El pasado 12 de marzo, se cumplió el centenario del nacimiento del icónico escritor estadounidense de la generación beat, Jack Kerouac. Beat es el nombre que se da al conjunto de poetas fundadores del movimiento literario surgido entre los años 40 y 50 en Estados Unidos. Entre los principales miembros, además de Kerouac, se encuentran William Burroughs, Lucien Carr, Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, Gary Snyder y otros.

La obra más emblemática de Jack Kerouac es En el Camino, escrita entre el 2 y el 22 de abril de 1951, y publicada en 1957. Esta novela narra la historia de Sal Paradise (el propio Jack) y Dean Moriarty (el poeta Neal Cassady) quienes hacen un viaje, sin destino claro, a través de Estados Unidos, en coche. Esta aventura los lleva a conocer las entrañas de su país y el lado oscuro del sueño americano. Una obra cargada de hedonismo que utiliza la música, las drogas y el sexo como formas de expresión de libertad, una de las características de la filosofía de la generación beat.

Otra de las obras a destacar de Kerouac es Los vagabundos del Dharma, cuyo personaje principal, Japhy Ryder, es el alter ego del poeta Gary Snyder (San Francisco, 1930). Snyder compartió con Allen Ginsberg y Jack Kerouac no solo la amistad, sino experiencias de vida que marcaron sus posteriores carreras literarias. Aunque no le guste a Snyder, esa amistad con Allen Ginsberg (con quien participó en la antológica lectura de Aullido en la Sixth Gallery de San Francisco, que marcó el inicio de la generación beat) y su personaje en la obra de Kerouac le han etiquetado como poeta beat. A Gary Snyder también se le asocia a menudo con el movimiento poético del renacimiento de San Francisco.

Su amor a lo salvaje es el origen de todo un ‘corpus’ ideológico y político que lo convierte en revolucionario.

La obra de Gary Snyder, su forma de ser y de vivir nace de la unión de diversas grandes fuerzas vitales que lo han acompañado a lo largo de su vida, hasta nuestros días: respeto a la naturaleza y a la cultura amerindia, la filosofía trascendentalista norteamericana, la contracultura y el budismo zen.

 

Marinero y guardabosques

La primera de estas fuerzas vitales, el respeto a la naturaleza y a la cultura amerindia, va ligada a su amor a lo salvaje que es el origen de todo un corpus ideológico y político que lo convierte en revolucionario. De joven, trabajó como marinero, vigía y guardabosques; además, se acercó a la causa anarquista pacifista (una actitud que Jack Kerouac no compartía en absoluto) y de apoyo a los sindicatos obreros. Ahí se empezó a formar la figura del ecopoeta comprometido políticamente en busca de un retorno a la naturaleza y a la sabiduría y filosofía de los indios americanos. Sus reflexiones y estudios sobre ecología, biorregionalismo y medio ambiente han demostrado que es un precursor de su tiempo y un referente medioambientalista en EEUU.

PUBLICIDAD
Neix DFactory Barcelona, la fàbrica del futur. Barcelona Zona Franca

El progreso y la vida moderna, basados en un consumo desaforado, resultado del capitalismo que rige nuestro mundo, han roto un vínculo esencial con la naturaleza, con lo salvaje. Un concepto, lo salvaje, básico en la obra de Snyder. Para él, otro tipo de vida, de hermanamiento con la madre naturaleza, es posible y lo demuestra viviendo acorde con lo que predica. Desde 1969, vive en las montañas de la cuenca del río Yuba, al pie de la Sierra Nevada, en el estado de California. Su mensaje respecto a este tema es claro y no deja margen a la duda: si la humanidad no recupera su componente salvaje no podrá sobrevivir.

Desde 1969, vive en las montañas de la cuenca del río Yuba, al pie de la Sierra Nevada, en el estado de California.

Si nos referimos a su ámbito poético, es evidente que la poesía de Snyder tiene dos grandes influencias: el trascendentalismo norteamericano y Oriente. El espíritu de los escritos trascendentalistas de Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson le llevan a exaltar la naturaleza y describir sus diversos paisajes, a pesar de mostrar una divergencia importante con Thoreau: la aproximación a la naturaleza, puesto que Snyder, como budista que es, no encuentra diferencia entre seres sensibles y seres no sensibles. Snyder es el Thoreau del siglo XX y XXI, el Thoreau de la desobediencia civil y de la vida en contacto con la naturaleza. El Walden de Thoreau se llama Kitkitdizze en Snyder.

