Harquitectes es quizás el equipo más admirado por los jóvenes profesionales, y no solo por ellos. Sus edificios son una innovadora y brillante respuesta arquitectónica a la urgencia climática, siempre en busca del mayor confort, con austeridad. David Lorente, Josep Ricart, Xavier Ros y Roger Tudó, nacidos en distintas ciudades vallesanas, estudiaron en la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura del Vallès y abrieron estudio en Sabadell, desde donde destacan como representantes de un nuevo poder arquitectónico catalán, extramuros de Barcelona. 

 

Se conocieron en la ETSAV. ¿En qué se distinguía esta escuela de la ETSAB? ¿Cómo orientó su arquitectura?

Roger Tudó. En la ETSAB se impartía una formación más humanista. La ETSAV era más técnica, pragmática y quizás más abierta, sin figuras tan determinantes.

 

En sus años de formación, la arquitectura en boga era la icónica, de autor. ¿Creyeron que ese podría ser su camino?

R.T. Intentamos que no lo fuera. Algunas figuras nos interesaban, por su lenguaje arquitectónico: Herzog & De Meuron, un primer mito para nosotros. Tenían algo de icónico, pero basado en elementos propios de la arquitectura.

Xavier Ros. Tenían un lenguaje y una estética basados en cómo construían.

R.T. Cuando eres joven, necesitas aprender de los demás. Al principio nos alimentábamos de esos autores y de otros. Pero nuestro contexto iba a ser mucho más austero.

Josep Ricart. No nos veíamos haciendo una arquitectura escultórica u objetual, pero sí una arquitectura que llegase a trascender.

X.R. También éramos ambiciosos, además de trabajadores.

R.T. Primero desde cierta ingenuidad, luego con conocimiento, siempre nos interesó una arquitectura más anónima. Admirábamos a los grandes, pero queríamos buscar a partir de un punto de vista estético más profundo, popular, anónimo.

 

¿Cuáles eran entonces y cuáles son ahora sus prioridades arquitectónicas?

J.R. Ya siendo estudiantes, era importante la dimensión constructiva y material de la arquitectura, ajena al lenguaje representativo. Y eso quizás nos acercaba a construcción la popular.

R.T. Primero nos interesaban  más los objetos arquitectónicos físicos, después empezamos a valorar la vivencia arquitectónica espacial, luego fuimos introduciendo los temas medioambientales, energéticos y progresivamente los existenciales. Así fuimos perdiendo interés por el aspecto del edificio y ganándolo por optimizar su comportamiento.

X.R. Nos interesó pronto una construcción muy intencionada, saber qué es y cómo la utilizas.

J.R. El hecho de ser cuatro quizás propicia que nuestros intereses no difieran mucho de los de otros compañeros de generación. Pero a veces son similitudes formales, analógicas, centradas en la materialidad o el referente popular, si bien en nuestra evolución nos hemos acercado al interés por la experiencia del usuario.

R.T. Y por la idea del bienestar. Antes, buscábamos espacios u objetos que resultaran fascinantes. Después nos centramos en la calidad del estar, en la vivencia, más allá de cómo es el edificio.

David Lorente. Siempre nos atrajo el componente oficio. Disfrutamos cuando con oficio logramos arquitecturas especiales, bien resueltas, bien construidas, en las que se vive bien, aunque parezcan poco convencionales.

 

Suelen decir que durante sus diez primeros años produjeron una arquitectura distinta, que ya han dejado atrás.

D.L. Así es. Pero nuestra ambición siempre fue buscar la excelencia. La primera etapa está superada. Después empezamos a participar en concursos en los que el tema energético era relevante. En paralelo, asumimos las enseñanzas de profesores como Albert Cuchí, su concepto de la arquitectura, con una construcción en la que deben complementarse factores energéticos y vivencia habitacional.

X.R. Salimos de la escuela con buenos conocimientos constructivos. Empezamos a edificar los primeros proyectos enseguida. Aprendimos a lidiar con los clientes. Eso te va consolidando. No un método, pero sí una manera de aprender a convencer a los clientes sobre las mejores soluciones.

