Gabriel Ferrater nació en Reus en 1922 y murió en Sant Cugat en 1972. Este año, pues, celebramos el centenario de su nacimiento y el cincuentenario de su muerte. Ferrater fue una de las personalidades más brillantes del mundo cultural de la España de la postguerra, y uno de los poetas catalanes más importantes del siglo XX.

Quien mejor lo definió fue su amigo José María Valverde, y lo hizo con sólo tres palabras. Dijo que era un «Dante sin Florencia» (Poesías reunidas, Lumen, 1970). Y esto quiere decir, en primer lugar, que nació en el país equivocado. Efectivamente: Cataluña está muy lejos de ser Florencia y, tal como van las cosas, ni siquiera tiene ningunas ganas de parecerse. Pla y Gaziel ya habían afirmado hacía tiempo que, en este país, sobresalir de la mediocridad obediente es peligroso, porque los que mandan en el mundo de la cultura no lo toleran. Además de sobresalir de este tipo de mediocridad, la inteligencia de Ferrater fue única en su época, lo cual hace que las palabras de Valverde sean todavía más verdaderas de lo que parece a primera vista.

En lo que se refiere a su poesía (Les dones i els dies, Edicions 62, 2019), la característica más espectacular es el cambio de dicción, en el sentido de elocutio; es decir, la elección y la combinación de las palabras. Es un cambio que se parece mucho al que llevaron a cabo Wordsworth y Coleridge en la lengua inglesa del siglo XIX, que consistía en acercar el lenguaje poético a la lengua viva de la época. En este sentido, podemos hablar de la poesía de antes y después de Ferrater. Por una parte, usa palabras que no se habían usado nunca, como por ejemplo: alcohol, putes, parracs, pòquer, cuneta, aeròdrom, purgacions y un largo etcétera; y por la otra, no tiene ningún problema en escribir otras que ni antes ni ahora pertenecen al catalán pedigrí (me refiero, claro, a la normativa oficial), como por ejemplo: acera, tonto, enxufat, entregar, per (en lugar de per a en los complementos benefactivos), etc.

 

Innovaciones sintácticas

Ahora bien: estos usos no son sino un detalle de su nueva dicción. También la sintaxis es nueva porque es un espejo de la lengua viva. Basta fijarse en «In Memoriam», el primer poema de su primer libro, Da nuces pueris, donde la narración calca estructuras que pertenecen del todo a la sintaxis coloquial. Entre los muchos ejemplos concretos de las innovaciones sintácticas, está, por ejemplo, el uso adverbial de los adjetivos. En «Esparver» encontramos dos casos: «i m’esgarrinxa fresc / el blau urpat que riu». Ferrater usa «fresc» en el sentido de «novament», o «d’una manera nova». En el Diccionari català valencià balear hay una locución parecida: «de bell fresc», procedente del mallorquín casi con el mismo sentido. También en el mismo poema, un poco más arriba, encontramos: «Pellaven sec les genives del sol», con el sentido de «cicatritzar d’una manera seca». Este uso adverbial de los adjetivos es bastante frecuente en su poesía.

Usa palabras que no se habían usado nunca, como por ejemplo: ‘alcohol’, ‘putes’, ‘pòquer’, ‘cuneta’, ‘aeròdrom’, ‘purgacions’ y un largo etcétera.

Entre muchos otros ejemplos, tenemos el uso expletivo de los pronombres débiles. En una traducción de «Dover Beach» de Matthew Arnold, Ferrater tradujo Come to the window por «Vine’m a la finestra». El pronombre de primera persona le soluciona no tener el acento sobre la quinta sílaba, cosa que habría estropeado la métrica y, además, añade el sentido de «vine a la finestra, que és on jo sóc». En «Boira», en los versos 1, 9 y 11, encontramos tres pronombres débiles en tercera persona del plural: «Molt abans que te’ls tornis vella i grisa»; «Sé com, després, se’ls obriran les vies», y «els fibli l’orella». El primero es un expletivo (o dativo ético), el segundo un complemento indirecto no regido, y el tercero un complemento de nombre (o dativo simpatético). Entre otros ejemplos, encontramos el mismo procedimiento en «Kensignton»: «te m’has tornat una flor groga».

Otra de las innovaciones pertenece a la métrica, no sólo en lo que se refiere a la distribución acentual, sino sobre todo a la falta de correspondencia entre los sintagmas fonológicos (o unidades de emisión), por un lado, y las unidades métricas, por el otro. También en «In Memoriam» encontramos ya muchos ejemplos de este tipo de encabalgamientos, y es un recurso que aparece a menudo en su obra poética.

