En el segundo tomo de sus memorias, Los años sin excusa (1977), Carlos Barral recuerda que una de las primeras ocasiones en que conversó con Cela fue con motivo de un almuerzo con el crítico Antonio Vilanova. Debía ser el año 1953 o 1954, durante la estancia barcelonesa del novelista a comienzos de la primavera del 53, o bien a finales de la primavera del 54. En esta segunda ocasión Cela ya viajó a Barcelona desde las primicias de su retiro mallorquín.

Sus dos corresponsales habituales a la altura de la publicación de Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953) son José Vergés (Destino) y José Pardo (Noguer), si bien por esos días se inauguraron nuevos puentes cordiales, especialmente con Antonio Vilanova, Néstor Luján y José María Castellet. En el ecuador de la década de los cincuenta, Camilo José Cela ha ratificado su decisión de instalarse en la isla de Mallorca e inicia una frecuente y rica relación con Carlos Barral, que alcanzaría a 1963. Fruto de esta relación entre el editor de Seix Barral y el forjador de Papeles de Son Armadans nacen el fértil encuentro entre Cela y Jaime Gil de Biedma (nunca precisado con exactitud y sobre el que tengo en el telar una detenida aproximación) y el olvidado proyecto de colaboración de Gabriel Ferrater con la revista mallorquina.

Cela mantenía relaciones editoriales y literarias con Barral antes de que en abril del 56 saliese a la luz Papeles de Son Armadans. Así, Barral se carteaba con Cela desde mediados de 1955, cuando llegaron al acuerdo de editar Vagabundo por Castilla, como la publicación ilustrada que Seix Barral repartía anualmente con motivo de la Navidad. Con posterioridad, y ya en marcha la revista mallorquina, Barral pasó a desempeñar el papel de cónsul de la publicación en Barcelona, función a la que alude en varias ocasiones su epistolario con Cela.

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