 

Centro cívico Cristalleries Planell 1015, en el barrio de Les Corts de Barcelona. Foto: Adrià Goula

Centro cívico Cristalleries Planell 1015, en el barrio de Les Corts de Barcelona. Foto: Adrià Goula

 

¿Fue difícil?

R.T. No, porque antes nos convencimos a nosotros mismos. Aunque des a los clientes argumentos inesperados, si el discurso es sólido y consecuente, lo aceptan. Los arquitectos deben ser grandes persuasores y mostrar al cliente cosas que este ni se imagina. Hay que convencerles de que pueden vivir mejor.

X.R. La mayoría de nuestras obras han terminado siendo buenos edificios y eso nos ha dado seguridad y consistencia como proyectistas e indirectamente también ha transmitido confianza a los clientes. La regularidad en los buenos resultados importa.

J.R. De forma más o menos intencionada, tratamos de ir siempre hacia adelante. Asumir cierto grado de riesgo en nuestras decisones, tanto sobre nuevos proyectos como sobre las estrategias.

R.T. Volviendo a lo de las etapas de nuestra evolución, hubo un momento en que nos dimos cuenta de que la estructura era fundamental para descubrir los espacios. Luego hubo otro en el que introducimos el bioclimatismo, para conseguir el confort térmico por medios naturales. Y otro en el que trabajábamos centrados en estructuras con muchas inercia térmica y capacidad para regular la humedad, porque operamos en países calurosos, donde la estructura debe ayudarnos mucho. Ahora desarrollamos los espacios verticales de gran altura que facilitan la cooperación con la luz natural y el movimiento del aire.

X.R. Hacia el 2010 nos dimos cuenta, como los clientes, de que debíamos trabajar en tiempos de crisis. Aprendimos a gestionar pocos recursos con la máxima ambición. Pocos materiales y que sirvan para varias funciones.

D.L. Otro elemento transformador fue el salto de escala, con obras como Cristalerías Planell, el ICTA, la Lleialtat Santsenca, que son de mayor dimensión, pero también cómodas.

R.T. El ICTA nos cayó en el momento adecuado. Ya teníamos interés por lo relacionado con la sostenibilidad medioambiental, y de pronto recibimos este encargo, a medias con DatAE, donde el desafío medioambiental era medular. Fuimos a fondo y evolucionamos mucho en nuestra concepción de qué es en realidad la arquitectura. Nos dio ventaja y anticipación.

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X.R. Por el tipo de espacio que es, por la luz, por la relación entre piezas, por su vocación, el ICTA no separa la conciencia medioambiental de la cualidad arquitectónica. Todo es uno.

J.R. Hemos seguido una evolución natural, desde la construcción popular, la definición del espacio desde la estructura, los materiales biosféricos… Pero hay otra progresión vinculada a qué tipo de proyecto debe seguir al anterior. El ICTA es, en este sentido, especial. También lo es que elijamos los concursos con esta idea evolutiva in mente.

 

Suele decirse que su arquitectura resuelve la ecuación materia-fenómenos naturales-usuarios.

J.R. Esa ecuación resume nuestro momento actual. La idea es proyectar la experiencia de las personas, diseñando una arquitectura que actúe como catalizador del medio natural. Podríamos hablar de un confort que va más allá de lo básico y tiene algo de extraordinario.

R.T. El elemento clave, en esa ecuación, son los fenómenos naturales. Desde la implantación de los aires acondicionados, los fenómenos naturales habían quedado muy relegados. Hemos redescubierto su potencial para hacer mejores espacios, más sostenibles, pero ante todo espacios más reales, más honestos, que establecen vínculos emocionales con el mundo que nos rodea. Hemos visto que tienen una dimensión fuerte que intensifica la experiencia de la arquitectura. Hay que lograr que el modo en que está organizada la materia constructiva se sincronice con los fenómenos naturales de pequeña o gran escala. Eso nos ha hecho avanzar más allá de la mera sostenibilidad.

J.R. Nuestro debate no es tanto sobre la gestión de los recursos, esto es una herramienta, como el uso de recursos naturales para proyectar el bienestar de las personas. No se trata solo de ser sostenibles, sino de descubrir cómo intensificar la experiencia de las personas.