 

El lenguaje figurado

Además de todos estos procedimientos técnicos, tenemos también innovaciones mucho más significativas. Son las del lenguaje figurado, que es donde la poesía de Ferrater brilla más con luz propia. Para no salir del poema ya mencionado, fijémonos, por ejemplo, en las metáforas de la segunda estrofa de «Esparver»:

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Un mal estiu s’emmagranava espès.
Dies premuts, grums de sang i d’ossets.
Pellaven sec les genives del sol.
Tarava el corc la fibra de les nits.

En los dos primeros versos, presididos por el neologismo «s’emmagranava», y también en los dos últimos, tenemos un lenguaje figurado de un tenor bastante impreciso, que no hay que interpretar de una forma demasiado concreta para no recortarle posibles sentidos. El sentido general podría ser éste: durante este «mal estiu» pasaban cosas muy extrañas: los días parecían granos de una granada, las encías del sol cicatrizaban de una manera seca, y las noches, como si fueran parte de una fibra, estaban taradas por la carcoma.

Todos estos ejemplos de nueva dicción de Ferrater se distribuyen en los tres constituyentes de la gramática: fonética (la forma exterior o sonora), sintaxis (la forma intermedia) y semántica (la forma interior o figurativa). Seguramente son estas características nuevas las que explican el éxito inmediato que tuvo entre los lectores. Pese a la dificultad de algunos poemas para dejarse entender, la nueva dicción resultó enormemente atractiva, no tanto por nueva, sino sobre todo por la capacidad de extraer de la lengua recursos potenciales que no se habían explorado antes. Dicho de otro modo: el forzamiento ejercido sobre la lengua, un recurso aprendido de Carner, Riba y Fox (pero empleado de otra manera), le permitió obtener un altísimo y espectacular rendimiento de sentido.

 

Sucio chantaje de Tomàs Garcés

La dificultad de algunos de sus poemas se explica por las reacciones de la crítica. Si no hubiera sido por el sucio chantaje de Tomàs Garcès (inmortalizado más tarde como «El tal·lós»), Da nuces pueris habría obtenido el premio Carles Riba, según explica su editor Josep Pedreira, que vio inmediatamente el valor del libro y, por tanto, lo quiso editar. Una vez publicado, Francesc Vallverdú hizo una reseña muy negativa, firmada con pseudónimo. Después de que Castellet le tirase de las orejas, Vallverdú rectificó. El segundo libro, Menja’t una cama, fue tildado de indecente. No es extraño, pues, que Ferrater pensase que si no le habían querido entender, todavía le entenderían menos en el tercer libro. Y efectivamente, es en Teoria dels cossos donde encontramos los poemas más difíciles.

En el Curs de literatura catalana contemporània, Ferrater justifica la dificultad de sus poemas de la manera siguiente: «El poeta, actualment, ha de procurar no ser entès, però no per perversitat ni per cap mena de gratuïtat, sinó perquè ha de procurar no ser entès per la gent que ell no vol que l’entengui […], la gent que agafarà les seves imatges, que agafarà els seus temes i que els trivialitzarà […] Per tant, és inevitable que el poeta es refugiï a amagar el seu sentit a aquesta gent de qui no vol ser entès, justament per crear-se un públic, ben reduït, de qui demana i espera que l’entengui plenament.»

El forzamiento ejercido sobre la lengua, un recurso aprendido de Carner, Riba y Foix, le permitió obtener un altísimo y espectacular rendimiento de sentido.

Es curioso observar hasta qué punto la oficialidad cultural lo ignoró y marginó, mientras, por otro lado, promocionaba a escritores mucho menos brillantes, como por ejemplo a Salvador Espriu. Pero, claro, lo que se premiaba en un escritor era su nacionalismo, en la vida y en las obras. La calidad no importaba demasiado. Esto también explica que ni Pla, el mejor prosista, ni Carner, el mejor poeta, recibieran nunca el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, una prueba más de las muchas que demuestran que Catalunya no es Florencia. Ferrater se dio cuenta y, en el Curs de literatura catalana contemporània, comentando un desatino que un burgués le soltó a Carles Riba, habla de «la bàsica, sòlida i indestructible incultura d’aquest país» (Editorial Empúries, 2019).

 

Sueldo de 17.000 pesetas

Exceptuando al Dr. Antoni Comas, nadie fue capaz de ofrecerle un trabajo decente. Tenía que ganarse la vida traduciendo, y todos sabemos lo miserable que es el sueldo de un traductor. Gracias al Dr. Comas, Ferrater acabó la carrera de Letras y pudo enseñar en la Universidad Autónoma de Barcelona, que entonces estaba en Sant Cugat. Pero el sueldo, si no recuerdo mal, era bastante insignificante: 17.000 pesetas; o sea, 102 euros mensuales. Ni siquiera el que se suponía que era su amigo, Carlos Barral, fue capaz de ofrecerle un trabajo bien pagado, teniendo en cuenta que su talento habría beneficiado enormemente al grupo editorial que poseía Barral.

