La pandemia. El bloqueo del Canal de Suez. Los efectos del cambio climático. El mundo está interconectado y es interdependiente. La geografía importa. El marco geográfico del siglo XXI no sólo incluye el espacio terrestre, sino también el mar, el aire, el espacio exterior y el ciberespacio.

Un año de pandemia ha puesto a prueba la solidaridad internacional, las alianzas, la globalización, las redes, la movilidad de personas, mercancías e información, y las prioridades productivas. A pesar del relativo aislamiento del mundo, 2020 ha sido un año de transformación y empuje de las relaciones internacionales de una potencia como China, que reclama, trabaja y ejerce su presencia, e influencia, en el mundo.

EL imaginario occidental ve China como la fábrica del mundo, un enemigo a temer o batir, el cooperador necesario, el amigo incómodo pero atractivo, el paternalista irredento y tantas otras opciones que han sustituido la admiración anterior por el milagro del crecimiento, apuesta por la tecnología y contribución a las mejores innovaciones. A pesar de la baja reputación internacional de China en occidente, la diplomacia china ha seguido expandiendo su estrategia para convertirse en un socio económico, estratégico y político imprescindible del siglo XXI.

Seguramente pocos países, o ninguno, han tenido una planificación a largo plazo tan clara y estratégica como la República Popular de China, y han trabajado hacia objetivos establecidos adaptando las tácticas a las circunstancias, pero sin alejarse de las estrategias básicas. Y según fuentes oficiales chinas, las metas volantes se han ido cumpliendo a rajatabla. El último plan quinquenal tenía como objetivo conseguir una sociedad moderadamente próspera para el año 2021, acabando con la pobreza absoluta. Desde 1980 más de 900 millones de chinos salieron de la pobreza absoluta. El nuevo plan quinquenal pretende construir un país socialista moderno, próspero, fuerte, culturalmente avanzado y armonioso para el año 2049: calidad de vida para los ciudadanos en un entorno donde ciencia y tecnología están al frente. La visión china va más allá del proyecto Made in China 2025, hacia la Vision 2035 (conseguir una modernización socialista básica) y más allá hasta 2049, el centenario de la República Popular de China.

En todos estos planes China se propone seguir una política exterior independiente de paz, promoviendo la construcción de nuevos tipos de relaciones internacionales. Romper bloques, ajustar relaciones, establecer alianzas múltiples, crear dependencias de geometría variable… China se plantea también, y al margen de sus relaciones con los Estados Unidos, reforzar las relaciones comerciales, científicas, de inversión y financieras con la Unión Europea (o con algunos de sus miembros), con el Sur global (América Latina y África), con los miembros de ASEAN y con Japón. Las tensiones se construyen alrededor de distintos temas como el léxico de la pandemia, los estándares técnicos del desarrollo de la G5, las decisiones sobre los proyectos infraestructurales de la BRI (nueva ruta de la seda) o las votaciones para encabezar agencias de las Naciones Unidas.

Aunque es ahora cuando resurgen las informaciones y polémicas, esta construcción de una presencia co-hegemónica en el mundo se ha desarrollado desde hace años con incidencia en varias áreas esenciales para el desarrollo interior y la estabilidad china (acceso a materias primas, acceso a energías y alimentos y asegurar mercados y rutas comerciales) y para su presencia e influencia en el globo básicamente a través de la BRI.

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Inversiones, donaciones, acuerdos comerciales, reconocimientos y alianzas específicas, operaciones financieras, diplomacia en organismos internacionales… son parte del proceso del reconocimiento internacional del papel de China en el funcionamiento global. Las operaciones más recientes ilustran el papel de China en el proceso de superación de la pandemia y de recuperación de la economía mundial. Aunque la pandemia reavivó algunas tensiones comerciales entre China y Estados Unidos y otros países occidentales, China ha declarado su apuesta por una salida cooperativa de la pandemia y un uso y distribución solidaria de las vacunas. La ayuda contra el coronavirus llegó a más de 127 países con la colaboración de las fundaciones de Alibaba y Huawei. Se donaron instrumentos y recursos médicos a casi todos los países del sudeste asiático, Pakistán y países africanos. La ayuda china llegó también a Serbia, de donde salieron frases como ¨la solidaridad europea no existe¨. Las vacunas chinas se han donado o comercializado en gran parte del sur global, especialmente en América Latina y el Sudeste asiático con un crecimiento progresivo en países africanos como Marruecos, Argelia, Egipto, Congo, Senegal, Gabón, Zimbabue… La distribución solidaria de vacunas es una acción más en el establecimiento de alianzas con distintos países. Estas alianzas no surgen del vacío.

La financiación de megaproyectos estratégicos de todo tipo desde puertos hasta ferrocarriles pasando por plantas de energía forma parte del desarrollo de la BRI (nueva ruta de la seda) y de la expansión de la influencia de China en el mundo. El despliegue de la BRI desde hace más de una década muestra el peso de las empresas y el gobierno chino en muchos países.

Hace poco la Zhen Hua Oil Company de China cerró un acuerdo de miles de millones de dólares con Irak. En 2015 Pakistán y China inauguraron el Corredor económico China-Pakistán (CPEC) un plan de 46 billones de dólares de inversión que ha transformado las redes de transporte y energía del país. El acuerdo sobre comercio e inversión entre la UE y China abre el acceso de las empresas a los mercados de ambos actores.

En Harare, Zimbabwe, se está construyendo un complejo de edificios que albergará la sede del parlamento y se convertirá en una nueva centralidad de la capital. Hasta ahí, nada nuevo: un proceso de modernización de una capital y de las instituciones de un país africano. El elemento que nos hace citar este ejemplo es que el desarrollo es un regalo de Beijing de más de 140 millones de dólares y forma parte de un gasto mucho mayor en la diplomacia global china. Addis Abeba (Etiopia) se ha transformado con un nuevo sistema de metro y una serie de rondas de circulación. Además, la Unión Africana está construyendo un nuevo complejo sede en la ciudad, regalo chino de más de 200 millones de dólares.