R.T. Los edificios son artificiales, pero al estrechar el lazo con los fenómenos naturales adquieren la intensidad del mundo real vivo. Si logras integrar algo artificial en la Naturaleza… aparece lo extraordinario. Intuimos que ahí hay un gran hallazgo.

X.R. Todo esto está relacionado con la autenticidad, que para nosotros marca la diferencia.

 

Elijan algunas obras que ejemplifiquen progresos en su trayectoria.

J.R. La casa en Gualba, por razones económicas, nos hizo ver que las construcciones, habitualmente revestidas, podían quedar desnudas, y que eso generaba una intensidad nueva.

R.T. Las casas en Granollers y Sant Cugat marcan otro momento. Granollers por su verticalidad y monumentalidad ambiental, por su espacio que facilita la vivencia de fenómenos naturales a otra escala, más allá de lo funcional, para sentirte más conectado con la luz y el espacio natural. Y la casa de Sant Cugat hace lo mismo desde la redefinición del concepto de cobijo.

J.R. Si Gualba fue un descubrimiento, entre comillas, en Granollers apareció el fenómeno de los metros cúbicos como un lujo.

R.T. Sant Cugat nos demuestra que una mejor calidad de vida, un hedonismo sencillo, puede conseguirse con pocos recursos.

X.R. Sant Cugat y Granollers evidencian que lo aprendido en tiempos de necesidad puede fructificar en otro contexto de menos estrés económico.

«Los edificios son artificiales, pero al estrechar el lazo con los fenómenos naturales adquieren la intensidad del mundo real vivo. Si logras integrar algo artificial en la naturaleza… Intuimos que ahí hay un gran hallazgo.» (Roger Tudó).

D.L. Ya hemos hablado del ICTA como obra relevante. También hablaría de la vivienda en Ullastret, en la medida en que conecta con las obras ya mencionadas e incorpora un factor patrimonial complejo.

X.R. En la Lleialtat Santsenca también trabajamos con una preexistencia.

J.R. Son obras distintas, pero la actitud es la misma. Descubres que la preexistencia puede colaborar con sus atributos en el comportamiento del edificio, más allá de su valor cultural.

R.T. También habría que hablar de Cristalerías Planell y del Celler Clos Pachem, porque incorporan, digamos, inventos inesperados. En Planell están las chimeneas solares, útiles en términos climáticos y potentes formalmente. En Clos Pachem, la cubierta con lámina de agua que refrigera el edificio.

 

Proyecto Casa 1101, en Sant Cugat del Vallès. Foto: Adrià Goula

Proyecto Casa 1101, en Sant Cugat del Vallès. Foto: Adrià Goula

 

¿Cómo valoran la evolución de la conciencia medioambiental en este siglo?

R.T. Tenemos la suerte de que en Catalunya se ha potenciado bastante desde el ámbito público. Hoy en día, los despachos interesantes que hacen obra pública por lo general ya aplican unas mínimas soluciones medioambientales.

J.R. Hacemos arquitectura con conciencia medioambiental por responsabilidad cívica, pero sin renunciar a la voluntad arquitectónica. Al reflexionar sobre cómo se administran mejor los recursos, hallamos experiencias más intensas. No todos los despachos tienen la misma mirada. Nuestra especificidad es incorporar la sostenibilidad con herramientas específicamente arquitectónicas.

R.T. Nos gusta que sea el edificio el que dé por sí solo las respuestas medioambientales, relegando los sistemas mecánicos, y no porque no sean eficientes, sino porque crean atmósferas artificiales. Nuestra intención es que sea el edificio el que renaturalice la situación. Lo ideal sería que el edificio fuera un ente emancipado capaz de resolver el máximo número posible de retos medioambientales, mejorando la experiencia de las personas y su confort.

 

Este discurso podría entroncar con el de Glenn Murcutt, cuyas casas no son refugios ante los elementos naturales, sino máquinas que funcionan sacándoles el máximo partido.

R.T. Nuestra actitud es parecida.

D.L. En ambos casos, no llegamos a la sostenibilidad por obligación, sino tras un bienestar procurado por la arquitectura.

R.T. Murcutt trabaja a menudo en un ámbito sin contexto arquitectónico. A nosotros nos apetece más conectar con la historia. Apuntamos hacia lo que vendrá, pero a su vez nuestros edificios tratan de enlazar con la cultura mediterránea donde se inscriben.

