Camilo José Cela, tras el duro revés de la censura que sufrió La colmena en enero de 1946, se convenció de que podría ser escritor de libros de viaje. La ambición era anterior a 1946 y también sus aprendizajes: en los modernistas del 98 –Unamuno y Azorín–, en Ortega y Gasset y sus fascinantes «Notas de andar y ver» y en los quehaceres de Josep Pla, especialmente en Costa Brava (Guía general y verídica) (1941) y Viaje en autobús (1942), que el joven Cela leyó apasionadamente, para después admirarlos con frución.

El escritor gallego viajó a la Alcarria entre el 6 y el 15 de junio de 1946, acompañado del fotógrafo austríaco Karl Wlasak y de su amante Conchita Stichaner. En una carta (3-2-1947) que Cela cursa a Wlasak, quien ha regresado a Viena para divorciarse, le dice: «Fue un viaje para mí inolvidable y durante los días que estuvimos caminando pude darme cuenta de la inmensa categoría humana que tenía tanto Conchita como tú». Con la documentación de su cuaderno de notas de viaje y con el espléndido haz de fotos de Wlasak, Cela publicó Viaje a la Alcarria en la editorial Revista de Occidente a comienzos de 1948.

e lo explicaba epistolarmente a Carlos F. Maristany, director de las Ediciones del Zodíaco, la empresa barcelonesa desde la que su director y el escritor habían gestionado con aire de bestseller el proyecto de Caminos inciertos y la fracasada edición de La colmena: «Fui a ver a José Ortega Spottorno –el hijo de Ortega y Gasset– y firmé con él un buen contrato (a mi juicio, bueno para los dos) que es un poco el proyecto que tuve con Zodíaco y que los hados enemigos se encargaron de que no pudiese prosperar. Le entregué mi Viaje a la Alcarria, libro que muy pronto recibirás».

Desde el viaje hasta la publicación del libro median dos años, en los que Cela fue ofreciendo una de sus obras maestras a varios editores y en diversas condiciones (con el denominador común de que el texto se acompañara de las fotografías). A Maristany en noviembre del 46, un mes después a Vergés de Destino, a José Janés, aprovechando el acuerdo para la publicación de El bonito crimen del carabinero y otras invenciones (1947), y de nuevo a Maristany, en la primavera del 47, cuando el escritor y el editor trataban de salvar la viabilidad de Ediciones del Zodíaco. En abril del 47 escribe a Maristany acerca del Viaje a la Alcarria: «lo estoy terminando; sobre él he rechazado alguna que otra oferta no mala, pero con escasas garantías de hacer el libro a mi gusto». En realidad, según el propio Cela confesaba en la «Nota a la segunda edición» (16 de octubre de 1952) lo terminó en la navidad de 1947, «para ponerle punto final el primero de enero de 1948 y poder entregárselo, sin incumplir el contrato que tenía con él firmado, a su primer editor: Revista de Occidente».

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«He leído con extraordinario interés el original que Vd. me confió de su ‘Viaje a la Alcarria’. Es una obra exquisita» (Gaziel a Cela).

Todas estas gestiones no consiguieron llevar el primer libro de viajes de Cela a las prensas. Ahora bien, la primera tentativa editorial que Cela realiza, mientras iba ofreciendo por entregas (que resultaron inacabadas) el Viaje en el semanario El Español. Semanario de la política y el espíritu (dirigido con notable acierto por Juan Aparicio) tuvo como destinatario a Gaziel, gerente de Editorial Plus Ultra, en el verano de 1946. Gaziel era gerente desde octubre del 43, tres meses después de constituirse la editorial y «en la pràctica –ha escrito Manuel Llanas– controlava comercialment i literàriament l’editorial». Editorial que Josep Pla calificaba de «distinguidísima» en su sección «Calendario sin fecha» de Destino (26-9-1953), subrayando la publicación de la Historia universal del Arte Hispánico.

 

Dedicatoria de Gaziel en Cela.

Dedicatoria de Gaziel en Cela.

 

Cosa fina

En una carta del primero de abril de 1961, Gaziel le comentaba a su gran amigo mallorquín Miquel Forteza, poeta e ingeniero: «A Camilo José Cela el vaig reveure fa poc, a l’homenatge a Cruzet, a Barcelona. El conec, a Cela, de fa un grapat d’anys, i a Madrid venia sovint a veure’m a l’Editorial. És un home de la mena de Josep Pla, mena bohèmia i arrauxada, però plena d’intuicions desconcertants i de gràcia nadiva». Seguramente este recuerdo epistolar tiene que ver con lo que había vivido en el año 46 en Madrid. Por otra parte, en abril del 54, rememoraba la oferta editorial del 46, en La península inacabada (1961) mediante un diálogo con su introductor en la Galicia rural: «No hi ha pas massa, justament, em va portar, per si l’editorial que jo vaig fundar a Madrid podía publicar-la, una narració que tenia inèdita, senzilla com un fil, titulada Viaje a la Alcarria; i li asseguro que, deixant de banda el contingut, que gairebé no és res, com a cosa escrita jo la trobo extraordinaria. Si mai la veu publicada (a la meva editorial, especialitzada en una altra mena d’obres, no podía convenir-li), no deixi de llegir-la, i tastarà cosa fina».