Además de ser un poeta esencial en nuestra literatura, Ferrater era un hombre de una enorme inteligencia. Y eso lo sabemos no sólo quienes lo tratamos, sino todos los lectores de sus ensayos. Hay que destacar, aparte de la obra que acabo de citar, Escritores en tres lenguas, (Antàrtida/Empúries, 1994), Sobre literatura (Ed. 62, 1979), Sobre pintura (Seix Barral, 1981), Sobre el llenguatge (Quaderns Crema,1981), Papers, cartes, paraules (Quaderns Crema, 1986) y Noticias de libros (Península, 2000). Todos estos libros son enormemente valiosos. El Curs de literatura catalana contemporània, que recoge las conferencias que dio en la Universidad de Barcelona entre 1965 y 1967, la mayoría grabadas y luego transcritas, presenta un inteligente y lúcido panorama de las corrientes centrales de la literatura catalana del siglo XX.

Escritores en tres lenguas recoge una mínima parte de los artículos encargados por una editorial de Barcelona destinados a una enciclopedia de literatura universal que no se llegó a publicar. Cada artículo describe con una gran precisión las aportaciones más importantes de cada uno de los autores tratados de lengua alemana, francesa e inglesa. La lectura de este libro, además de informar sobre la calidad literaria de los autores recogidos, es una muestra interesantísima del nervio literario de Ferrater como lector.

Un día me advirtió: «Chomsky acaba de empezar a ver peces, pero todavía no ha pescado ni uno.»

El interés por la pintura se le despertó, con el rigor y la pasión que le caracterizaban siempre, cuando visitó por primera vez el Museo del Prado en otoño de 1947, a los 25 años. Dedicó una gran atención a la pintura durante prácticamente diez años. El interés por la lingüística tiene dos fuentes; en primer lugar, la sorpresa que le provocaron las muchas bobadas y errores de la Gramática Catalana de Badia Margarit en 1962, y, en segundo lugar, la lectura de sus lingüistas preferidos: Bloomfield, Bally y Benveniste; sin olvidar a Chomksy, aunque, de hecho, como yo también caí en la trampa de la gramática generativa, un día me advirtió que debíamos relativizar su obra lingüística, porque —decía— «Chomsky acaba de empezar a ver peces, pero todavía no ha pescado ni uno». Si Ferrater hubiera vivido unos años más, habría visto que a Chomsky incluso se le habían acabado las ganas de salir a pescar.

El resto de los ensayos son igualmente importantes. Papers, cartes, paraules recoge las reseñas de las lecturas que hacía para Seix Barral, que son enormemente divertidas, en parte porque sabía que las leería su hermano, que en aquella época era el director literario de la editorial. Y tiene, además, el interés de la correspondencia, de otros artículos y de la traducción catalana de los dos primeros actos de Coriolano, que yo valoro enormemente porque a mí me sirvieron de modelo para mis traducciones de William Shakespeare. Y finalmente, Noticias de libros tiene el aliciente de recoger un número considerable de reseñas escritas por él, así como muchas otras que no figuraban en Papers, cartes, paraules. Todos estos libros representan un magnífico tesoro que afortunadamente su hermano Joan pudo reunir y editar, ya que él no se preocupó nunca de publicarlos, como si la única obra que realmente le importase hubiera sido la poesía reunida en Les dones i els dies.

 

La bondad de Ferrater

No querría acabar este artículo sin mencionar una característica de Ferrater de la que se habla muy poco. Me refiero a su bondad. Albert Camus, que no era precisamente un santo de su devoción, escribió que la gente muy inteligente es también muy bondadosa. En el caso de Ferrater es una gran verdad, que también recogió Valverde en el poema que le dedicó en Ser de palabra, que empieza con estos versos:

 

«Mi Horizonte se me ha cerrado»,
un día dejaste caer,
de pasada como excusándote
por mostrar tan poco interés
hacia todas las trascendencias
y a todo lo que fuera fe.
Sin embargo, lo desmentías
con tu manera de querer
a tanta gente, sobre todo
si era sencilla y sin doblez
[…]

Nuestra misión actual en este doble aniversario es volver a leer la obra de Ferrater y situarla en el lugar preeminente que le corresponde en la historia de la literatura catalana, y que las vacas sagradas de la cultura oficial de su época, es decir, de «la cultureta», le negó marginándolo de una forma totalmente abyecta.