La muerte de Hans Magnus Enzensberger el pasado mes de noviembre me causó un fortísimo impacto. No en vano había sido uno de mis primeros autores en Anagrama y, después, uno de mis mejores amigos del mundo editorial.

Empecé a publicar a Enzensberger de una manera, digamos, casual. Él y Gabriel Ferrater habían trabado una buena amistad como brillantísimos asesores de sus respectivos editores en el Premio Formentor. A raíz de ello, Ferrater persuadió a Carlos Barral, con mucho énfasis, para que publicara Einzelheiten. Sin embargo, en la primera visita como editor novato que hice a Carlos, me comentó que, en nueve años, Ferrater no había entregado ni siquiera una página de la tan deseada traducción y me propuso si lo quería publicar yo para aplacar las iras de la editorial Suhrkamp y del propio Enzensberger. En seguida le dije que sí, entusiasmado, puesto que yo que no leo alemán, había comprado la traducción francesa del libro, Culture ou mise en condition?, y me había gustado muchísimo. Con el título de Detalles lo publicamos en 1969 como el primer número de la muy veterana y persistente colección «Argumentos». Es decir, para mí, happy end.

Así comenzó una amistad que se iba fortaleciendo con los encuentros en ferias y eventos internacionales y con sus frecuentes visitas a España. Entre ellas las motivadas porque Enzensberger fue miembro de nuestro jurado del Premio Anagrama de Ensayo junto con Juan Benet, Salvador Clotas, Luis Goytisolo, Mario Vargas Llosa y yo mismo como el editor sin voz. También visitó muchas veces Madrid, una de ellas contemplando, algo estupefacto, la cordialidad y la naturalidad con la que los reyes Juan Carlos y Sofía departían con un buen número de escritores más bien borrachuzos; me dijo que sería imposible que en Alemania pudiera suceder algo similar.

Magnus, como le llamábamos sus amigos, tenía entre otros rasgos distintivos el ser muy versátil en distintos géneros literarios. Empezó como poeta, luego se dio a conocer como ensayista, crítico, memorialista, incluso como autor teatral. También fue colaborador indispensable de la muy izquierdosa revista Kursbuch, fundada por Klaus Wagenbach. Y, más tarde, en 1976, fundó una revista muy distinta, The Transatlantic, muy atenta a las modernidades más diversas en la que colaboró su gran amigo el chileno Gastón Salvatore, líder estudiantil de la izquierda extraparlamentaria, luego autor teatral. Un personaje etiquetado, con Daniel Cohn-Bendit, como símbolo de los accidentados tiempos del Mayo francés.

Enzensberger visitó a menudo Cuba: al principio muy partidario de los primeros movimientos de la Revolución cubana, pero, con el tiempo, desengañado, al igual que tantos intelectuales de la época.

 

Los títulos

Como se ha dicho, en 1969 publicamos Detalles, un ensayo que subraya la importancia de lo particular como revelador de la totalidad concreta de la vida social.

Siguieron un par de textos breves en la colección «Cuadernos Anagrama», Elementos para una teoría de los medios de comunicación (1972), especie de manual imprescindible para los profesores y alumnos izquierdosos de las escuelas de Periodismo, y Para una crítica de la ecología política (1974).

El interrogatorio de La Habana (1973), compuesto por cuatro textos, fue un libro que «fabricamos» junto con el autor para Anagrama. Un texto sobre el llamado «turismo revolucionario»: «las delegaciones» de visitantes, convenientemente pilotados, a los países del socialismo real; otro, una apología del padre Las Casas y sus análisis del colonialismo. El tercero versaba sobre la fallida invasión de la Bahía de Cochinos, mientras que, en el cuarto, el autor llevaba a cabo un análisis muy polémico del Partido Comunista cubano, que levantó ampollas en el aparato castrista.

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Enzensberger nos ha obsequiado también con las Conversaciones con Marx y Engels (1974), un trabajo de investigación realizado durante años, en el que el autor daba la palabra a los contemporáneos de Marx y Engels.

¡Europa, Europa! (1989) fue un proyecto atípico y osado, muy propio de Magnus. Un experimento en el que los nativos de un país juzgan el análisis de un extranjero, que levantó una gran polémica de la que dan fe las cartas al director que suscitaron los reportajes.

La obra más atípica de Magnus en el catálogo de Anagrama fue ‘El filántropo’ (1985), pieza teatral basada en la figura de Diderot.

