Licenciada y doctorada en historia en la UIB, Joana Maria Pujadas Mora (Binissalem, 1977) es profesora agregada en Estudios de Artes y Humanidades de la UOC e investigadora principal en el Centro de Estudios Demográficos (CED). Sus investigaciones sobre Mallorca y Barcelona la han convertido en un referente internacional en demografía histórica, como lo demuestra su reciente nombramiento como presidenta de la Asociación de Demografía Histórica hispanoportuguesa. Quizás no es ajena a este interés la particularidad de ser nieta e hija única y madre de un unigénito.

 

El lujo de tener dos maestras

Sobre todo es un lujo tenir a dos maestras pioneras en sus respectivos campos. La primera fue Isabel Moll (Capdepera, 1938), una rara avis que me mostró la importancia de la formación y de la proyección internacional, por mucho que mi punto de partida fuera Mallorca y el estudio de la mortalidad infantil en Palma entre 1838 y 1960 (2009). Me invitó a formarme como demógrafa y me empujó hacia Barcelona al CED; hacia el CSIC de Madrid donde coincido con quién será mi codirector de tesis, Diego Ramiro; hacia el Cambridge Group for the History of Population and Social Structure, que es un referente en demografía histórica e historia de la família; hacia el CEDAR de Umea en Suecia donde trabajaban cuestiones de mortalidad infantil de mi interés, y hacia los Estados Unidos, donde formé en estadística.

A la segunda maestra, Anna Cabré (Barcelona, 1943), llego a raíz de esta salida al mundo, al cursar el único itinerario de especialización en demografía en España ofrecido por el CED. De hecho, el 90% de los demógrafos españoles somos hijos de las diferentes ediciones de aquel posgrado, ahora convertido en máster. Pero mi vínculo es sobre todo después de la tesis, cuando me propone incorporarme como postdoc para solicitar una de las ayudas avanzadas (Advanced Grant) de la European Research Council y centrarnos en demografía histórica. La conseguimos y pudimos construir las grandes bases de datos con que he hecho buena parte de mi investigación.

 

Todavía está vigente el ‘sistema reproductivo catalán’, tal como lo enunció Anna Cabré?

Esta teoría pone encima la mesa cómo la fecundidad desciende en Cataluña antes de que lo haga la mortalidad y, por lo tanto, necesita la inmigración para sostenerse: desde el siglo XVII con los franceses hasta el presente con gente venida de todo el mundo, pasando por las oleadas interiores del resto de España durante el XX. Ahora bien, aquello que antes era característico de Cataluña, se ha generalizado en toda España, hasta el punto de ser clasificados internacionalmente como «low low fertility countries». Que se doble el adjetivo ya es bastante significativo.

Ahora bien, ante esta realidad, no se pueden admitir discursos contrarios a la inmigración. Recordamos, además, que hay una selección previa. Es decir, quienes migran suelen ser los más jóvenes y saludables, los mejor formados y con mayores posibilidades de éxito. La inmigración puede llegar a ser un recurso escaso y, como que los inmigrantes tienden a converger con los modelos de fecundidad del país de llegada, siempre hacen falta nuevas aportaciones. Hay que saber apreciar a los inmigrantes porque, además, y visto desde la perspectiva demográfica, la migración es una constante histórica, un elemento constitutivo del ser humano.

 

Mientras tanto somos 9.000 millones de personas

Hace muchos años que se amenaza con la supuesta bomba demográfica. En el fondo, el problema no es el número sino que no estamos repartidos como cierta gente querría. A veces, los políticos se olvidan de hablar de estas cuestiones de demografía con los especialistas. En cambio, no dudan en meteres en la cama de la gente, sea por el aborto, sea por el número de hijos… Y nos olvidamos de que la gente ha de tener derecho a hacer lo que quiera, a pesar de que a menudo solo hace aquello que puede. Según las encuestas de fecundidad, en España todo el mundo tendría muchos más hijos, pero cuando la tendencia a la maternidad tardía coincide con una crisis económica —y en los últimos años llevamos unas cuantas seguidas—, se rompe cualquier calendario. Valdría más que los políticos actuaran en este ámbito, ayudando a quien quiere tener hijos, favoreciendo la conciliación…