Las donaciones no son el único instrumento financiero utilizado. En el caso de Sri Lanka es conocido el tema del puerto de Hambantota (2011) en el sur del país financiado por el gobierno de Beijing y construido por empresas chinas. En 2017, y sin capacidad para devolver la deuda, el gobierno de Sri Lanka entregó el puerto y los terrenos de alrededor a China durante 99 años.

Este tipo de inversiones no sólo se producen en África y sudeste asiático. En 2013 Serbia, Hungría y China firmaron un acuerdo para construir un ferrocarril de alta velocidad entre Belgrado y Budapest, pasando de un viaje de 9 horas a uno de 2, con un coste estimado de unos 2.900 millones de dólares financiado con una línea de crédito china. Este ferrocarril forma parte de la BRI que conecta Europa central con el puerto de El Pireo en Grecia, administrado por una empresa estatal china, y es el último fragmento de una línea ferroviaria de más de 6.000 km de longitud. Se prevé terminar el enlace en el 2025, aunque el fragmento perteneciente a Hungría está bajo revisión por parte de la UE.

También en Hungría, un acuerdo con el gigante asiático ha llevado a la construcción de un campus de la Universidad China Fudan en Budapest con contratistas chinos, financiado por un préstamo chino de más de 1000 millones de euros. Este plan, que llega después de la expulsión de la universidad promovida por George Soros ha generado una gran oposición del alcalde de la ciudad ya que el complejo chino se va a erigir en un lugar destinado inicialmente a viviendas asequibles para estudiantes. En 2015 Hungría se convirtió en el primer país de la Unión Europea en firmar un acuerdo con Beijing como parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) para expandir los vínculos comerciales de China a Europa a través de proyectos de transporte e infraestructuras.

En los próximos años podemos esperar que China dedique grandes esfuerzos a un New Deal verde con aportaciones a la ciencia y a productos cotidianos. Podemos esperar grandes avances en la producción energética y los productos que representen un salto en la sostenibilidad con nuevas energías de transporte y aplicaciones de inteligencia artificial que mejoren la eficiencia y la productividad. Esta apuesta por la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático es una gran contribución a la estrategia global, aunque sugiere contradicciones en las inversiones en plantas energéticas de energías contaminantes en terceros países. En la actualidad participa en la construcción de numerosas centrales eléctricas de carbón en todo el mundo como el proyecto de planta de energía de carbón de Hassyan en Dubai. Una parte de estas inversiones, que se prohíben internamente, buscan relocalizar el capital humano y financiero del sector.

El posicionamiento de China contra el cambio climático indica la voluntad de liderazgo en este terreno además de ligarse claramente con la preocupación por la soberanía alimentaria. A pesar de la capacidad de producción de alimentos del país, la importación de grano y carne se ha incrementado en los últimos tiempos con acuerdos con Brasil o Argentina debido a los impactos del cambio climático como los fenómenos meteorológicos adversos, el aumento de las inundaciones, las tormentas de arena o la llegada masiva de insectos y plagas. A estos obstáculos se suma el envejecimiento de la población con la reducción de la mano de obra disponible, especialmente en el campo.

A pesar de que mayoría de las inversiones, donaciones o créditos siguen una estrategia marcada en los planes quinquenales, no se trata de sistemas perfectos y siempre bien engrasados ya que el control sobre los flujos de inversión, la responsabilidad corporativa o la aplicación de estándares internacionales no siempre es el adecuado. La globalización, a pesar de la pandemia, es un fenómeno estructural y duradero que a veces pone en jaque a los estados. China no es inmune a estos desafíos ni tiene capacidad de gestionar las complejas interdependencias del mundo global sin incurrir en costos sociales que van desde un mayor escrutinio internacional, oposición a sus proyectos o un cierto retroceso local. El enfrentamiento entre el gobierno húngaro y el alcalde de Budapest es un ejemplo, pero también el reconocimiento con el Goldman Prize a los activistas de Ghana que lucharon contra una planta de carbón esponsorizada por China. La globalización se estructura muchas veces en redes en las que la cooperación se impone, las reglas del juego no siempre son perfectas para los propios intereses y las actuaciones unilaterales pueden producir externalidades adversas.

La presencia en el mundo a través de redes de geometrías variables requiere equilibrios que muestran las dificultades de la integración de una potencia como China en las redes de desarrollo, investigaciones científicas y tecnológicas, finanzas, e influencias culturales y políticas. Al mismo tiempo estas alianzas basadas en intereses comunes pueden ser la semilla de nuevas formas de cooperación entre supuestos competidores como Estados Unidos o Rusia.

La pandemia tendrá consecuencias en las relaciones internacionales a largo plazo. Hace poco Antonio Guterres, SG de Naciones Unidas citó la crisis climática, la desconfianza global, las amenazas tecnológicas y la competencia geopolítica como los cuatro temas que pueden hipotecar nuestro futuro compartido. Una perspectiva de relaciones globales basada en redes más que en bloques, en intereses globales comunes y un trabajo serio para superar la incapacidad o la falta de voluntad para conseguir soluciones de gobernanza global puede orientarnos a un estado de relaciones internacionales más positivo para todos. En 2022 se inicia una nueva etapa en las Naciones Unidas: una Secretaria General mujer con una agenda medio-ambientalista, una vocación por la educación y una visión desde el sur global latino quizás pueda aportar el empuje que nuestro mundo necesita. El único que tenemos.