 

Han trabajado en viviendas unifamiliares, entre medianeras, típicas de sus ciudades. ¿Qué han aprendido en ellas?

R.T. Aunque esta tipología tiene sus límites, hemos ido experimentando, hallando soluciones que abren nuevos aprendizajes.

J.R. La nuestra es una arquitectura popular, habitual en este contexto. Es tan simple que nos ha permitido entenderla con facilidad.

D.L. Te das cuenta de que debes jugar con las prioridades que tienes.

J.R. Parecen pequeñas, pero la estructura las divide en cuatro grandes volúmenes, arriba y abajo, delante y detrás.

R.T. Son viviendas propias de nuestro clima. En el norte de Europa las casas están separadas, porque buscan la luz y las vistas, y así la ciudad es dispersa. En Marruecos, los edificios se iluminan exclusivamente por patios, cerrándose a la radiación solar y las ciudades son densas. Las casas entre medianeras están a medio camino.

 

¿Cuáles son sus prioridades en los bloques de pisos, como el de Gavà?

D.L. Ese proyecto vuelve a reflejar el proceso hacia una tipología que proporcione al usuario el placer de vivir en él, mediante espacios luminosos y ventilados. A veces, más que un piso parecen una casa.

«Nuestra obra tiene un grado de permanencia alto. Está bien construida, es confortable, durará años. Este balance nos anima a seguir atreviéndonos. No somos convencionales, pero no nos mueve el deseo de originalidad.» (Josep Ricart).

J.R. Hablamos de vivienda social con presupuesto ajustado. El objetivo fue que el confort mínimo se garantizara desde el comportamiento natural del edificio. Que la luz y la ventilación fueran máximas, lujosas, igualitarias, pese a los recursos limitados. En términos de atributos del espacio esta obra es lujosa y está resuelta desde la capacidad de las partes elementales de la construcción para generar un bienestar intenso, con un material y una geometría súper eficientes.

R.T. Si no tienes muchos metros porque es vivienda social y aunque el presupuesto sea bajo, la gestión de la luz y la ventilación puede dar viviendas de lujo.

X.R. Simplificando, el reto era trasladar lo aprendido en viviendas unifamiliares a un bloque con 136 viviendas de recursos austeros.

J.R. Queremos llevar las cosas al extremo. Nuestro trabajo en esta tipología del bloque es bueno porque es radical.

 

¿Cuál es la virtud de lo radical?

J.R. Permite filtrar: ver con claridad lo que importa y lo que no.

 R.T. Pero nos ponemos límites. Queremos ser atrevidos, sin dejar de ser asimilables, manteniendo la conexión con el pasado, acompañando al usuario hacia una solución más radical, sin renunciar a un espacio vivible. A veces no descubrimos nada nuevo o raro: redescubrimos cosas que se habían dejado de hacer.

J.R. Nuestra obra tiene un grado de permanencia alto. Está bien construida, es confortable, durará años. Este balance nos anima a seguir atreviéndonos. Lo que decimos y hacemos es convincente, nos permite ir al límite en ciertas estrategias. No somos convencionales, pero no nos mueve el deseo de originalidad.

 

Han alcanzado gran reconocimiento. ¿Tienen más encargos de los que pueden atender? ¿Con qué criterio los seleccionan?

D.L. Elegimos los que encajan con nuestros intereses. Quizás eso explica las razones de nuestro progreso. Debemos detectar en la obra un potencial adecuado a lo que nosotros podemos ofrecer.

R.T. Tenemos bastantes peticiones, pero las que finalmente nos encajan son pocas, por razones muchas veces imprevisibles. Lo que espera la gente de la arquitectura no siempre coincide con nuestras inquietudes.

J.R. Es importante que las obras no nos alejen de nuestro foco de atención.

X.R. Sentimos pánico a malgastar tiempo en proyectos que pueden decepcionarnos, no acabar bien.  Antes de empezar a trabajar intentamos asegurar que el encaje con el cliente tiene potencial y que dará un buen edificio.

 

¿Cuántas obras tienen en marcha?