Migajas políticas (1984) y Mediocridad y delirio (1991) eran dos variadas compilaciones de ensayos.

Dos textos breves –La gran migración (1992) y Perspectivas de la guerra civil (1994)– se adentraban en campo minado y podrían conformar un díptico sobre la xenofobia en Europa y la tendencia a la autodestrucción como denominador común de todas las guerras civiles.

Haciendo una de las escasísimas excepciones de la editorial –las otras son los Sonetos de amor de Shakespeare y Cien poemas apátridas de Erich Fried, ganador del Premio Internacional de los Editores, edité dos libros de poemas de Enzensberger: Mausoleo (1979), «37 baladas sobre la historia del progreso», según rezaba el subtítulo, y El hundimiento del Titanic (1986), una metáfora de los crujidos del progreso.

La obra más atípica de Magnus en el catálogo de Anagrama fue El filántropo (1985), pieza teatral basada en la figura de un personaje que, naturalmente, interesó muchísimo a nuestro autor: Diderot.

Le siguieron dos recuperaciones: Política y delito (1987), un espléndido conjunto de nueve ensayos sobre la oscura dependencia entre asesinato y política. La segunda recuperación, muy perseguida por mí, fue El corto verano de la anarquía. Vida y muerte de Durruti (1999).

Zigzag (1999) reunió catorce textos escritos entre 1989 y 1997 que, como el título sugiere, abordaban todo tipo de temas.

En Los elixires de la ciencia. Miradas de soslayo en poesía y prosa, (2002), el autor defendió que la poesía y la ciencia no sólo tienen raíces comunes, sino que, si desea ser tomado en serio, un poeta debe preocuparse por las matemáticas y la química, la medicina y la física elemental.

El perdedor radical. Ensayo sobre los hombres del terror, (2007) resultó ser un breve y contundente ensayo que establece los puntos comunes que caracterizan desde al loco violento, capaz de tomar un colegio y disparar indiscriminadamente a su alrededor, hasta grupos terroristas bien organizados.

Más tarde llegó una novela exquisita, Josefine y yo, (2008), de estilo aparentemente ligero que hace un repaso de la situación de Alemania en un momento crucial de su historia, y se permite una mirada crítica a la modernidad.

Si desea ser tomado en serio, un poeta debe preocuparse por las matemáticas y la química, la medicina y la física elemental, afirmaba Enzensberger.

En el laberinto de la inteligencia. Guía para idiotas, (2009) nos trae a un desternillante, instructivo y siempre perspicaz Enzensberger que acude a las raíces del concepto de inteligencia, rastrea su evolución histórica en las lenguas europeas y termina ironizando sobre las pretensiones de los apóstoles de la inteligencia artificial.

En Hammerstein o el tesón, (2011), en la línea de El corto verano de la anarquía, armó un collage en el que las fuentes documentales alternan con la ficción para contar un oscuro episodio de la historia alemana.

El gentil monstruo de Bruselas o Europa bajo tutela, (2012) fue un ensayo combativo con el que Magnus se propuso iluminar los usos y las reglas del juego con los que la Europa «de Bruselas» reclamaba gobernarnos.

Reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes, (2015) es un texto entre la socarronería y el más puro escepticismo, en el que nada escapa al espíritu crítico y subversivo del señor Z., evidente alter ego del autor.

El sabio Enzensberger sorprendió a continuación con una novelita didáctica y casi volteriana sobre economía, ¡Siempre el dinero! (2016) que nosotros publicamos con ilustraciones de Javier Mariscal.

El mismo año, y en un tono nada humorístico Ensayos sobre las discordias, (2016) desgranaba la compleja experiencia alemana en relación con las migraciones, así como la xenofobia. Con ese título, se abrió un paréntesis que duró hasta su última e imprescindible obra autobiográfica que tan buena acogida ha tenido entre la crítica: Un puñado de anécdotas. Opus incertum (2021).

 

El cónsul general involuntario

Debido a que publicábamos tantísimos libros de Enzensberger en España y a mi gran amistad con él, durante años fui considerado algo así como el cónsul general involuntario de Enzensberger en España: así consta en nuestra copiosa correspondencia. Y pasados los años, casi siglos, me dijo que estaba muy atareado de trabajo y me proponía aparcar en lo posible ese rol que su actividad me había adjudicado.

Ya no habrá más cartas ni más encuentros, cuánta tristeza. La presencia en mi vida de Magnus fue para mí una fuente de sabiduría y alegría.