no es lo que era, pero todavía tiene un peso enorme. De Rusia se dice que baja. Ha bajado pero también cuenta. Europa sigue sin ser un poder importante porque no consigue crear la federación europea y mandan en ella los diferentes países. El equilibrio está entre estas cuatro potencias mundiales. Hasta ahora, podríamos decir que Europa y Estados Unidos están en el mismo lado.

La guerra de Ucrania da la impresión de que esto sigue así. ¿Pero Rusia y China están en el mismo lado? No sé. No tengo ninguna certeza de ello. ¿El equilibrio entre estas cuatro grandes potencias puede acabar o no en una guerra mundial? ¿Rusia puede acabar lanzando una bomba nuclear? Lo dicen. Lo dicen mucho. ¿Pasará? Espero que no, pero si ocurre ¿los demás se quedarán quietos? Y si no se quedan quietos, ¿qué van a lanzar? ¿Lanzarán otra? ¿Cuántas lanzarán? ¿Nos cargaremos el mundo? Es una posibilidad y no existe una gran capacidad de hacer frente a esto. No soy optimista respecto al futuro.