Jean-Luc Mélenchon (Tánger, 1951) se convirtió el pasado mes de julio en el jefe de la oposición al presidente Emmanuel Macron después de que la coalición que él mismo impulsaba, Nueva Unión Popular Ecologista y Social (Nupes), consiguiera ser la segunda fuerza política en las elecciones legislativas, con 142 diputados, por detrás de Ensemble (Juntos), la coalición presidencial (246 escaños). Una oposición que Mélenchon no podrá ejercer desde la Asamblea Nacional porque renunció a presentarse a diputado, cargo que ocupó desde 2017 presidiendo hasta el año pasado el grupo parlamentario de Francia Insumisa (FI).

El nuevo caudillo de la izquierda francesa está en política desde 1972, año en el que empezó a militar en el grupo trotskista Organización Comunista Internacional. En 1976 ingresó en el Partido Socialista (PS), con el que fue el senador más joven de Francia en 1986, concejal municipal y diputado provincial del departamento de Essonne, y ministro delegado de Formación Profesional (2000-2002) en el Gobierno de cohabitación de Lionel Jospin. Después de abandonar el PS, fue elegido eurodiputado por la coalición Frente de Izquierda (2009-2017), que integraba el Partido de Izquierda que él había fundado en 2008, y con la cual concurrió a las elecciones presidenciales de 2012. Cuatro años más tarde fundó el movimiento Francia Insumisa y se presentó a las presidenciales de 2017 (cuarto en la primera vuelta, con el 11,1 % de los votos) y de 2022 (tercero, con el 21,95 %).

Con tres abuelos de origen español (el paterno nacido en Murcia y el materno en Valencia) e hijo de un empleado de correos y una profesora de primaria, ambos franceses nacidos en Argelia, en 1962 abandonó Marruecos (Tánger era entonces zona internacional) y se trasladó a Francia. Se licenció en Filosofía y desempeñó diversos oficios, como corrector de imprenta y empleado de una relojería y de una gasolinera. También ejerció como profesor de instituto (1975-76).

Gran orador, con un carácter apasionado e incluso explosivo, se ha enfrentado muchas veces a los medios de comunicación, ha insultado a numerosos periodistas y ha sido acusado varias veces de antisemita. El 9 de diciembre de 2019 fue condenado a tres meses de prisión, sin cumplimiento, y a 8.000 euros de multa por enfrentarse a la policía el 16 de octubre de 2018, durante un registro de su domicilio y de la sede de FI en una investigación sobre la financiación del partido. «¡La República soy yo!», le espetó a un policía.

 

Del PS a la revolución bolivariana

Su evolución política va del trotskismo inicial (rama lambertista) al populismo de la revolución bolivariana y al anticapitalismo, pasando por la socialdemocracia. «El movimiento socialista tradicional está muerto ideológicamente. Se funda en un principio por el cual las reformas sustituyen a la revolución […] La democracia ha sido sustituida por los liberales en el mejor de los casos. Yo me he pasado al altermundialismo», explicó en El País (17-1-2017). «El reformismo duró hasta Lionel Jospin, después se acabó. El PS ha dejado de asumir el conflicto social […] La izquierda se ha hundido en todas partes. Pero en Francia los insumisos hemos levantado nuestro propio campo», declaró en la revista Ballast (15-1-2022). «La idea socialista es como la poesía, algo inmortal. Pero ¿qué queda de socialista en el partido de François Hollande? Nada», se había preguntado ya en noviembre de 2017, seis meses después de la renuncia del presidente socialista a optar a la reelección.

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En el programa para las presidenciales de 2017 proponía la adhesión de Francia al ALBA bolivariana fundada por Chávez y Fidel Castro.

En 2010, tan solo dos años después de salir del PS, se declaró «bolivariano» y seguidor de Hugo Chávez. «Lo que es una fuente de inspiración para mí es el chavismo, el proceso que los sudamericanos llaman bolivariano y nosotros revolución ciudadana», y asumió la definición de «populista». El concepto de «revolución ciudadana» procede del expresidente del Ecuador Rafael Correa, que, en su toma de posesión de 2007, la presentó como un «cambio radical» destinado a abandonar el neoliberalismo. En el programa para las presidenciales de 2017, Mélenchon proponía la adhesión de Francia al ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América), fundada por Chávez y Fidel Castro, iniciativa que provocó un gran revuelo hasta el punto de que tuvo que matizar que solo afectaría a los departamentos franceses del Caribe (Guayana, Guadalupe y Martinica).

Mélenchon se siente «cercano» a Podemos y considera al partido fundado por Pablo Iglesias «un precursor, abrió un nuevo ciclo, el de los partidos-movimiento, antes de volver a una forma partidaria», declaró en una entrevista con varios diarios europeos, entre ellos El País (11-11-2017). En otra entrevista concedida a los mismos diarios (11-5-2019), aseguró que la división entre derecha e izquierda había sido sustituida por la oposición entre «el pueblo y la oligarquía». Calificó de «situación insurreccional» la revuelta de los chalecos amarillos, a la que prestaba apoyo, precisando, sin embargo, que no es «partidario de las estrategias de lucha violenta» porque «aísla a quienes las utilizan y el poder lo sabe». A veces se compara a Mélenchon con Marine Le Pen por el populismo y porque se dirigen al mismo electorado, pero el líder insumiso discrepa de esta interpretación: «No nos podremos poner nunca de acuerdo con ellos por una razón fundamental: nosotros somos universalistas y ellos etnicistas.» «Lo que hacemos juntos es disputarnos el liderazgo político en los ambientes populares», reconoce.