En los días finales de junio de 1946 Gaziel se dirige a Cela –el mediador seguramente fue Gregorio Marañón– remitiéndole los dos volúmenes de la antología Los mejores cuentistas de lengua inglesa y pidiéndole un cuento o narración breve para una antología similar de Los mejores cuentos españoles, de la que se encargaba el erudito catalán Pedro Bohigas. Cela, que pasa por notables dificultades económicas, le contesta de inmediato: agradece los elogios que ha hecho de su obra y le remite su libro de cuentos Esas nubes que pasan (1945), eligiendo (capacidad que le otorga Gaziel como lo hará semanas después con Pla) para la antología el último cuento del libro, «Culpemos a la primavera».

«El cuento pueden reproducirlo libre de derechos, salvo en el caso de que alguno de mis compañeros cobrase» (Cela a Gaziel).

Cela no descuida la cuestión de los derechos de autor: «El cuento pueden reproducirlo libre de derechos, salvo en el caso de que alguno de mis compañeros cobrase. En este supuesto, mis derechos ascenderían, exactamente, a 100 pesetas más que la cifra más alta, excepto que esta cifra correspondiese a don Pío Baroja, en cuyo caso, se tomaría como canon la segunda de las cantidades abonadas, si la hubiere». El cuento vería la luz al final del segundo tomo, junto con «El infierno» de Carmen Laforet, su gran competidora en la narrativa castellana de la primera posguerra.

Cela, además, aprovecha el contacto para ofrecerle la publicación de El bonito crimen del carabinero y otras invenciones, con unas detalladas condiciones contractuales similares a las que le propondrá unas semanas después a José Janés, quien sería el editor del libro en 1947, tras firmar un contrato de 6000 pesetas. Plus Ultra no había aceptado la propuesta que sumaba 8400 pesetas. El 3 de julio Cela acepta la negativa de Gaziel y de inmediato le ofrece un libro de viajes que no tiene terminado: «El libro llevaría dos títulos: uno genérico, cabeza de una serie de viajes (…) y otro específico, concreto o particular de estas páginas. El primero sería Las botas de las siete leguas y el segundo Viaje a la Alcarria».

Carmen Laforet sería su gran competidora en la narrativa castellana de la primera posguerra.

Cela trata en la carta con su pormenor habitual las cuestiones contractuales: el texto, las fotografías, el papel («papel blanco y con posibilidad de dar en buen cuché las reproducciones de las fotos»), el plazo de entrega (seis meses a partir de la firma del contrato) y 18.750 pesetas contra la entrega del original completo. Meses después le pediría tanto a Vergés como a Janés, 25000 pesetas. Petición que ambos rechazarían.

 

Un precio extraordinario

Gaziel le contesta el 8 de julio. Con habilidad le indica que con respecto a las condiciones «nos parece posible llegar a una inteligencia entre Vd. y nosotros» y le propone que sea a principios de setiembre cuando les facilite el original del Viaje a la Alcarria. Al día siguiente Cela, agobiado por lo económico, le dice que «el libro estará terminado en un mes, poco más o menos» y le solicita una entrevista antes de iniciar las vacaciones. A buen seguro esa conversación y la entrega del original se produjo a comienzos del otoño. La carta que le cursa Gaziel el 18 de octubre es diáfana: «He leído con extraordinario interés el original que Vd. me confió de su Viaje a la Alcarria. Es una obra exquisita». Sin embargo, aduce que su edición «resultaría a un precio extraordinario». Aquí quedaba varado el proyecto de un libro que no llegó nunca a las prensas de la Editorial Plus Ultra.

No obstante, Cela volvió a proponerle a Gaziel en diciembre del 46 la segunda edición de Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (una obra que el joven crítico literario Antonio Vilanova estimó como un error, desde la revista Estilo en 1944). Gaziel contestó negativamente: «Preferiríamos un libro nuevo de Vd., todavía inédito, como el que tuvo la bondad de proponernos hace algún tiempo». Las puertas de Plus Ultra se cerraban del todo. Gaziel pudo haber sido el editor de un libro que siempre le pareció exquisito, pero Plus Ultra no consideró la oportunidad en un momento en que el joven escritor ansiaba editar y reeditar su poderosa vena creadora.