 

Doce años en Japón

Una vez acabados sus estudios en la Universidad de Reed en Portland, se inscribió en el Departamento de Culturas y Lenguas Asiáticas de la Universidad de California en Berkeley. Allí estudió chino y literatura clásica china. En mayo de 1956 se embarcó a Japón acompañado de su mujer, la poeta Joanne Kyger, donde residió durante casi doce años cerca del monasterio rinzai de Daitoku-ji. Este viaje y su larga estancia en Japón fueron el punto de inflexión que le alejó de la generación beat. La influencia que Oriente, el zen y el budismo tuvieron sobre su figura marcaron su vida y obra, hasta el extremo que son de estudio obligado para toda persona interesada en la introducción del budismo en Occidente y en la interacción entre Oriente y Occidente.

Aparte de su conocimiento de idiomas orientales, sus diversos viajes y estancias en India, China y Japón, y la práctica concienciada del budismo zen en diversos monasterios, convierten a esta fuerza vital en una forma de vida. El toque personal que, desde una lectura respetuosa y profunda, hace de toda esta cultura filosófica oriental es su gran herencia. Ha conseguido sentar las bases de un budismo diferente, uno que se compromete socialmente para cambiar el mundo.

Snyder huye de las filosofías occidentales, excesivamente intelectualizadas y, a menudo, alejadas de la realidad, y encuentra en la filosofía oriental una forma de vida, tan sencilla y profunda como la que él lleva. Esta nueva concepción filosófica recibe el nombre de anarquismo budista. Las bases de esta nueva filosofía se pueden encontrar en un texto suyo publicado en 1961 bajo el título «Buddhist Anarchism» en el Journal for the Protection of All Beings (n.º 1, City Lights, 1961). Una versión revisada apareció posteriormente bajo el nuevo título «Buddhism and the Coming revolution» en Earth House Hold (New Directions, 1969).

Snyder es el Thoreau del siglo XX y XXI, el Thoreau de la desobediencia civil y de la vida en contacto con la naturaleza.

Todas estas fuerzas vitales que hemos comentado hasta ahora confluyen en la persona, el Gary Snyder como figura mítica del movimiento underground de Estados Unidos. En este sentido, es un autor esencial de la contracultura. Como hemos comentado al principio de este ensayo, se le ha asociado con la generación beat, con el renacimiento de San Francisco y con los poetas del grupo Black Mountain (un grupo norteamericano de mediados del siglo XX de poetas avant-garde o postmodernos con base en el Black Mountain College de Carolina del Norte). No obstante, a pesar de su indudable influencia sobre estos autores, Snyder no es fácilmente encasillable en ninguna corriente o escuela poética, y menos aún en la generación beat, porque, mal que les pese a algunas personas, hay un hecho decisivo que lo puede corroborar: en los años 50, periodo en que la generación beat estaba en su apogeo, Snyder vivía en Japón.

 

Un nuevo estilo de vida

La poesía, el budismo Zen, la práctica diaria de la meditación zazen, han sido para Snyder los puentes que han permitido el desarrollo de una nueva ética, una nueva estética y, por tanto, un nuevo estilo de vida. Gary Snyder es un intelectual sabio, un poeta embarcado en la búsqueda del silencio a través de las palabras, en un mundo en el que todo fluye constantemente, una búsqueda constante, con una vida y obra siempre marchando cogidas de la mano, al unísono.

Es difícil destacar un título entre toda su obra filosficopoética, pero nos decantamos por La isla de la tortuga (el poemario que obtuvo el premio Pulitzer de poesía el año 1975) y su colección de ensayos La práctica de lo salvaje (un libro de filosofía en el que no hay concepto alguno que no se base en una experiencia, un viaje o un camino). Dos obras que sirven para llevarnos por un camino de iniciación con una mezcla de ingenuidad y rigor intelectual, con el silencio como compañero de viaje.

La mejor conclusión a este breve artículo, en palabras del propio Gary Snyder, se encuentra en los versos de su poema «Para los niños» (La isla de la tortuga. Kriller 71 Ediciones, 2017).

 

Las altas colinas, las cuestas,
de estadísticas
están ante nosotros.
La subida escarpada
de todo, sube,
sube, mientras todos nosotros
bajamos.

El siglo que viene
o el siguiente,
dicen,
habrá valles, pastos,
nos podemos encontrar allí en paz
si llegamos.

Para subir estas cumbres venideras
una palabra para ti, para
ti y para tus hijos;

estad juntos
aprended de las flores
id ligeros.