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Matrimonios, historia y Big Data

Cuando el aragonés Benedicto XIII —conocido como el Papa Luna— viene a casar en segundas nupcias a Martín el Humano todavía se estaba construyendo la catedral de Barcelona, y decide otorgar un impuesto sobre cada matrimonio para sufragar las obras y el mantenimiento. Cada matrimonio pagaba según su nivel socioeconómico y cada registro matrimonial se apuntaba como un asiento contable: desde los más elevados de la nobleza titulada hasta los librados gratuitamente —amore dei o gratis deo— a las clases más pobres.

Nuestra Barcelona Historical Marriage Database (BHMD) se nutre de este Llibre d’Esposalles del Archivo Capitular, donde se registran los matrimonios celebrados en la diócesis de Barcelona —250 parroquias en 1900— desde 1451 hasta 1905. Esta amplitud geográfica y cronológica nos permite rastrear los comportamientos demográficos pese a la movilidad —tanto de los que se quedan como de los que migran—, y nos brinda la posibilidad de estudiar el acontecimiento del matrimonio, la desigualdad socioeconómica o las élites en 600.000 casos a lo largo de cinco siglos. Todo ello nos permite poner sobre la mesa conclusiones con una base estadística muy relevante.

 

Matrimonios, historia y IA

Para construir estas bases de datos históricas y teniendo en cuenta su volumen, como en el caso de los padrones, decidimos recurrir a la tecnología, desde el crowdsourcing —a través de la participación voluntaria vía el juego— a la visión por computador. Es decir, estamos entrenando a una máquina a leer letra manuscrita, creando prototipos y abriendo camino. Sorprende tanto el uso de inteligencia artificial para construir estas bases de datos que recibe el mismo número de invitaciones para ir a explicar la investigación desarrollada que para ir a exponer la aplicación de estas tecnologías innovadoras.

 

Matrimonios, historia y mujer

El papel de la mujer en la sociedad mediterránea se ha revelado mucho menos subsidiario de como se había presentado tradicionalmente. Si tomamos las capitulaciones matrimoniales y no las leemos exclusivamente desde la perspectiva masculina, vemos cómo a veces son ellas quienes instituyen la dote, a menudo fruto de su propio trabajo, puesto que la baja esperanza de vida hace habitual haber perdido a los progenitores. Además, no hay que olvidar que la tradicional separación de bienes hacía que las mujeres pudieran heredar y no siempre se ha tenido en cuenta esta potencia económica y jurídica. Es decir, si buscamos la agencia femenina, la encontramos.

 

Matrimonios, historia y Sociedad

Hemos podido evidenciar cómo el matrimonio entre parientes no era tan importante en Cataluña, puesto que el sistema hereditario privilegiaba al heredero único y, por lo tanto, no interesaba subsumir patrimonio, sino separarlo. En vez de la consanguinidad, se optaba por la afinidad y así hemos rescatado la relevancia de los casamientos simultáneos entre hermanos y hermanas de dos familias, y de los matrimonios de progenitores viudos que a la vez casaban a sus descendentes solteros.

Con los padrones hemos reseguido las trayectorias laborales. A finales del siglo XIX, el reinado del hereu se había acabado y, mientras este quedaba atado a la tierra, la industrialización —una vez superados los primeros años de proletarización— favorecía claramente el enriquecimiento y el progreso de los hermanos segundos. No es casual aquel dicho de «Barcelona está hecha de cabalers» [hijo no constituido heredero que recibe su parte de la herencia en dinero o en bienes]. En paralelo, nos damos cuenta de cómo en la época preindustrial los hijos —aquí los datos solo se refieren a hombres— se asemejan mucho a los padres y heredan su trabajo. Pero, a partir del siglo XVIII, vemos cómo la emulación pasa a ser entre hermanos. Esto se debe, por un lado, a un fortalecimiento generalizado en toda Europa de los lazos horizontales frente a los verticales. Y, por otra parte, tenemos la industrialización: un nuevo modelo productivo que provoca un corte tecnológico generacional.

