Eva Prats y Ricardo Flores, formados en el despacho de Enric Miralles, son una de las grandes referencias españolas en el ámbito de la rehabilitación de edificios. Quieren preservarlos por su valor físico y su condición de contenedores de la historia y la memoria, insuflándoles nueva vida. La Nova Sala Beckett, en Barcelona, es un paradigma de su labor. Ahora preparan, entre otras obras, dos edificios de viviendas en Lund (Suecia) y rehacen el teatro Varietés, situado en el corazón de Bruselas.

 

 ¿Por qué quisieron trabajar con Miralles?

Eva Prats. Yo lo tuve como profesor en la ETSAB. Contagiaba la ilusión por el trabajo. Era respetuoso, escuchaba y sabía guiarte. A veces en clase no le entendías. Pero luego, mientras dibujabas, ibas recordando y comprendiendo lo que había dicho. Ir a clase por las mañanas y trabajar con él y con Carme Pinós por la tarde fue disfrutar de un doble aprendizaje.

Ricardo Flores. Al terminar los estudios en Buenos Aires me pareció que el despacho de Miralles me ofrecía algo único. Me atraía su mundo, su formalidad tan especial, la intensidad de su dibujo, el modo en que construía espacios.

 

¿Qué aprendieron de él?

E.P. La actitud de investigación permanente…

R.F. … Que estaba muy ligada al dibujo a mano, en tanto que método de investigación e instrumento de pensamiento. También un concepto generoso del tiempo, necesario para investigar con la cabeza, la mano y el lápiz.

 

¿Por qué decidieron fundar su propio despacho, en 1998?

E.P. Teníamos afinidades, referencias comunes en los autores nórdicos o italianos, en Le Corbusier y Kahn, en el barroco, en los Smithson. Y, sobre todo, en el valor del dibujo.

R.F. Nos resultaba fácil dibujar juntos. Pensamos que podríamos entendernos. También estaba el común interés por la rehabilitación.

E.P. Nos parecía que Barcelona destruía demasiado patrimonio. Por ejemplo, en la apertura de la Rambla del Raval. Se derribaban edificios y se sustituían por otros no siempre mejores. Empezamos participando en el concurso para la rehabilitación del casco antiguo de Vilanova i la Geltrú. Desde el principio trabajamos pues en la rehabilitación. Eran los años del Guggenheim, la obra nueva tenía gran prestigio, la rehabilitación parecía una actividad de segunda.

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