Delirio americano es un libro como pocos se han escrito, de manera tan iluminadora, sobre la historia de las ideas en América Latina, sobre la íntima y sorprendente relación entre el arte y la política, y sobre el papel de los escritores y artistas en la elaboración de las utopías que nos han encandilado desde los albores de la independencia, pasando por el delirante siglo XX, y hasta las de hoy día, cuando no pocas de ellas han terminado convertidas en distopías.

Tras navegar por el exhaustivo y articulado análisis que Carlos Granés hace de la larga aventura de invención y reinvención de América Latina, descubrimos, entre tantas cosas, que los filósofos han estado casi ausentes a la hora en que se han dilucidado las propuestas de nuevos modelos políticos y sociales, y que son los poetas y los novelistas quienes han cumplido ese papel, convertidos en ideólogos, a veces con pretensiones de profetas.

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Los filósofos no aparecen en la formación del pensamiento latinoamericano, salvo la influencia que pudo haber tenido José Ingenieros, o que consideremos a José Enrique Rodó y a José Vasconcelos como tales, sin olvidar que ambos fueron también literatos; y están ausentes también las universidades, que hasta avanzado el siglo XX no fueron nunca laboratorios de ideas, sometidas como estuvieron a viejos fueros académicos, avasallados a partir del movimiento estudiantil de Córdoba de 1918.

 

Realidad de atraso y miseria

Los escritores fueron capaces de contemplar una realidad por transformar, y se atrevían a buscarle una filosofía, como en el caso de Rodó, con Ariel, o de Domingo Faustino Sarmiento con Facundo. Sarmiento, que además de novelista, fue político, y militar, y llegó a ser presidente de Argentina. Pero desde entonces va a producirse una dicotomía entre el escritor que busca, y la realidad que no se transforma de acuerdo a sus sueños y visiones. El ideal va a convertirse entonces en utopía, y la realidad de atraso y miseria se volverá entonces un cebo literario, y al mismo tiempo ideológico.