La geografía, una vocación de vida

Jaume Font Garolera, nacido en l'Esquirol (Osona) el 1951, es geógrafo y profesor emérito de la Universidad de Barcelona, especialista en análisis regional y ordenamiento territorial. Es autor de varios artículos, libros y trabajos de investigación sobre estos temas. En 2001, el Institut d’Estudis Catalans le concedió el premio Prat de la Riba en Ciencias Sociales por un estudio sobre la formación de las redes de transporte y su impacto territorial. En 2023 ha publicado un libro notable, del que se han hecho eco varios medios y que ha generado cierto debate entre el gremio de los analistas del territorio y del declive rural. Hablamos de Las Españas despobladas. Entre el lamento y la esperanza (Catarata, 2023).

 

La España rural fue durante décadas un tema menor, olvidado o ninguneado, particularmente por la opinión pública, pero desde hace unos años se ha convertido en objeto de atención política y mediática. Se han creado plataformas y partidos políticos que defienden las reivindicaciones de la España vacía o vaciada, como Teruel Existe, Soria ¡Ya! y España Vaciada, que incluso han obtenido representación política en las instituciones, desde los ayuntamientos y los parlamentos autonómicos hasta el Congreso de los Diputados. En paralelo, se han publicado ensayos y se han producido películas que afrontan la cuestión del declive rural que han modificado y actualizado el imaginario urbano sobre el mundo rural. En medio de todo esto, su trabajo representa un contrapunto en relación con el discurso victimista e incluso pesimista imperante, que invalida la tesis de la gran cantidad de estudios que entonan un réquiem por la España rural. Antes de adentrarnos en esta temática, explíquenos cuál es su punto de partida y cómo se vincula el contenido del libro con su experiencia personal y académica.

El libro es un resultado, en parte, de una experiencia vital o personal y de una trayectoria académica. Empecemos por la trayectoria vital: yo nací en l'Esquirol, un pueblo de la comarca de Osona que, para que se entienda, en aquellos días era mitad campesino, mitad industrial, como tantos pueblos del interior catalán, y hablo de las cuencas del Ter y el Llobregat, si bien aquel mundo que conocí de niño se ha ido extinguiendo, si no se ha extinguido del todo.

Las casas de payés se vaciaron, empezando por las masoverías más tronadas, y después las fábricas fueron cerrando, una tras otra. En las cuencas del Ter y del Llobregat hace muchos años que no queda ninguna colonia industrial activa. En aquellos días, las personas que dejaban la agricultura en comarcas como el Bages, Osona, el Ripollès o el Berguedà enseguida encontraban trabajo en la industria comarcal, cosa que no pasaba en los territorios de vocación estrictamente agraria, como la mayor parte de la España rural y también las comarcas agrarias catalanas. La gente tenía que emigrar, hablamos de aquello que antes llamaban éxodo rural, un fenómeno universal que siempre me ha interesado.

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