Giorgia Meloni (Roma, 1977) se convirtió el 21 de octubre de 2022 en la primera mujer primera ministra de Italia y también en la líder del primer Gobierno de extrema derecha desde la época de Benito Mussolini. Meloni es una mujer de récords: entró en política a los 15 años, en el Frente de la Juventud, sección juvenil de Movimiento Social Italiano (MSI), el partido neofascista dirigido por Giorgio Almirante, exministro de Mussolini; en 2004 fue la primera mujer que presidió Acción Juvenil, las juventudes del partido Alianza Nacional (AN), sucesor del MSI; en 2006, fue la vicepresidenta adjunta más joven de la Cámara de Diputados, y en 2008 fue nombrada por Silvio Berlusconi titular de la cartera de Juventud, con 30 años, la ministra más joven de la historia de la República italiana.

Neofascismo y juventud, pues, han forjado la carrera política de Meloni, que también ha sido presidenta de la sección juvenil de El Pueblo de la Libertad (PdL), coalición entre Forza Italia, el partido de Berlusconi, y la AN (2009) de Gianfranco Fini, y concejala de la provincia de Roma (1998-2002). En 2012, por discrepancias con el Pueblo de la Libertad, Meloni fundó Hermanos de Italia (FdI, por sus siglas en italiano), nombre que se inspira en el primer verso del himno nacional, y, dos años más tarde, accedió a la presidencia del partido que, con un 26 % de los votos, ganó las elecciones del 25 de septiembre de 2022. En las elecciones de 2013, un año después de la fundación, solo había conseguido un 2 %.

 

«Si fuera fascista, lo diría»

Meloni pasó su infancia y juventud en la Garbatella, un barrio romano popular y de izquierdas construido en tiempos de Mussolini. Creció en una familia femenina porque el padre abandonó a su mujer y sus dos hijas para irse a vivir a las islas Canarias cuando Giorgia tenía un año. Este hecho marcó su vida: tuvo que trabajar desde muy joven, mientras estudiaba, en todo tipo de empleos, desde camarera de discoteca hasta canguro. A los 11 años, rompió toda relación con su padre, quien años más tarde, en septiembre de 1996, fue condenado en Palma de Mallorca a nueve años de prisión por narcotráfico, tras ser detenido con 1.500 kilos de hachís.

En una entrevista a la revista de extrema derecha francesa Valeurs Actuelles, en agosto de 2021, Meloni explicaba por qué entró en política: «Las masacres de la mafia de 1992 fueron la chispa que me llevó al activismo político. Era muy joven; vi una Italia traicionada por una clase política corrupta y atacada en el corazón por un contrapoder mafioso. No pude aceptarlo y opté por llamar a la puerta de la única fuerza política ajena a la mafia y la corrupción.»

Esta fuerza eran las juventudes del MSI —el heredero del fascismo— que en los años de plomo de la violencia política tuvo muchos miembros implicados en atentados terroristas con decenas de muertos. En 1996, cuando tenía 19 años, Meloni todavía decía, en una entrevista en la televisión francesa, que «Mussolini fue un buen político, es decir, que todo lo que hizo, lo hizo por Italia. Y esto no se encuentra en los políticos que hemos tenido en los últimos 50 años».

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Ha dicho que tiene la intención de dedicarle a Almirante una calle de Roma y se niega a quitar la llama tricolor del escudo de FdI.

Años más tarde, decía haber cambiado su visión del fascismo: «No tenemos ningún vínculo con el fascismo […] que acabó hace 70 años», declaró en una entrevista en El País (14-6-2020), en la que defendía a Almirante, que «fue reconocido por todos como uno de los mejores políticos de la historia italiana […] Dejó huella, y para mí es una referencia. Pero eso no es ser heredero del fascismo». «Italia era toda fascista hasta 1945. Hubo muchos otros que estaban ahí, pero cuando acabó la guerra se pasaron al otro lado y se olvidó su historial», añadió. Meloni ha dicho que tiene la intención de dedicarle a Almirante una calle de Roma y se niega a quitar la llama tricolor del escudo del FdI, símbolo del MSI. En agosto de 2022, insistía en una entrevista en The Spectator que «si fuera fascista lo diría, pero yo nunca hablé de fascismo porque no soy fascista».

 

«Fantástica» relación con Vox

Meloni tiene una «fantástica» relación con Vox. «Tenemos una colaboración sólida y también nos unen las absurdas críticas de la prensa mainstream, que nos retrata como monstruos. Pese a ello, nos apoyan millones y millones de compatriotas que no se creen estas noticias falsas», explicó en una entrevista en El Periódico (28-8-2022). Hay otro motivo que explica la alianza con Vox y el hecho de que el referente italiano de la extrema derecha española sea el partido de Meloni y no la Liga de Matteo Salvini, que se ha retratado con la estelada. «La defensa de la unidad del Estado nacional nos une a Vox […] No es casualidad que los grandes globalistas defiendan los movimientos independentistas», dijo en la misma entrevista en El País, en la que aseguraba que «la revuelta catalana fue financiada por algunas asociaciones relacionadas con George Soros».

El 12 de junio de 2022, Meloni participó en Marbella en un mitin para apoyar la candidatura de Macarena Olona a la Junta de Andalucía. En su intervención, analizada punto por punto por Steven Forti en la revista Le Grand Continent, habló de la inmigración, del antiglobalismo, de los valores ideológicos resumidos en la trilogía «Dios, Patria y Familia» y de su concepción «feminacionalista» de la mujer, de la ideología de género —cuyo objetivo, dijo, «no es la lucha contra la discriminación ni la superación de las diferencias entre hombres y mujeres», sino «la desaparición de la mujer y, sobre todo, el fin de la maternidad»— y del «fundamentalismo climático del pacto verde», todo ello desarrollado con retórica y lenguaje «populistas».