X.R. Cada uno de nosotros suele ocuparse de uno o dos proyectos y un par de obras al mismo tiempo. Puede haber, pues, unos seis proyectos en marcha y otras tantas obras. El tiempo es limitado. No vamos a tomar más responsabilidades de las que podemos resolver con calidad. Escogemos mucho. A veces andamos cortos de trabajo, a veces a tope.

 

Imagino las ventajas de un equipo de cuatro miembros. ¿Cuáles son los inconvenientes?

R.T. Aunque nos entendemos bien, citaría la dificultad de la toma de decisiones, que deben consensuarse a conciencia y a menudo requiere mucho tiempo.

X.R. Hay menos control cuando vamos demasiado deprisa. Despacio, mejor.

D.L. No hemos sucumbido a la tentación de que cada uno vaya por su cuenta. Todo lo importante se acuerda. Reservamos momentos para ello, de 8 a 9 de la mañana, al mediodía comiendo, o los viernes por la tarde.

R.T. El hecho de que David esté centrado en tareas de coordinación del despacho permite organizarnos. En otros despachos, parece no haber tiempo para lo importante.

 

¿Es la fórmula de cuatro socios económicamente viable?

J.R. Llevamos veinticinco años viviendo de esto.

D.L. Pero sin alcanzar los estándares de otras profesiones, si hablamos de los que destacan. Nuestra labor es muy artesanal.

R.T. Trabajamos muchas horas. Invertimos nuestra economía en esta alta dedicación. Ganamos muy poco pero hemos conseguido que la empresa sea sostenible.

X.R. El equipo está integrado por veinticinco personas, nuestro máximo. Si tenemos algo de dinero, lo reinvertimos en horas de trabajo. Otros querrán un patrimonio contante y sonante. Nosotros consideramos que la trayectoria realizada es nuestro mejor patrimonio.

D.L. Patrimonio no vendible, pero que tampoco te pueden quitar.

J.R. La crisis se llevó muchas esperanzas, se tuvieron que cerrar estudios al poco de abrirlos. Hoy abundan los que van mal. No tenemos mucho dinero, pero sí reconocimiento.

 

El poder arquitectónico catalanoparlante se ha descentralizado, con RCR en Olot, el IBAVI en Baleares y ustedes en el Vallès, procedentes de Sabadell, Granollers, Cerdanyola y Terrassa. ¿Qué aporta esta dispersión territorial? ¿Supera el esquema de la «familia Bohigas»?

J.R. Empezar aquí fue quizás más fácil, tuvimos acceso a pequeños clientes que confiaron en nosotros. Pero tenemos colegas en Barcelona que aún no han podido construir una casa.

X.R. Barcelona puede estar más saturada, muchos pelean por el mismo pastel.

D.L. Antes, los que querían progresar empezaban por Barcelona. Nosotros, no. Estamos aquí porque tenemos trabajo y porque vivimos mejor.

R.B. Las redes permiten operar desde cualquier sitio, sin necesidad de ser amigo de nadie. Desde una posición casi extra metropolitana, a base de meritocracia, hemos llegado hasta aquí.

 

No han recibido un premio FAD, pero ganaron el concurso para ampliar el Macba.

D.L. Nos parece anecdótico no haber ganado el FAD. Tenemos otros premios españoles o internacionales. Las circunstancias de cada concurso, su jurado, pueden ser determinantes.

J.R. En los concursos, como en los premios, hay que fijarse en el jurado. En el del Macba, el jurado tenía capacidad de lectura. En todo caso, no le damos más importancia. Nos gusta haber sido finalistas del FAD en ocho ocasiones, es un índice de constancia y fiabilidad. Aunque al final no hubiera premio.

 

¿Les atrae la escena internacional?

Concursamos poco fuera. A nuestra arquitectura le conviene un control de proximidad. Si vemos algo excepcional, podemos concursar. Hacemos pruebas. Pero la proximidad es siempre una alternativa conveniente.

 

¿En qué se ocupan ahora?

Estamos muy concentrados en una biblioteca en Nous Barris, en fase de proyecto básico. Tendrá auditorio, centro cívico, gimnasio… Urbanamente, es un proyecto de gran interés. Puede estar terminado hacia 2028.