 

Mallorca como estudio de caso epidemiológico

Todavía somos de la generación que hacía el Diploma de Estudios Avanzados, previo a la tesis. En mi caso, lo dediqué a las cuatro grandes oleadas de cólera en la Europa del siglo XIX para entender cómo solo la de 1865 llegó a Mallorca. Acuñé así los conceptos de «epidemias visibles» —como el cólera de entonces o la covid-19 del XXI— e «invisibles» —los dispositivos preventivos contra las primeras. Años después, me encuentro viviendo como ciudadana una pandemia como las que había estudiado como investigadora, con unas medidas no farmacológicas para combatirla, sobre todo al principio, que eran exactamente las mismas que en el siglo XIX o incluso que las de la peste medieval.

Como historiadora, fue una oportunidad inesperada poder producir, a partir de mi investigación previa, conocimiento útil para entender el presente. Cada pandemia es diferente y las capacidades médicas y científicas de ahora son incomparables, pero algunas medidas ya se aplicaron con éxito en el pasado: los cierres y los cordones sanitarios para luchar contra el cólera, o la utilización de mascarillas para evitar la transmisión de la gripe de 1918. Sin hacer presentismo, hay aprendizajes del pasado que hay que preservar —como se hizo en la Mallorca del XIX— si no queremos cometer errores evitables. Somos de una generación a la que las epidemias precedentes le caían bien lejos, nacidos con calendarios de vacunación, convencidos de que la medicina todo lo podía, y de que ahora el peligro eran solo las enfermedades cardiovasculares, neurológicas… Estábamos equivocados. Como nos explica el investigador holandés Johan Mackenbach, las enfermedades infecciosas todavía son importantes, no son etapas superadas o limitadas a zonas pobres.

 

Mallorca ¿rica y llena?

El equipo de Carles Manera ha estudiado la modernización económica de las Islas Baleares, desmintiendo el paso directo del campo al turismo sin industrialización. Con la profesora Moll al frente, lo hemos complementado analizando esta modernidad desde el punto de vista demográfico y sanitario, porque ambos hechos van inevitablemente ligados. Con el mito de la isla de la calma habitada por pobres campesinos mal empezamos,  porque si atendemos a los datos descubrimos que Mallorca tenía, en el siglo XIX, la población más alta —señal de buena alimentación— y la mejor esperanza de vida de España: 42 contra 30-32, diez años de diferencia son muchos. Esto se debe a una mortalidad infantil baja, entre otras razones porque somos una tierra de pocas epidemias y no dudamos en encerrarnos cuando hace falta, en el pasado y en el presente, y esto —junto con una estructura por edades más joven— hizo que fuéramos uno de los territorios con menos defunciones durante la covid-19.

Mallorca siempre ha sido urbana. Los pueblos no han sido nunca pequeños. No hemos sido un paraíso con cuatro indígenas. Tenemos desde muy tempranamente una sociedad entrelazada, conectada con el exterior y polo de atracción por nuestra situación estratégica. No hemos sido una sociedad vacía, sino llena, puesto que el decalaje entre la caída de la mortalidad y, posteriormente, de la fecundidad —justo después de Cataluña y junto con el País Valenciano, somos los territorios más tempraneros en reducir sensiblemente el número de hijos— provocó un crecimiento importante de la población y una serie de oleadas migratorias hacia el norte de África y Latinoamérica. Por lo tanto, históricamente hemos sido plenos. Ahora, todavía más, a consecuencia de un modelo económico basado en salarios bajos y trabajo intensivo que reclama mucha mano de obra.

 

Un libro que la marcó…

Historia de la población europea de Massimo Livi Bacci (Crítica, 1999).

 

… y un libro para quien empieza

También Livi Bacci, quizás Historia mínima de la población mundial (Ariel, 2012). Nadie como él para darte una perspectiva global y general sobre qué es la historia de la población.