 

Colectivismo y liderazgo

Más que «ecosocialista», término que reivindicó en 2014 en un homenaje a Jean Jaurès, el padre del socialismo francés y uno de sus referentes junto con Trotski, ahora prefiere definirse como «colectivista». «Hoy en día nos enfrentamos a una gran homogeneización social. Los liberales piensan que todos estamos conectados y rodeados por el mercado. De hecho, todos dependemos de las redes colectivas y esta dependencia instituye un nuevo actor social. Esta es la tesis central de lo que yo llamo la “era del pueblo”. El actor revolucionario de nuestro tiempo es el pueblo», explicó en Ballast (15-1-2022). A diferencia de la mayoría de la izquierda radical, que da prioridad a la horizontalidad, Mélenchon cree en el liderazgo, en el «papel democrático» del líder y en su función estratégica y progresista.

Para el líder de FI, «la nación es hoy el horizonte de la soberanía popular» y «la democracia tiene la posibilidad de ser ejercida masivamente inscrita en el Estado nación». Pero «la nación [en Francia] procede de la República, no al revés. Esto significa que ser francés no es una religión, un color de piel, ni siquiera un idioma». También defiende el papel del Estado como una «gran herramienta colectiva para la ejecución de las decisiones», aunque está «a favor de la extinción de esta forma particular del Estado. Y más aún del Estado construido por Macron: es la peor versión del Estado. Está atrofiado en las funciones soberanas y, más allá de esto, niega su especificidad al confiar la dirección de las administraciones centrales a ejecutivos del sector privado. Así que tomemos nota: Francia ya no es un Estado unitario desde el punto de vista de la organización de su administración».

En 2014, justificó la anexión de Crimea por parte de Rusia porque cree que es territorio ruso. «Claro que Crimea está perdida para la OTAN. Buena noticia.»

Anticapitalista, Mélenchon denunció en un mitin en Montpellier (13-2-2022) el sistema capitalista «parasitario» y fijó la ruptura en la exclusión del mercado de la educación y la sanidad. En la mencionada entrevista en Ballast, explicó que su programa titulado El futuro en común, 2022, «es un programa de transición. No propone la abolición de la propiedad privada, aunque rompe claramente con la sociedad del neoliberalismo. El resto no está escrito, pero abre claramente la posibilidad de una sociedad económica que se basa más en la propiedad colectiva que en la propiedad privada, más en la planificación que en el mercado, y que parte de las necesidades más que de la oferta».

 

Europa y Rusia

En plena gran recesión, el 5 de mayo de 2013, cargó en un mitin en París contra «la maldita troika» y la «vacía Comisión Europea» por imponer al pueblo «un sufrimiento innecesario que se parece al sadismo» para pagar «una deuda que nunca se pagará». «No queremos el mundo de las finanzas en el poder, no queremos las políticas de austeridad que hacen sufrir a los pueblos de Europa y llevan a todo el continente al desastre», dijo. Su antieuropeísmo venía de lejos. En una entrevista en Le Monde (23-10-2003), ya se había pronunciado por votar no al proyecto de Constitución europea porque, entre otras razones, «el principio de separación de poderes, que es una condición de base de la democracia, es radicalmente ignorado» y porque era «la venganza de los liberales contra los partidarios del Estado providencia». «Un voto masivo por el no en Francia provocaría una ruptura saludable», pronosticaba. El proyecto fue rechazado el 29 de mayo de 2005 por un 54 % de los votos.

El 30 de enero de 2022 declaró que «son los Estados Unidos de América los que están en una posición agresiva, no Rusia».

En las presidenciales de 2017, Mélenchon defendía seguir dentro de la Unión Europea a condición de que fuese «refundada» con una reforma de los tratados, idea que se expresaba en su programa con la consigna: «Europa, para los franceses, o se cambia o se abandona.» Cinco años más tarde, ante las presidenciales de 2022, la salida de la UE si no se reformaban los tratados fue sustituida por la desobediencia caso por caso. «La línea roja absoluta es la aplicación en todos los casos de nuestro programa. Utilizaremos, pues, la cláusula opt-out cuando los tratados sean contrarios a los compromisos del programa», declaró en Le Monde (18-1-2022). No es partidario de salir del euro, pero sí de la OTAN. «Quiero, primero, restablecer nuestra soberanía militar. Francia, que dispone de la disuasión nuclear, tiene que ser independiente y producir su propio armamento sin depender de las importaciones americanas […] Quiero una Francia no alineada, altermundista.» Añadía que Rusia tenía derecho a defenderse y que «la política antirusa no es de nuestro interés, es peligrosa y absurda».

En 2014, Mélenchon justificó la anexión de Crimea por parte de Rusia porque cree que es territorio ruso. «Claro que Crimea está perdida para la OTAN. Buena noticia», escribió. El 30 de enero de 2022, declaró en la televisión que «son los Estados Unidos de América los que están en una posición agresiva, no Rusia». Cuando Vladímir Putin invadió Ucrania, sin embargo, denunció «la agresión» y pidió la utilización de la vía «diplomática» y «un alto el fuego y una retirada de todas las tropas extranjeras de Ucrania».

La noche electoral de la segunda vuelta de las legislativas, el líder insumiso proclamó «la derrota total del partido presidencial».

La alianza entre toda la izquierda para las presidenciales de 2022 en la coalición Nupes se presentó «como una etapa esencial del desmantelamiento del presidencialismo», escribía Mélenchon en un artículo en Libération (26-5-2022), en la marcha hacia la VI República con una democracia más parlamentaria y participativa. Y la noche electoral de la segunda vuelta de las legislativas, el líder insumiso proclamó «la derrota total del partido presidencial» y la consecución de sus objetivos, pese a que no será primer ministro.