Asegura que «la revuelta catalana fue financiada por algunas asociaciones relacionadas con George Soros».

Meloni acabó su discurso con un grito final histérico en el que resumió su pensamiento: «¡Sí a la familia natural! ¡No a los lobbies LGBTI! ¡Sí a la identidad sexual! ¡No a la ideología de género! ¡Sí a la cultura de la vida! ¡No al abismo de la muerte! ¡Sí a la universalidad de la cruz! ¡No a la violencia islamista! ¡Sí a las fronteras seguras! ¡No a la inmigración masiva! ¡Sí al trabajo de nuestros ciudadanos! ¡No a las grandes finanzas internacionales! ¡Sí a las soberanías de los pueblos! ¡No a los burócratas de Bruselas! ¡Y sí a nuestra civilización! ¡Y no a los que quieren destruirla!» El mitin fue tan excesivo que incluso ella se arrepintió luego de su tono.

Aquella intervención, realizada a tres meses de las elecciones italianas, destruía la imagen edulcorada que se estaba fabricando desde hacía tiempo, un proceso de desdiabolización similar al de Marine Le Pen en Francia, en el que juegan un papel esencial su libro Sono Giorgia (Soy Giorgia), publicado en mayo de 2021 con gran éxito de ventas, y la frase más famosa de su carrera: «Soy Georgia, soy una mujer, soy madre, soy italiana, soy cristiana». Este proceso de humanización presenta a Meloni como una mujer normal, natural, sincera, con un estilo cercano a la gente, con quien el italiano medio se puede identificar, sin las estridencias de Berlusconi y Salvini, que, pese a su catolicismo militante, no está casada con su pareja, el periodista de Mediaset Andrea Giambruno, con quien tiene una hija, Ginevra.

Aparte de la condena del fascismo, la desdiabolización se aprecia en sus declaraciones de afirmación democrática y de defensa de las libertades individuales, y en su europeísmo y atlantismo. En inmigración y asilo, defiende el «bloqueo naval» para impedir las entradas, pero es partidaria de abrir en África «centros de identificación y valorar allí quién tiene derecho a ser refugiado según las normas internacionales y quién no», explicó al diario digital Nius (28-4-2021). Natalista, en la entrevista con Valeurs Actuelles, sin embargo, alertaba de «la emergencia demográfica» y recordaba que, en Europa, «como presidenta de los conservadores europeos [grupo parlamentario del Parlamento Europeo en el que también está Vox], lucho cada día contra los intentos de la izquierda de imponer políticas que van en sentido contrario, sosteniendo que la inmigración compensará el declive demográfico de los pueblos europeos».

 

Europa y Ucrania

Meloni defendía hace años la salida del euro y de la UE, pero ahora ya no lo hace. Su concepción es la de una Unión Europea confederal integrada por Estados nación soberanos, como la Europa de las patrias del general De Gaulle. «Creemos en la idea de que la UE debe hacer pocas cosas, pero hacerlas bien, de que no debe hacerlo todo, sino actuar solo en los ámbitos en los que pueda aportar un verdadero valor añadido a sus ciudadanos», explicó en Valeurs Actuelles, donde se mostraba a favor de una «verdadera alianza entre las naciones de la Europa mediterránea». De acuerdo con esta concepción, su partido cree que el derecho de los Estados debe estar por encima del derecho de la Unión Europea.

Aunque se ha opuesto al matrimonio homosexual, solo está férreamente en contra de la adopción por parejas homosexuales.

Aunque Meloni se ha opuesto al matrimonio homosexual, solo está férreamente en contra de la adopción por parejas homosexuales. En cuanto al aborto, es partidaria de «dar pleno cumplimiento a la primera parte de la actual ley italiana, es decir, la que prevé políticas de prevención para tratar de evitar que las mujeres aborten porque no encuentran alternativas, quizá por razones económicas» (El Periódico, 28-8-2022).

Comprensiva con Donald Trump y sus votantes, fustiga a las izquierdas, que califica de «perros de presa de los grandes poderes globalisitas y financieros». Meloni ha condenado «la brutal agresión rusa contra Ucrania», aunque hace un año y medio, en su libro, consideraba a Rusia dentro del «sistema de valores europeos» y «defensora de la unidad cristiana». Frente a las simpatías pro Vladímir Putin de Berlusconi y Salvini, recordó en El Periódico (28-8-2022) que «todos los partidos de nuestra coalición han votado siempre a favor de las sanciones y del envío de armas a Ucrania y […] también para que Suecia y Finlandia se unan a la OTAN».

Recientemente, denunció la «deportación cobarde e inhumana de judíos romanos en manos de la furia nazi-fascista», realizada en 1943 por la Gestapo.

La noche de su victoria electoral, Meloni hizo un discurso moderado, llamando a «la unidad y la responsabilidad» y prometió que gobernaría para todo el mundo. Para remachar el clavo de la desdiabolización, el 16 de octubre, denunció la «deportación cobarde e inhumana de judíos romanos en manos de la furia nazi-fascista», realizada en 1943 por la Gestapo en el gueto de Roma, cuando miles de ellos fueron enviados a Auschwitz. Meloni llamó también a «seguir luchando contra el antisemitismo en todas sus formas».